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lunes, julio 22, 2024

De tumbo en tumbo

Al presidente Pedro Castillo, otrora dirigente magisterial, se le puede venir la noche si no actúa con celeridad, asertividad, habilidad política y diálogo concertador. La vacancia ya está en la agenda pública del congreso, se “cocina”, sin plazos conocidos, espero que no sea así, la estocada al presidente constitucional, apenas con cuatro meses en palacio de gobierno. Con el background de PPK y Martín Vizcarra, el problema de la fragilidad institucional, la corrupción, la precariedad de la gobernabilidad, la polarización política y los escasos puentes entre los poderes del Estado persisten tercamente como un acto autodestructivo de la democracia.

 

La vacancia está en marcha. Pedro Castillo ganó, en segunda vuelta, las elecciones con Perú Libre y la tropa de militantes ultraizquierdistas que aún creen en la “utopía del paraíso que ofrece el comunismo sobre la faz de la Tierra”. PL no apoyó al gabinete de Mirtha Vásquez en bloque. ¿Lo hará para evitar que la vacancia prospere? La decisión se tomará en una asamblea del partido que lidera Vladimir Cerrón, uno de los principales implicados en el caso de Los Dinámicos del Centro. Sin duda, la vacancia tiene motivaciones más políticas que legales y constitucionales. No podemos ir de vacancia en vacancia que es como caminar como ebrio terminal: de tumbo en tumbo. ¿Es conveniente para la democracia que el 2022 estrenemos nuevo presidente de la república? Sin duda, el presidente Castillo se ganó a pulso las razones para la vacancia. Sin embargo, creo que es un apresuramiento y una irresponsabilidad de la clase política en el congreso defenestrar al presidente Castillo, que asuma la vicepresidenta Dina Boluarte y, al poco tiempo, ella también a su casa. Y así el camino queda allanado para nuevas elecciones y se elija un presidente a la usanza y medida de los vacadores. Pero la opinión pública sabe por dónde va la intención. No vaya que el remedio resulte peor que la enfermedad o ir por lana y salir trasquilado.

 

En este timing político importa más convencer congresistas, recolectar firmas, vulnerar la coraza de los aliados del gobierno y seguir con el plan aventurero de la vacancia; mientras que la vacunación avanza a ritmo de tortuga, ciudadanos con solo una dosis, desinformados y con prejuicios, con una variante del Covid-19 que se ha convertido en un riesgo para la salud pública. En las calles, la gente desaprueba la gestión de Castillo y del congreso; es decir, entre gitanos quieren sacarse la suerte. ¿La vacancia realmente es una convicción o, simplemente, una vendetta de partidos políticos de derecha que no admiten hasta hoy tres realidades: haber perdido las elecciones en segunda vuelta por escaso margen de votantes, el arrebato de poder económico y control del Estado por un partido de izquierda (que no es amenaza de dictadura ni emulación de Venezuela ni Cuba) y un “profesor de primaria” de Chota, provinciano, con errores, defectos, improvisaciones y caos lingüístico, haya sido elegido, con el voto popular, presidente de la república para cinco años. El trabajo de gestión de Mirtha Vásquez (ora bombera, otra traductora, ora think tank) se entretiene en asuntos que debe asumir el propio presidente porque él los ha provocado. Es una estrategia curiosa, por consiguiente, suspicaz, que Castillo utilice el tuit antes que la comunicación oral o escrita directamente.  El desempeño de la premier es otro: coordinar multisectorialmente para enfrentar la pandemia, el retorno a las clases presenciales, reactivación económica, enfrenar los conflictos sociales que pueden arreciar, atracción de la inversión privada con confianza y seguridad jurídica, generación de empleo, construir y fortalecer la gobernabilidad y afrontar la inseguridad ciudadana y la corrupción. Esa es la agenda inmediata, muy complicada, pero le distrae asumir “yerros ajenos”.

 

Un presidente constitucional (de dictadores se puede esperar de todo) no puede tolerar la corrupción ni trampas ni fraudes en las licitaciones públicas, debe ser transparente superlativamente. La diferencia entre un gobernante y un estadista está, precisamente, en el estilo, la actitud, la visión y la decencia, no necesariamente en la investidura ni en la banda rojiblanca. No puede convertirse en infame tradición eso de “roba, pero hace obras”; es decir, una nación complaciente y resignada a la expolición del Estado por inescrupulosos que se aprovechan del poder, el contubernio y, muchas veces, de la impunidad. Si hay ese deslinde aumentará la confianza de la opinión pública sobre la actuación del presidente Castillo; de lo contrario, se van acumulando más razones, argumentos y pruebas para el crecimiento de la vacancia.

 

En la gestión pública, como en cualquier otro escenario, salvando las distancias por supuesto, se cometen errores directamente o por omisión, pero vale más la enmienda y la autocrítica, aceptarlas y asumir las responsabilidades administrativas, legales y políticas. No existe gobernante, autoridad ni funcionario perfectos ni infalibles. Quizá cuatro términos que colorean de cuerpo entero al gobierno de Castillo: torpeza, autodestrucción, complicidad e incoherencia. A eso se suma el autosecuestro del presidente en el silencio, la reserva y la reticencia contumaz para comunicarse a través de los medios de comunicación. En política, las crisis son oportunidades para respirar, reflexionar, evaluar opciones, fortalecerse, despegar, recuperar energías, replantear las ideas y las actitudes o esperar que lentamente el pantano voraz se trague a quien se cruza de brazos esperando a la divina providencia. Un importante paso ha dado el presidente Castillo para reunirse y dialogar (“conversar no es pactar” dijo un aprista de la vieja guardia) con los líderes de los partidos políticos del congreso. La gobernabilidad es apertura, diálogo, escucha activa y también discrepancia, pero con objetivos y alcances claros y precisos.

 

Más de 52 están comprometidos para admitir que la vacancia se debata, cuyo argumento (más político que constitucional) es la “incapacidad moral permanente” del presidente Pedro Castillo”, quien tiene dos posibilidades inmediatas: asistir personalmente al congreso (es decir concurrir “a la boca del lobo”) para defenderse o pedirle a su abogado que lo represente como un Cicerón o Demóstenes y lo defienda; en ambos casos hay costo político y un caldo de cultivo para la oposición radical y obstinada. Aunque en política todo puede suceder, solo un “milagro” puede salvar al presidente Castillo del siguiente paso de la estrategia: la destitución con 87 votos.

 

El presidente, en las aguas turbulentas de la coyuntura política, debe, sin vacilar ni acobardarse, categóricamente, deslindar con la corrupción y los funcionarios venales, condenarlos, exigir al MP y el PJ actuación inmediata, y que les caiga el peso total de la ley.  No debemos olvidar (aunque la amnesia histórica es una tradición en el Perú), menos el presidente Castillo, que el antivoto contra Keiko Fujimori lo llevó a palacio de gobierno. Actuar con transparencia en el poder es una decisión de hacerlo. Las encuestas revelan los vaivenes y la percepción de la ciudadanía sobre el gobierno de Pedro Castillo y el congreso. No se debe ignorar ni menospreciar la opinión pública. Con todo lo que vemos y vendrá, la destitución es una gran posibilidad, aunque no sea la voluntad de muchísimos, excepto que el azar (que uno nunca sabe de dónde viene) haga una movida maestra en el tablero político. ¿La suerte del presidente Castillo está echada?

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