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lunes, mayo 16, 2022

En Ucrania se desarrolla una guerra de inteligencia perversa y letal

Por David Ignatius
Columna extraída de The Whasington Post

Para intentar contraatacar el descarado asalto de Rusia a Ucrania, el gobierno del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha realizado un uso agresivo de estrategias de inteligencia. Pero cuidado: este es un juego de dos, y la historia muestra que los rusos son maestros despiadados de las operaciones encubiertas en esta región.

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Las guerras de espionaje de Ucrania, hasta ahora, han tenido lugar principalmente en lo que a los rusos les gusta llamar el “espacio de información”. El desempeño de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por su sigla en inglés) y otras agencias de inteligencia de Estados Unidos ha sido impresionante. Han logrado penetrar el muro de secretismo de Rusia para exponer sus planes militares, sus complots de “bandera falsa” e incluso sus planes de asesinatos y secuestros selectivos de líderes ucranianos.

En el Kremlin, las cabezas deben estar dándole vueltas a la situación —y quizás rodando también— mientras el presidente ruso Vladimir Putin ve cómo sus secretos de Estado son transmitidos en las noticias nocturnas. Estas revelaciones disruptivas han sido permanentes hasta la misma víspera de lo que los funcionarios estadounidenses predicen será una invasión total.

Pero Rusia juega un juego de inteligencia muy largo y retorcido, y no hay mejor ejemplo que la misma Ucrania durante los primeros años de la Guerra Fría. La CIA estaba muy feliz con su desempeño en las operaciones agresivas realizadas allí a principios de la década de 1950, pero resultó que casi todas fueron penetradas y manipuladas por Moscú.

Los combatientes ucranianos fueron seducidos en aquel entonces por promesas estadounidenses poco realistas. “La resistencia ucraniana no tenía esperanza alguna de ganar a menos de que Estados Unidos estuviera dispuesto a ir a la guerra en su nombre. Dado que Estados Unidos no estaba dispuesto a eso, lo que hizo fue, en la práctica, alentar a los ucranianos a ir a encontrarse con sus muertes”, explica John Ranelagh en su historia de 1986 The Agency: The Rise and Decline of the CIA (La agencia: el ascenso y la caída de la CIA).

Lo que hace que esta historia de espionaje sea relevante en la actualidad es que el apoyo a una insurgencia ucraniana es una parte poco discutida del plan del gobierno de Biden para combatir una invasión rusa. El objetivo es convertir a Ucrania en un “puercoespín” imposible de tragar para los ocupantes rusos. Eso suena bien, dadas las dificultades históricas de Rusia y Estados Unidos para combatir las insurgencias en Afganistán e Irak. Pero esta estrategia tiene algunas debilidades significativas que necesitan una evaluación honesta ahora, antes de que sea demasiado tarde.

Comencemos con el problema urgente de cómo Estados Unidos y sus aliados protegerían a los insurgentes ucranianos. El gobierno de Biden le advirtió a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el pasado fin de semana: “Tenemos información creíble que indica que las fuerzas rusas están creando listas de ucranianos identificados para ser asesinados o enviados a campos tras la ocupación militar”. El gobierno también le advirtió a la ONU que los rusos “muy probablemente utilicen medidas letales para dispersar las protestas pacíficas”.

Un hombre prevenido vale por dos. Con suerte, la CIA y otras agencias de inteligencia aliadas están contactando a los ucranianos que pudieran ser objetivos potenciales de esta “lista de asesinatos” y ayudando a protegerlos. Pero más allá de la horrible violencia de una invasión total, habría una guerra muy sucia entre las sombras.

El mayor problema para Ucrania y sus aliados es que Rusia conoce bien este espacio de batalla, y sin duda ha estado reclutando una red de agentes dobles ucranianos. Estos agentes pueden causar estragos en un movimiento de resistencia revelando a sus líderes, refugios, comunicaciones y planes de ataque. Y la situación empeora: desde hace un siglo, un sello distintivo de la inteligencia rusa ha sido su capacidad para manipular los grupos de resistencia en Ucrania y en otros lugares, y lograr que sean realmente controlados por el Kremlin.

Basándose en una historia interna de la CIA, Evan Thomas describe en su libro The Very Best Men (Los mejores hombres) cómo la CIA decidió, a partir de 1949, lanzar agentes en paracaídas a los montes Cárpatos de Ucrania. “Fueron misiones condenadas al fracaso; los servicios de seguridad altamente eficientes del Kremlin capturaron a los infiltrados mientras aplastaban los movimientos de resistencia”, escribe Thomas. Cita a un oficial de la CIA involucrado en la operación, quien la describe como “un error espantoso”.

Tim Weiner, en su investigación de la agencia de 2007, Legacy of Ashes (Legado de cenizas) también utiliza relatos de la CIA para explicar las espeluznantes consecuencias: “La CIA envió a docenas de agentes ucranianos por aire y por tierra. Casi todos fueron capturados. Los oficiales de inteligencia soviéticos usaron a los prisioneros para enviar desinformación: ‘Todo está bien’, ‘envíen más armas’, ‘más dinero’, ‘más hombres’. Luego los mataron”.

La razón por la que estas operaciones británicas y estadounidenses fueron tan vulnerables fue la “penetración” de los rusos en dos supuestos movimientos de resistencia ucranianos, la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN por su sigla en inglés) y la Alianza Obrera Nacional (NLA por su sigla en inglés), según Christopher Andrew y Oleg Gordievsky en su libro de 1990, KGB: The Inside Story (KGB: La historia interna). Luego de que los movimientos fueron aplastados, los operativos soviéticos rastrearon a dos líderes, Lev Rebet de la NLA y Stepan Bandera de la OUN, y los asesinaron con gas venenoso en 1957 y 1959, respectivamente.

Quizás los ucranianos puedan desplegar un movimiento de resistencia fuerte y espinoso en las próximas semanas. Sin embargo, la historia nos enseña que este puercoespín podría tener parásitos internos, y que será perseguido por un zorro con dientes muy afilados.

 

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