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domingo, octubre 17, 2021

EL CAMBIO Y LA RESISTENCIA PARLAMENTARIA 

Quién diría que al paso de los años, ese equilibrio de poderes, que buscaba Montesquieu a través de una separación de funciones encarnada en la teoría clásica de la división de poderes, se convertiría en una balanza inclinada en función de las circunstancias políticas y de los gustos y sabores de determinados liderazgos.

Y es que no se entiende que las funciones asignadas en la Constitución a los distintos poderes del Estado no son para dividir sino para compartir roles en su conducción. Y en ese compartir hay que establecer mecanismos de colaboración entre uno y otro sin que eso implique invadir competencias.

Montesquieu pensaba acertadamente “todo hombre que tiene poder se ve impulsado a abusar de él, y llega hasta donde encuentra límites”, de ahí que resulte necesario que sea el poder quien detenga al poder. Pero no para ponerle obstáculos circunstanciales, ni producto de rivalidades o rencores políticos, sino para evitar que se extralimite en el uso del mismo.

En este marco, cabe analizar la importante propuesta presidencial de Nueva Constitución. Propuesta que no ha sido recibida con aprecio en las bancadas de derecha y extrema derecha, pues a su entender la actual Constitución debe permanecer en el tiempo.

Y ahí es donde calza el análisis de dos presupuestos uno el que trae consigo la teoría de Montesquieu de la división y contrapesos de poderes y otro el del imperativo de la realidad.

La Constitución de 1993 nace en el seno de un Congreso Constituyente que además de elaborarla también, legislaba. Es decir el símil de lo que hace y puede hacer el actual Congreso y que está claramente expuesto en el artículo 206 de la Constitución. Recordemos que el llamado CCD (Congreso Constituyente Democrático) es resultado del autogolpe de 1992 del señor Fujimori, y sus representantes fueron en número mayoritario del partido naranja. Así que no es de extrañar que la nueva Constitución redactada por ellos refleje en su articulado su visión del poder y de la política económica y social del Estado. Siendo esto así, no es para nada inusual que sus actuales representantes y quienes fueron beneficiados por una regulación de mercado y de “confusión de poderes” la defiendan en su totalidad y con obsesión casi enfermiza.

La Constitución actual debe ser cambiada, de eso no hay duda. Parcialmente dicen algunos, yo creo que en su “totalidad”. Y aquí cabe recordar una vez más que, aunque parezca burdo el ejemplo, la Constitución es como un rompecabezas de muchas piezas (que son los artículos), si mueves o cambias una, las otras ya no encajan de la misma forma. Porque está integrada. Porque cuando se interpreta no puede hacerse sin mirar el conjunto. Ejemplos los tenemos.

Los hechos próximos pasados, han demostrado la fragilidad de la institución presidencial, al haberse utilizado la vacancia erróneamente como un mecanismo de control, cuando no fue sino un uso abusivo del poder. Eso hay que corregirlo? Claro, hay que precisarlo, como hay que incorporar un nuevo mecanismo de elección de magistrados del Tribunal Constitucional, del Defensor del Pueblo, del Contralor, de los directores del BCR. La realidad nos está imponiendo nuevos límites al poder, pues este ya los ha rebasado.

El Presidente Castillo ha expresado en su mensaje presidencial cuál sería la fórmula para alcanzar una Nueva Constitución, y esta es similar a la Chilena, a través de una Asamblea Constituyente previa reforma Constitucional que le dé viabilidad legal. Comparto que es la forma correcta en estricto respeto a la normativa existente. Sin embargo, la resistencia parlamentaria será el principal muro, ya lo anunció la ex candidata presidencial del fujimorismo y lo han expresado con Constitución en manos y vítores sus parlamentarios. Pero hay fuerzas políticas en cuya coherencia y su capacidad de dialogar y escuchar se puede confiar.

Es importante que se entienda que muchas de los anuncios presidenciales de 28 de julio solo podrán ver la luz si existe el marco constitucional adecuado para ello. En otras palabras sin nueva Constitución, el cambio que se promete y que genera expectativas compartidas no podrá del todo realizarse.

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