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domingo, noviembre 27, 2022

La guerra del agua arrecia en Ucrania

Con información de RFI

El acceso al agua se ha convertido en un lujo en las ciudades ucranianas donde los sistemas de distribución han sido destruidos por los combates. ¿Ha convertido el ejército ruso este recurso vital en un arma de guerra?

Esta es la hipótesis que comparten los expertos militares y los investigadores especializados en el estudio del agua. Desde el comienzo de la ofensiva, el control de este recurso vital ha sido una prioridad constante para el Kremlin.

Primero para restablecer su distribución en Crimea. En 2014, tras la anexión de la península por el ejército ruso, los ucranianos desviaron el canal de 400 km que la alimentaba mediante la construcción de una presa, privando así a esta árida región del ingrediente esencial para su agricultura.

El 85% de su suministro de agua dulce dependía del canal. En febrero, dos días después del inicio de su ofensiva, los rusos recuperaron el control de la presa y reabrieron las compuertas. El agua vuelve a fluir, tal y como atestiguan los habitantes de Crimea desde hace varias semanas. La devolución del agua a Crimea fue sin duda una de las razones por las que Rusia entró en guerra.

En el este de Ucrania, los cortes de agua han servido principalmente para desmoralizar a la población

Todos tenemos en mente las imágenes o los testimonios de esos ucranianos obligados a hacer cola para conseguir unos cuantos bidones de agua potable.

El pueblo de Nicolaiev estuvo privado de agua durante un mes y en Mariúpol los últimos habitantes también sufrieron estas privaciones debido a la destrucción brutal y deliberada de las instalaciones.

Los ataques aéreos rusos se dirigen sistemáticamente a las tuberías, las plantas de tratamiento de agua y las estaciones de bombeo. Se trata de una violación de los convenios internacionales. Rusia ha convertido el agua en un arma de guerra. Una estrategia que ya ha experimentado en otros campos de batalla.

En Siria, por ejemplo, su fuerza aérea bombardeó estaciones de bombeo. En Ucrania, las Naciones Unidas estiman que 1.400.000 habitantes carecen actualmente de agua y 4.500.000 están expuestos a este riesgo.

Los ucranianos también sufren la contaminación de los manantiales

En las regiones industriales donde el suelo ya está contaminado por residuos químicos, la contaminación del agua es un daño colateral de los combates. En el este de Ucrania, los habitantes de la ciudad de Lisichansk hierven el agua que recogen de un manantial alejado de sus casas. Una fuente de agua que los habitantes redescubren cada vez que el país está en guerra.

Fue providencial en 2014, y durante la Segunda Guerra Mundial, recuerdan los más viejos. Los que conservan el acceso al agua lo protegen al máximo. En la región del Donbás, el canal construido en la década de 1950 por los soviéticos desciende desde el norte hasta Mariúpol. Es el único recurso para seis millones de habitantes de la región.

En 2014 el sistema se vio sacudido por la guerra y fragmentado entre varias administraciones ucranianas y separatistas. Pero como ha resultado imposible dividirlo en dos, separatistas y ucranianos cooperan para gestionarlo y atender a las poblaciones e industrias que dependen de él sin distinción. Una frágil excepción que podría peligrar en cualquier momento con nuevos combates.

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