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jueves, junio 1, 2023

El país que no podía comprar

Por Rafael Gonzáles

Martha recibió una llamada a las 3 de la mañana, supo que no recibiría buenas noticias. Antes de levantar el teléfono se aseguró de que todos sus hijos estuvieran en casa: corrió cuarto a cuarto para contarlos. Estaban todos, suspiró aliviada. Al contestar escuchó una voz cortada por el llanto, que a duras penas reconoció como doña Leonila, la esposa de su hermano. “¡Martha, Martha!… El Jenner…”.

Había pensado en su hermano toda la semana antes de que supiese la noticia, reservando el fin de semana para llamarlo y saber cómo estaba. Jenner Pinchi se había contagiado por Covid-19 durante la primera ola en abril de 2020, aalvándose al ser trasladado desde el departamento de San Martín, su tierra natal, hasta Lima, a una cama de cuidados intensivos (UCI).

Recordaría con amargura los tres días de cola en las afueras del hospital donde una enfermera desprovista de tacto le diría mecánicamente: “No hay camas. Haga nuevamente la cola y espere su turno”. Así que no le quedó mayor remedio que pagar 6000 soles (1846 dólares) por un balón de oxígeno y un médico intensivista particular para que ayudara a Jenner, quien se recuperó milagrosamente en tiempo récord.

Sin embargo, desde su regreso a San Martín, Jenner padecería mucho en subir las escaleras y en encontrar una pose para dormir pues los músculos del cuerpo se le entumecían a cada rato. Además, la fatiga y la dificultad para respirar en ciertas ocasiones lo hizo sospechar de que el mal había vuelto. Pero no fue así. Se hizo dos pruebas de descarte, ambas negativas. Cuando comenzó el nuevo año pensó en el comienzo de nuevas oportunidades. A pesar de eso, la muerte lo esperaría el 27 de febrero del 2021. Sus pulmones no aguantaron.

El círculo de la muerte

Desde el 15 de enero de 2020 se ha repetido ese círculo miles de veces, a pesar de ser el primer país de Latinoamérica en decretar un estado de emergencia temprano. El encierro, que supuestamente duraría dos semanas, se extendió tres meses y medio, generando el colapso del sistema de salud público y el aumento de precios de medicamentos, suplementos médicos y atención en el sector de salud privado. Además, la destrucción de puestos de trabajos en un país donde cerca del 75% de la población se gana la vida trabajando fuera de sus casas explica la caída de 40% del PBI en abril, que a finales de año se traduciría en un 11,12%, la mayor recesión de los últimos 30 años.

La tasa de mortalidad

El 6 de marzo de 2020 se anunció el primer caso confirmado por coronavirus en el Perú, el piloto Luis Felipe Zevallos, quien luego de arribar a Lima el 26 de febrero desde Europa, había presentado los primeros síntomas después de tres días. Entonces, los centros de salud, nacionales y privados tenían precarios protocolos e información sobre la Covid-19. Y aunque diez días después el “paciente cero” fue dado de alta, el nuevo virus ya había hecho su propio viaje, avanzando a nueve regiones del país.

El Perú recibiría la noticia de su primer fallecido por coronavirus a tan solo dos semanas de su llegada. Ocurrió el 19 de marzo en el distrito de Miraflores, un varón de 78 años con antecedentes de hipertensión arterial. A quien se le sumarían la muerte de dos personas más, según el Ministerio de Salud (MINSA).

A finales de agosto de 2020 éramos el país con la mayor mortalidad del mundo por  Covid-19. A esa fecha se registraron 28 mil fallecidos por el virus que traducidos equivalía a una mortalidad de 85.8 muertes por cada 100 mil habitantes.

Al primer año de la pandemia en el país se han contagiado alrededor de 1 millón 380 mil personas y con mas de 48 mil muertos reconocidos oficialmente. Lo de “oficial” es confuso; según el Sistema Informático Nacional de Defunciones (SINADEF), habría más de 100 mil muertos por Covid-19, que estaría pendiente confirmar por el Minsa, considerando que, como es obvio, no todos los fallecidos lo son por el coronavirus. Aun así, se estima que los fallecidos por Covid-19 más que duplican las cifras oficiales.

