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viernes, mayo 17, 2024

ABIMAEL GUZMÁN Y EL ROL POLÍTICO DE LA UNIVERSIDAD PERUANA

Con esta distancia de décadas respecto del conflicto armado que azotó al país entre 1980 y 1992, espero que para nadie sea un descubrimiento afirmar que Abimael Guzmán Reynoso fue el principal responsable de esa infausta época que dejó como saldo casi 70,000 peruanos muertos y más de 9,000 millones de soles en pérdidas materiales. Como esto no debe ser una novedad, prefiero dirigir mi reflexión hacia otro aspecto cultural en el que creo la figura de Guzmán Reynoso fue también nefasta. Lo lamentable de este otro aspecto es que le perjuicio es todavía latente. Me refiero a la autodeterminación del compromiso político por parte de la universidad peruana.

Hace unos días, un alumno en clase me preguntó qué pensaba yo sobre la participación política de los jóvenes. Pero no fue tan simple su pregunta. Añadió un comentario de Aristóteles quien señalaba que los jóvenes no debían participar en política por ser demasiado apasionados. Mi respuesta fue que la pasión en las ideas que los jóvenes suelen desarrollar no es mala en sí misma. De hecho, muchos grandes filósofos en la historia fueron reconocidos por sus ideas juveniles que después fueron mesurando con la llegada de la adultez. Pero lo que ha marcado el debate de ideas no son esas ideas sobrias de cuando adultos, sino esas posturas radicales juveniles. Por eso es importante ese radicalismo en las ideas que los jóvenes saben desarrollar: enriquece el espectro del debate A esto hay que añadirle el compromiso político que suele acompañar ese radicalismo de ideas. En mi opinión, la universidad debe ser ese espacio de debate de ideas y motor del compromiso político. El debate democrático es formativo, crea la consciencia del respeto, la falibilidad y el trabajo colaborativo.

Mas, la pregunta del alumno me hizo pensar en una muy extendida situación de la universidad peruana: el desinterés político, la poca apertura a la confrontación de ideas y la estigmatización. La salida más fácil, para evitar la discusión, es el etiquetado o, incluso, la censura: ‘tú eres marxista’, ‘tú eres liberal’, ‘tú eres cristiano’, ‘tú eres de izquierda’, etc. El etiquetado fácil y la estigmatización de algunas ideas nos han llevado a la perniciosa situación de universitarios individualistas que piensan que el compromiso político hizo mucho daño a la vida universitaria de sus padres.

Ignoro si Guzmán Reynoso llegó a ser consciente de la situación en la que hoy se encuentra el espíritu universitario en el Perú. Hasta donde sabemos no hubo autocrítica de parte suya, así que lo más probable es que tampoco haya logrado ser consciente de en qué medida su pase de las ideas a las armas ha sido un catalizador para este espíritu de aletargamiento universitario. Como fuerza de reacción, la conciencia social post-conflicto armado rehuyó a los radicalismos y promovió la pasividad. Si antes de fallecer la habría llegado el momento autocrítico, se habría dado cuenta de cómo sus luchas por una mayor concientización devinieron en una perniciosa actitud de inercia.

Ranulfo Cavero en una muy bien informada investigación, Los senderos de destrucción. Ayacucho y su universidad (Huamanga, 2012), muestra la gran expectativa que causó en la población ayacuchana la reapertura de la Universidad San Cristóbal de Huamanga hecho que sucedió en 1959. Los estudios universitarios significaban el mejor medio de superación social para los jóvenes de la clase media y para los hijos de campesinos de Ayacucho y regiones cercanas. Además, había una conciencia de modernización de los estudios incluyendo especialidades como antropología o ingeniería rural, trayendo especialistas en diferentes áreas de estudio, y fomentando discursos como el de Derechos Humanos. En ese espíritu universitario, llega Guzmán Reynoso a la UNSCH el año 1962, y dos años después asume la dirección de los Estudios Generales. En dos décadas, sus ideas se radicalizan y pasa del compromiso político al uso de las armas y al despliegue de la acción terrorista.

De todo esto, la conclusión que se siguió es que las ideas radicales devienen en el uso de las armas o que la politización de la universidad genera retraso en los estudios y paralizaciones. O incluso que algunas ideas son más perjudiciales que otras y así algún periodista despistado pregunta a un dirigente estudiantil si es marxista como si ese agregado explicara algo por sí mismo. El compromiso político universitario ha disminuido hasta niveles magros, salvo en contadas universidades y en escasas excepciones. El individualismo y la mercantilización dominan el espíritu universitario de la época y los nefastos años 80s son denigrados con todo lo que allí venía.

Jürgen Habermas, quien no duda en afirmar su herencia marxista, reclama para el futuro de la democracia un modelo deliberativo. Este se entiende como la construcción de una opinión pública a partir de las instituciones de la sociedad civil y, por supuesto, allí juega un rol clave la universidad. Si esa opinión pública se consolida e institucionaliza, y las universidades allí son especialmente significativas, dará como resultado una agenda política que responda a los reales intereses de la sociedad y no a los escándalos políticos. Realmente la democracia requiere de todas sus instituciones: partidos políticos, Iglesia, gremios profesionales, etc. Si no se consolida esa opinión pública la democracia se vuelve una mera tiranía de la mayoría. Las ideas, el debate y el compromiso en experiencias de voluntariado son claves en la vida universitaria para que estas se vuelvan realmente un espacio de deliberación y formación de opinión pública. Que las ideas vuelvan al debate sin miedo a la estigmatización, sin la prejuiciosa censura, con la pasión juvenil y solo dominados por la racionalidad del mejor argumento. Ese es el verdadero futuro de la democracia que podremos alcanzar cuando nos reconciliemos con nuestro pasado, con conciencia y autocrítica, y no generalizando los errores de unos individuos.

3 Comentarios

  1. Muy buen artículo. Concuerdo con usted, los jóvenes apasionados por la política pueden llegar a madurar y así ir consolidando aquella pasión. Sin embargo, creo que se tendría también que reincorporar la filosofía a la malla curricular en EBR, curso que irá despertando ese ínteres x los debates de buenos argumentos y con tópicos necesarios para comprender no solo a nuestra sociedad, sino tambien a uno como ser que forma parte de la sociedad. Y así, esa estigmatización no tendrá lugar protagónico, ni en las aulas y mucho menos fuera de ellas (periodismo).

  2. Para reflexionar y que nosotros mismos empecemos por el cambio y que las universidades se vean en la necesidad de implementar a mayor grado este tipo de cursos o talleres que incentiven un mejor debate, con ello borrar estos estereotipos que se crean con el pasar de los años. Buen articulo.

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