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viernes, mayo 17, 2024

Desterruquear a la izquierda

COLUMNA: LOS MEDIOS Y LOS FINES

Finalmente ganó la izquierda. Lo que muchos grandes, y no tan grandes, líderes históricos de la izquierda peruana soñaron, un profesor rural, llamado Pedro Castillo, lo logró. No tuvieron la capacidad de gestar esto, personajes tan emblemáticos como Alfonso Barrantes, Jorge del Prado, Henry Pease o Javier Diez Canseco, así como muchos otros; pues, en su tiempo político, la dinámica de la discusión intra muros de la izquierda, a la que con toda seguridad también contribuyeron con otros ─y que desde este lejano tiempo todavía continúan liderando algunas agrupaciones de izquierda─, oscilaba entre la falsa dicotomía de una pretendida contraposición de si era prioritario alcanzar el poder o el gobierno (Navarro, 2019).

Así, los que dirigían su mirada a lo primero antes que a lo segundo se autoproclamaron como revolucionarios, por eso portadores de la verdad (Casullo, 2007). Los que señalaban el camino inverso eran tildados de reformistas, por eso falsos marxistas, y, por lo tanto, solo considerados compañeros de ruta en la lucha por la transformación social (Navarro, 2019). Esta fue la empobrecida, limitada y mezquina conclusión a la que llegaron. Y los que negaban cualquiera de las dos prioridades anteriormente señaladas, ni siquiera eran escuchados. En los hechos, la cuestión de la hegemonía cultural y política era solo para pretensiosos intelectuales supuestamente alejados de la praxis. No había que discutir nada más, la acción lo determinaba todo.

En el contexto actual, nuestras izquierdas parecen haber superado este, considerado ahora, infértil debate; pero no por haber desarrollado un esclarecimiento ideológico al respecto, sino por simple practicidad. Ya no hay contradicciones sobre el tema, la cuestión del gobierno venció definitivamente y el método electoral es hoy su mejor compañero. Las cosas están claras. En esto, nuestras izquierdas se han insertado sin miramientos en el nuevo esquema que el sistema de dominación moderno capitalista ha impuesto en el mundo político ─paradójicamente de manera hegemónica. Y no es que este salto sea equivocado necesariamente; no es el terreno donde pretendo ingresar. Sino, lo que llama la atención es la ausencia de una discusión que haya mirado más allá de uno de estos dos polos, poder y gobierno, como si la política se redujera a esta contrapuesta dualidad y una debía sobreponerse sobre la otra.

Sin embargo, por una serie de cuestiones que tienen relación directa con esta vieja disputa, y al no quedar claro en el imaginario popular, es que, a pesar de su triunfo electoral, la izquierda peruana, en cualquiera de sus versiones, es pensada necesariamente como identidad intrínseca al comunismo y/o terrorismo. Para la gente común, no hay distinciones que valgan, ambas resultan ser lo mismo. Y en esta elección, ha sido casi la mitad de nuestra población quienes están convencidos de que semejante criterio es correcto.

Por ello, esto es a mi entender, el primer gran problema de la izquierda peruana y el mayor obstáculo que debe superar Pedro Castillo, su entorno y las izquierdas que se inspiran y se sostienen realmente sobre valores democráticos, para de esta manera constituir no solamente un gobierno eficaz y eficiente que rescate al país de la situación en la que se encuentra, sino, sobre todo, crear una hegemonía política que reconstruya, de cara al tercer centenario de nuestra precaria república, las relaciones políticas y humanas en nuestro país. Eso no se trata solo de poder o gobierno. Es mucho más que eso.

Pero, como sabemos, el terruqueo no es un asunto nuevo ni solo atribuido al socialismo (Navarro, Pata Amarrilla, 3 de junio de 2021); con las izquierdas del siglo pasado también sucedió lo mismo. En los años ochenta, por un lado, se encontraban quienes discursivamente no se distinguían de la predica terrorista, por eso es que las derechas y las clases dominantes tuvieron la ocasión de calumniar y desprestigiar a todas las agrupaciones políticas de izquierda, sin separar unas de otras. Dicho de otra manera, este fue el momento de enraizamiento del terruqueo entre los peruanos, pero no solo por acción y virtud de la derecha, sino por la propia irresponsabilidad de un sector de la izquierda que no zanjó clara o tuvo la capacidad de diferenciarse del terrorismo (CVR, 2003; Navarro, 2019). Y, por otro lado, también existió la otra posición, la de los socialistas que desde el principio se apartaron de ese oscuro relato, ya que sin ningún subterfugio condenaron principistamente sus actos (Navarro, 2019). A estos, evidentemente las derechas y sus medios de comunicación, por su propia conveniencia, los han desaparecido de su predica y condena. Esos han sido invisibilizados y olvidados. Sin embargo, a pesar de todo lo sostenido, en todo este confuso tema, no es indispensable que las derechas y los grupos dominantes dejen de pensar y actuar de acuerdo a como sus intereses lo demandan. El problema no está en ellos. Lo complejo aquí, es que esto es creído por una significativa cantidad de la población, y desafortunadamente la propia izquierda, como hemos visto, ha sido y sigue siendo la responsable.

¿Las izquierdas que han vencido hoy, se han alejado del mencionado discurso? Una vez más, parece que unos sí y otros no. La izquierda que rodea al presidente Castillo es diversa respecto a este delicado asunto, están las tendencias moderadas y realistas en una situación tan difícil como por la que atravesamos con la pandemia, la crisis de empleo y reactivación económica. Lo objetivos pueden ser supremos y nobles, pero solo se los podrán alcanzar dependiendo del apoyo y la confianza popular. Si el pueblo no confía y más bien teme, ¿qué podría esperarse del nuevo gobierno? El triunfo electoral no significa necesariamente que el pueblo vaya a estar siempre de parte de los vencedores. Esto dependerá del desempeño de los actores, de las motivaciones y comportamientos de muestren. El poder y el gobierno se pueden tener, pero este cae en la formalidad inocua si no tiene corazón de pueblo.

Pero, además, se encuentran las tendencias que no deben ser calificadas como radicales, sino como extremistas; pues, debido a los sinuosos vínculos en los que se encuentran enredados, son potencialmente peligrosas para el nuevo gobierno y el futuro del socialismo en el Perú. Muchos de estos últimos, no han dejado de lado sus viejos esquemas acerca del poder y del gobierno, alejados totalmente del convencimiento de que es el pueblo quien determinará su porvenir y no un partido que se asume su vanguardia ─y peor aún, la de solo el proletariado. Ese es el fundamento de por qué es tarea principal desde el socialismo, la creación y no la copia de una política nueva. Es una oportunidad para la construcción de una nueva hegemonía donde nos encontremos todos, con y desde lo popular. Para alcanzar las metas trazadas, no solo los fines deben ser nobles, sino así también los medios. Siempre insistiré sobre ello.

Referencias

Casullo, N. (2007). Las cuestiones. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Navarro Gonzales, M. (2019). La unidad de las izquierdas, una Torre de Babel. Hegemonismo y razón instrumental en la desintegración de Izquierda Unida (1980-1989). Lima: Universidad de Ciencias y Humanidades, Fondo Editorial.

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