Tabla comparativa de defunciones Covid-19 y defunciones totales

hasta Mayo 2020 hasta Agosto 2020 hasta Diciembre 2020 hasta Marzo 2021
MINSA 4506 28 788 37 680 48 323
SINADEF 50 514 136 065 192 070 253 638

Fuente: CSSE (JHU)REUNIS

Escasez de camas UCI

Cuando la pandemia llegó al Perú encontró a un país con apenas 100 camas UCI, muy poco preparado para el golpe. Durante la primera ola, la demanda de camas fue alta. En agosto de 2020, se ocuparon 14181 camas “normales”, siendo el problema principal la falta de ventilación mecánica. Actualmente, el país cuenta con 2314 camas UCI, de las cuales el 94.7% están ocupadas, resultando insuficientes ante la llegada de la segunda ola y la amenaza de las nuevas variantes, la británica, la sudafricana y la brasileña.

Según recomendaciones de la OMS, cada país debería contar en circunstancias normales con 10 camas UCI por cada 100 mil habitantes. Y el mínimo aceptable, según la Sociedad Peruana de Medicina Intensiva, son 6 camas UCI. Actualmente, con los datos oficiales del Minsa, Perú llegaría a 7.1 camas UCI por cada 100 mil habitantes, superando apenas el mínimo recomendable para tiempos normales.

Según la Defensoría del Pueblo, el número de camas UCI llegaría a tan solo 1584 en todo el territorio, y ocupadas el 97,8%. Con ello, el número de camas UCI por cada 100 mil habitantes se reduce a  4.9, teniendo al Perú al límite de su capacidad de casos graves por Covid-19.

Falta de oxígeno 

La alternativa que encontró la población ante la falta de camas UCI y establecimientos de salud fue resguardarse en sus casas. Sin espacio en los hospitales, los enfermos se curaban en sus domicilios lo cual disparó el consumo de oxígeno medicinal, pero con un aumento espantoso de precios de 1000 hasta 6000 soles.

Uno de los principales motivos del alza de precios es la concentración de mercados al no existir mayor diversidad de empresas. En el contexto nacional, Linde (Alemania) y Air products (Estados Unidos) controlan la oferta de oxígeno. Y de acuerdo a un informe de Indecopi, las empresas Praxair Perú S.R.L. y Linde Gas Perú S.A., al ser solo dos (oligopolio) no habrían permitido una competencia real de precios. Por ello, en junio de 2020, la Corte Suprema ratificó en última instancia una sanción impuesta por Indecopi.

Los sobreprecios de oxígeno siguen vigentes. La Superintendencia Nacional de Salud (SUSALUD) ha supervisado casos pero sin dictar sanciones a los abusos del sector privado en la pandemia. Por otro lado, según el sociólogo Francisco Durand en entrevista con Salud con Lupa, “la razón por la que CONFIEP no ha reclamado mucho por la ley antimonopolio es que ya están ‘oligopolizados’ y pueden confiar en que ellos penetran, capturan, influencian y presionan al Estado desde afuera si no tienen los contactos adentro.”

El sistema de salud colapsó también porque el Estado ha dejó que el sector privado se hiciese cargo de aspectos cruciales de la salud como un negocio dejando de lado las regulaciones, y renunciando a la eficacia en las compras. El problema de la logística, la escasez de cilindros, la burocracia y la lentitud de las gestiones, hicieron posible que un país que está dentro del “pulmón del mundo”, la Amazonía, se quedara sin oxígeno para sus habitantes.

Según recomendaciones de la OMS, a los niños se les puede suministrar dosis bajas de 1-2L por minuto. Mientras que a los adultos a partir de 5L/min y llegar hasta 15L/min, aunque cada caso es independiente y necesita ser guiado por un médico o personal especializado. Según SUSALUD nuestro país produce 800 mil litros de metros cúbicos al día, apenas el 24% necesario en un escenario crítico.

