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jueves, mayo 23, 2024

SIETE LECCIONES EN CINCO MESES

Buscar aciertos de los cinco meses del gobierno de Pedro Castillo es una hazaña y un acto de equidad que pone en juego la objetividad y el desapasionamiento político e ideológico. En cinco meses y tres días del 2021 es poco lo que se puede hacer, pero suficiente tiempo para pautear la ruta que debe seguir el Perú hacia el 2026, si es que el “destino político” del presidente Castillo no varía constitucionalmente. La persistencia fallida en la selección de funcionarios, la intransigencia (a veces, para ser justos, tiene razón) de la oposición, los errores de gestión y una equivocada estrategia comunicacional son caldo de cultivo que aprovechan los activistas de la vacancia. Veamos siete cabalísticas lecciones que deja el 2021 y la gestión breve de Pedro Castillo Terrones, el maestro de primaria y dirigente sindical que se convirtió en presidente de la república. El ejercicio de la política es cuestionable, insoslayable, que celebra decisiones correctas, se convierte en una soga en el cuello o, si hay sensatez, otorga lecciones para mejorar y corregir errores.

 

Dos gabinetes, de los 19 ministros juramentados el 28 de julio de 2021, solo 10 se mantienen en el cargo; los demás han tenido relevos. Tres ministros de educación en cinco meses: Cadillo meritocrático, Gallardo aliado político y ahora Rosendo Serna Román, ex Director Regional de Educación de Huánuco. El riesgo de designar a un funcionario inoperante, más con aptitud política que técnica y de gestión, sin credenciales profesionales idóneas y sin un norte claro, conduce a empeorar la situación de la EBR y la educación superior. El compromiso concreto del flamante ministro tiene que centrar su trabajo en tres ejes que funcionen como vasos comunicantes: a. retorno a las clases presenciales en marzo de 2022; b. fortalecer la meritocracia en el magisterio y en la Sunedu para garantizar calidad educativa y competitividad profesional y científica sin intromisión política ni injerencia de intereses empresariales. y, c. enfocar el trabajo en los estudiantes y la calidad de los aprendizajes; el eje del quehacer educativo es el estudiante. Las clases presenciales son urgentes y una necesidad impostergable, excepto que los casos de contagio con la variante ómicron se multipliquen exponencialmente y se convierta en inmanejable. Dos años de pandemia causaron estragos en los aprendizajes, la salud metal y las habilidades interpersonales de los estudiantes, docentes y padres de familia. La lección advierte que, de continuar las clases remotas, los aprendizajes estudiantiles ingresarían a una ruta de franco deterioro y deserción escolar.

 

Persistencia de la intolerancia ideológica y política. Eso se ve en la polarización de partidos y movimientos políticos en el Congreso y en los conflictos sociales.  Keiko Fujimori no reconoció la victoria electoral de Pedro Castillo y Perú Libre en segunda vuelta e inició una campaña de fraude que jamás se pudo comprobar con evidencias concretas. En política, el perdedor se queda “picón”, pero se debe reconocer hidalgamente que hay un solo ganador. La vacancia presidencial fue solo un vendaval furioso y bravucón que casi le arrebata el sombrero al presidente Castillo. La lección viene de Chile. Gabriel Boric ganó las elecciones al ultraderechista Antonio Kast, a quien Mario Vargas Llosa apoyó, como en el Perú a Keiko Fujimori; este no hizo pataleta ni deslizó trampas. Dijo: “Desde hoy es el presidente electo de Chile y merece todo nuestro respeto y colaboración constructiva. Chile siempre está primero”. La tolerancia en el ejercicio del poder y el debate político tiene que estar presente como el Sol en la playa. La discrepancia es legítima entre grupos y líderes políticos de pensamiento, destino y propósitos opuestos. Poner delante de todo interés político al Perú sería un gran paso hacia la reconciliación, la concertación y el consenso que necesita la gobernabilidad y la estabilidad entre los poderes del Estado. ¿Chile, con Gabriel Boric y la colación de izquierda, va camino a convertirse en Venezuela o Cuba?

