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viernes, mayo 17, 2024

Descolonizar el Perú

La última semana se vieron en nuestro país las situaciones más ridículas y vergonzosas de parte de nuestros queridos padres de la patria; mencionemos en particular al ponderado congresista Alejandro Cavero, y a sus expresiones acerca de la palabra descolonización y su origen “marxista”, y continuemos con la siempre regia y adecuada presidenta del Congreso, María del Carmen Alva, con sus vergonzosos racismo y clasismo del último 26 de agosto, al pedir que el discurso del premier Bellido fuese traducido por su atrevimiento de haberlo declamado en quechua, el idioma de más de 4 millones de personas en nuestro país.

Este párrafo inicial, además de expresar mi profunda decepción por un país que es capaz de elegir a tal calaña de gente reaccionaria e ignorante, también expresa mi preocupación por el rumbo al que nos dirigimos, por lo que queremos para él; hace años hablamos de descolonizar la salud, de integración e inclusión, pero: ¿sabemos exactamente que implican estas palabras? ¿Lo sabemos realmente? ¿O las repetimos cual cacatúas entrenadas para dar más interés a un discurso vacío y sin sentido real?

La descolonización como tal ha pasado de ser una palabra acuñada después de la segunda guerra mundial refiriéndose en estricto a los problemas de colonias europeas en África y Asia, a ser un vocablo que engloba problemas estructurales, en salud, educación, economía, etc. Es decir, un asunto en sí mismo que implica un cambio radical de nuestra manera de ver el mundo, un proceso cultural, sanitario y educativo que pretende cambiarlo todo y arrasar con el pasado; un proceso que considero necesario y urgente en el que la pandemia ha jugado un papel importantísimo.

En el Perú, por ejemplo, el proceso descolonizador es inexorable, debe darse en todos los estamentos, desde la salud hasta la educación. Y es, claro, un cambio radical que muchos resisten, pues implica acciones como el reconocimiento de derechos a comunidades indígenas asentadas zonas extractivas, el cambio de paradigma del sistema de salud actualmente enfocado en la biomedicina curativa hacia la medicina preventiva, para que comience a tomar en cuenta la ciencia ancestral de nuestros antepasados, así como una verdadera inclusión de mujeres y grupos LGTBQ+.

Este es un cambio que pretende considerar a los marginados por su idioma, raza o ubicación geográfica, actualmente apartados del sistema de salud, tal vez el mayor ejemplo de colonialismo y racismo en nuestro país. Una de las razones principales de la brecha abierta entre el sistema de salud y la población, y sobre todo con los peruanos y peruanas alejados de las zonas urbanas, que se curan con saberes ancestrales, que no se atienden en la posta porque es inaccesible, está vacía o no tiene personal especializado a cargo -o si lo tiene no es confiable para los habitantes de la localidad en que se ubica- es que quienes están a cargo no conocen el idioma que se habla o no conocen y respetan sus costumbres.

La descolonización implica ante todo sentirnos orgullosos de quienes somos, de nuestros antepasados, de nuestra ciencia, de nuestros saberes; significa que podamos atender a las poblaciones olvidadas con verdadera inclusión, significa entender que se trata de ninguna conspiración marxista mundial, si no únicamente de una consecuencia del abandono sistemático de gran parte del país por las élites gobernantes por más de 50 años. Tristemente, el único atisbo de descolonización en el Perú, fue el intento promovido por el gobierno de Velasco; y es triste porque sabemos que las dictaduras siempre son inestables, y ese proceso estaba condenado a no poder ser terminado. Sin embargo, pienso que esa fue la primera semilla de reconocimiento a una población marginada de TODO: de la educación, de la salud, hasta del idioma; pero después de 50 años, aparece nuevamente una luz de esperanza, no solo en el Perú sino en todo el planeta. El proceso descolonizador ha comenzado, y el cambio se ha hecho inevitable.

A los que se asustan y a los que lo promueven les dejaré un cierre musical, una composición de Rubén Blades, uno de los artistas que fue parte de Fania All Stars, que habla justamente de este proceso descolonizador, tan vigente hoy como hace casi cincuenta años.

Era una ciudad de plástico, de esas que no quiero ver
De edificios cancerosos y un corazón de oropel
Donde en vez de un sol amanece un dólar
Donde nadie ríe donde nadie llora
Con gente de rostros de poliéster
Que escuchan sin oír y miran sin ver
Gente que vendió por comodidad
Su razón de ser y su libertad

Oye latino oye hermano oye amigo
Nunca vendas tu destino por el oro ni la comodidad
Nunca descanses pues nos falta andar bastante
Vamos todos adelante para juntos terminar
Con la ignorancia que nos trae sugestionados
Con modelos importados que no son la solución

No te dejes confundir
Busca el fondo y su razón
Recuerda se ven las caras
Pero nunca el corazón
No te dejes confundir
Busca el fondo y su razón
Recuerda se ven las caras
Y jamás el corazón
Recuerda se ven las caras
Y jamás el corazón

Y así seguiremos unidos y al final venceremos
Se ven las caras, se ven las caras, vaya, pero nunca el corazón
Pero señoras y señores, en medio del plástico
También se ven las caras de esperanza
Se ven las caras que trabajan
por una Latinoamérica unida
y por un mañana de esperanza y de libertad.

Rubén Blades / Fania All Stars

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