Vacunas

El 30 de agosto de 2020 se dio el inicio de inscripción para el primer grupo de voluntarios en probar las vacunas experimentales de Sinopharm (China) en Perú. El programa estuvo a cargo de la Universidad Peruana Cayetano Heredia y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

En noviembre de 2020, los laboratorios Pfizer y BioNTech informan que su vacuna tiene más de 90% de eficacia entre los participantes, y el mundo inicia la carrera de negociaciones. Sin embargo, el gigante Pfizer entabló con el Perú unas prolongadas negociaciones durante casi seis meses en donde incluyeron eximirse de responsabilidad ante eventuales efectos adversos y demora en la entrega de los lotes, según un reportaje  liderado por el Bureau of Investigative Journalism en colaboración con Ojo Público.

El presidente Francisco Sagasti anunció que el primer lote de vacunas llegaría en enero, pero tras una serie de inspecciones en China, el vuelo con las vacunas aterrizó finalmente en febrero. La primera persona en vacunarse fue el doctor Josef Vallejos, jefe de la unidad de cuidados intensivos (UCI) del Hospital Nacional Arzobispo Loayza, el martes 9 de febrero de 2021. O eso creímos…

En realidad el primer vacunado fue el consultor Armando Gonzales Zariquiey, responsable del Laboratorio de Epidemiología y Economía Veterinaria de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad Mayor de San Marcos, el 9 de septiembre de 2020. Eso solo se sabría a raíz de un destape de Willax TV y el periodista Carlos Paredes que reveló que el expresidente Martín Vizcarra habría sido parte de una lista de 487 peruanos vacunados en secreto gracias a un lote de 1600 dosis completas llegadas a Perú para inmunizar a los investigadores que participaban en el ensayo clínico de Sinopharm.

A este hecho se le llama Vacunagate, un descubrimiento escandaloso que dejaría en evidencia cómo se usan puestos de poder para beneficio personal. Un presidente, su esposa y hermano; ministros; rectores de universidad; diplomáticos; el gerente comercial de un laboratorio, entre otros. El caso más irónico y desalentador fue el de la entonces ministra de Salud, Pilar Mazzetti, quien se vacunó mucho antes y mintió al país diciendo que sería la última en hacerlo en su sector.

Según el MINSA, las vacunaciones se harán por fases siendo el personal de salud de la primera línea los primeros en ser vacunados. Sin embargo, hubo problemas en los padrones porque el MINSA de Mazzetti no respetó las listas enviadas por EsSalud y las FFAA y PNP.

Según el epidemiólogo Mateo Prochazka, es necesario entender el programa de vacunaciones en relación al concepto de “generaciones”. Siendo las vacunas desarrolladas por Pfizer, AstraZeneca, Sinopharm, entre otras, diseñadas para controlar las variantes de Covid-19 durante el 2020. A ello se debe la posibilidad de revacunación en el futuro por dos razones. La primera porque la inmunidad protectora por las vacunas actuales pueden tener duración limitada. Y la segunda porque las nuevas variantes del virus pueden tener “escape inmunológico” y ser resistentes a las vacunas.

Las pruebas 

Al inicio de la pandemia, marzo de 2020, Perú inició la compra masiva de pruebas de detección del virus. Sin embargo, la apuesta por las pruebas baratas fueron criticadas. Las pruebas serológicas o pruebas rápidas dependen en gran medida de rápidos anticuerpos para diagnosticar los contagios, algo para lo que los tests no están diseñados. Es decir, las pruebas rápidas no aseguran si alguien está contagiado, pues no detectan el virus mismo. Los resultados han creado mucha confusión y se volvió un objeto de lucro la venta de pruebas rápidas.

En cambio, las pruebas moleculares pese a tardar más tiempo en comprobarse, tienen mayor seguridad de diagnóstico. Según el reporte virtual del Centro Nacional de Salud Pública, en mayo de 2020, el Perú llegó a procesar más de 30 mil pruebas moleculares por semana; y en diciembre, tenía la capacidad de procesar 55 mil. Según la Sala Situacional del Minsa, en un año se han realizado 855037 pruebas rápidas y 402 686 pruebas PCR. Y de casi 8 milloes de muestras hay 1 millón 386 mil 234 casos positivos.

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