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viernes, febrero 3, 2023

Han sido días intensos

Este fin de semana me hicieron una entrevista muy interesante, acerca de muchas de las medidas que había implementado el Ministerio de Salud durante estos casi dos años de pandemia; además, en el curso de Parallel Plagues que dicta la Universidad Peruana Cayetano Heredia junto con la Universidad de Pensilvania, se discutió durante la semana pasada acerca de las medidas que habían llegado a convertirse en política publica en la lucha contra el COVID-19.

Así que me di cuenta de que existen grandes complejidades en el manejo de la pandemia, que me hacen entender que la situación es más intrincada de lo que pensamos.

 

En un estudio multicéntrico reciente (1) se encontró que la población tiende a acatar más las políticas publicas destinadas a la lucha contra el COVID-19 cuando la confianza en sus autoridades es alta; esto puede ser comprobado en países como Noruega y Dinamarca, donde la fuerte adherencia a las medidas no farmacéuticas para disminuir la trasmisión están asociadas a la confianza en los políticos que están a la cabeza de las mismas.

¿Por qué hago esta referencia? Porque en el marco de la lucha contra la pandemia, las idas y venidas en las políticas publicas implementadas por el ejecutivo en nuestro país, llevadas a cabo por el MINSA, siempre han estado en el ojo de la tormenta.

 

Si bien ningún gobierno en el planeta estaba preparado para luchar contra las proporciones que ha tenido esta emergencia, aún con la tecnología y el “avance social” que los humanos hemos logrado hasta ahora, creo que todos los gobernantes -excepto por ciertas y claras excepciones como Trump o Bolsonaro- hicieron lo mejor que pudieron, aun con las pocas herramientas científicas y logísticas disponibles en ese momento. Y, aunque sabemos que las políticas públicas que se han implementado, en muchos de los casos sin fundamento científico, se siguieron debido a que fueron las que sirvieron para enfrentar enfermedades parecidas o similares en características al SARS-Cov-2 -como el SARS y el MERS-, también sabemos que debimos tener la precaución de decirle a la población que estas medidas no estaban completamente basadas en evidencia científica, pero eran la mejor alternativa con el tiempo en contra.

Así, la situación se hace mucho más compleja cuando se involucran además la logística y las constricciones del sistema de salud (corrupción, paternalismo, brechas sociales o económicas y otras).

 

Debemos tener en cuenta todos los eventos ocurridos desde marzo del 2020 hasta el día de hoy, que ocurrieron en un ambiente de extrema politización; las medidas o políticas han sido usadas como arma de ataque y contrataque no solo en Perú, sino en casi toda Latinoamérica: por supuesto, una pésima combinación con un ambiente de zozobra ante lo desconocido del virus.

 

Medidas insulsas con reglas aún más insulsas, en las que al parecer la diferencia entre contagiarse o no es pararte o sentarte en una mesa de un restaurante al aire libre; o el uso de mascarillas en exteriores, algo que me parece tanto o más absurdo con el conocimiento científico actual de la dinámica de trasmisión del virus, como mantener el uso del protector facial en el transporte público, cuando este no está bien ventilado; estamos enfocando las medidas de manera incorrecta: ir realmente al meollo del asunto -lo que implica una mejora en el sistema de transporte, infraestructura de colegios, servicios públicos y empresas privadas, para asegurar una adecuada ventilación de los ambientes- es un tema muy álgido, ante el que el gobierno presente y los pasados no han tenido la capacidad de negociar e implementar; igualmente considero que deberíamos comenzar a pensar y actuar seriamente como sociedad civil y científica, e impulsar lo que se hizo en los años 50 -durante el gobierno de Odría-: una modernización en la urbanización focalizada en la prevención de la salud.

Ese es, ahora mismo, el conjunto de medidas que pueden dar un giro no solo a la lucha contra esta pandemia, sino contra las estuvieran por llegar; ese es el tema que deberíamos estar discutiendo, pero debido a que nuestra confianza en las instituciones es tan débil, ni siquiera lo ponemos en la mesa.

 

  1. Pak A, McBryde E, Adegboye OA. <p>Does High Public Trust Amplify Compliance with Stringent COVID-19 Government Health Guidelines? A Multi-country Analysis Using Data from 102,627 Individuals</p>. Risk Manage Health Policy. 2021 Jan 26;14:293–302.

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