 

La estrategia comunicacional de Pedro Castillo no es la adecuada ni la más recomendable. La comunicación gubernamental tiende puentes y construye consensos. Obra que se hace y no se comunica, no existe; gobernante que no habla y solo tuitea, provoca suspicacia. La reciente conversación del presidente Castillo con algunos periodistas líderes de opinión pública ha provocado suspicacia, crítica y piconería, pero se interpreta como un gesto democrático de Castillo con los medios de comunicación y apertura para escuchar las críticas del periodismo de investigación que busca que la gestión sea trasparente, eficiente y sin escándalos ni actos reprobables en el poder. La lección es que la prensa independiente y democrática (y aquella que representa intereses económicos y políticos) es una piedra en el zapato del gobernante y una cefalalgia atroz y diaria. No hay otra salida que conversar sin reservas y con amplitud para anunciar, informar, esclarecer o deslindar pública y oportunamente.

 

El periodismo (radio, televisión o prensa escrita) ha sido implacable con el presidente Castillo desde antes de la segunda vuelta, sus decisiones, entorno personal y turbulencias en el poder. En el Perú hay total vigencia de libertad de expresión; así es en democracia y Estado de derecho, no existe censura ni restricciones. Reportajes, noticias e informes periodísticos ventilaron casos de corrupción e injerencia ilegítima y temeraria del poder que han generado tres efectos: conocimiento e indignación de la opinión pública, investigaciones fiscales y relevo de funcionarios. La lección se visibiliza en que el periodismo es un atento vigilante de la transparencia, la verdad y meritocracia en el Estado. Eso nadie puede impedir ni amordazar. ¿La furia fiscalizadora de los medios de comunicación (incluidas las redes sociales) era igual o parecida durante los anteriores gobiernos? ¿Eran presidentes honestos, íntegros, trasparentes, idóneos en cuestiones de Estado? La verdad histórica por delante.

Sin vacuna no es posible combatir frontalmente al Covid-19 y sus variantes. La ómicron ya está en el Perú y los casos de infectados aumentan, pero encontró vacunados con una o dos dosis, y ahora con la vacuna de refuerzo; por tanto, el riesgo de terminar hospitalizados, en UCI o morir es menor. El índice de mortalidad ha bajado sustancialmente desde la vacuna. Quien no se vacuna, dicen las estadísticas del Minsa y la experiencia, es altamente vulnerable al contagio y sus estragos. La exigencia de acreditar las dosis de vacuna para ingresar a centros públicos (banco, mall, universidades, centros laborales, etc.) ha aumentado las cifras de vacunados que superan el 80%. En la otra orilla, los antivacunas (es su derecho) conspiran contra las estrategias del Estado a través de las redes sociales y los fake new. No es letal para los que se vacunaron. La tercera dosis es clave y necesaria. La lección: solo con vacuna, cual sea la marca, con restricciones y medidas de bioseguridad es posible enfrenar y derrotar al Covid-19, lo demás viene por añadidura.

 

La lucha contra la corrupción tiene que ser sin cuartel, de frente, tomando al toro por las astas; si no es así, cualquier acción por moralizar las instituciones del Estado será una escena teatral. De estos cinco meses hay mucho que aclarar, investigar y responder sobre presuntos casos de corrupción. El trabajo titánico, que supere escollos y obstrucciones, corresponde al Ministerio Público. La lección implica decisiones políticas y facilitación de documentos y testimonios para las investigaciones de ley. La lucha contra la corrupción es tan relevante como combatir la pandemia, la pobreza y el desempleo.

 

Enseña el refrán que “hay que poner el parche antes que salte el chupo”. Esto calza con la actual situación de los conflictos sociales. El ejemplo es la minera Las Bambas con tregua hasta fin de año. No se trata de poner paños fríos o neutralizar momentáneamente el conflicto social, sino resolverlo con diálogo horizontal y democrático (escuchar antes que imponer) y principio de autoridad que coloquen el bienestar del ciudadano y el progreso del Perú por delante. Sin seguridad jurídica ni estabilidad política ni tranquilidad social, la reactivación económica se retrasa y genera más desempleo e incertidumbre.

 

Se repite casi como un estereotipo o cliché que “el Perú es más grande que sus problemas; sin embargo, lo que hay que comprender es que todo acto político tiene responsables y consecuencias. En el 2022 ojalá se comentan menos errores y excesos. Más empleo, mayor atracción de inversión privada, reactivación económica, liderazgo sectorial, vacunación total, retorno a clases presenciales, fortalecer la institucionalidad y concreta transparencia en el gobierno es la agenda prioritaria e inmediata.

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