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CAMBIOS DE PARADIGMA EN SALUD PÚBLICA

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Todos los que hemos tenido hijos pequeños y los que hemos llevado cursos de biología, sabemos que existen enfermedades denominadas de brote. Estas, nos solían decir nuestras madres y abuelitas, son muy peligrosas cuando te dan de adulto, pero es mejor que tengas todas cuando eres niño; tal era la certeza que para que la cogieras de chico te ponían junto a otros niños que tenían la enfermedad a jugar, sobre todo en la época de seca como la denominaban.

Característicos de estas enfermedades -como el sarampión y la varicela- son los periodos de incubación sumamente largos, con fiebres y malestares y principalmente con mucho dolor corporal y de garganta, pero nada del otro jueves: soportable. Había que cumplir bien la cuarentena -porque sí, te cuarentenaban a ti y a tus hermanos si los tuvieras- y tener sumo cuidado porque quien cuidaba también se podía contagiar; recuerdo particularmente cuando mi hijo menor tuvo varicela; por mi trabajo no podía cuidarlo, pero mi hermana lo hizo: ella cayó enferma a la semana, con un brote generalizado y tirada como muerta en cama. Mi hijo menor la pasó muy mal también, sobre todo con las pústulas.

Si preguntamos a nuestros padres si alguno de nosotros, cuarentones, ha tenido alguna de esas enfermedades, comenzarán con la lista de todas las que aparecieron: paperas, varicela, sarampión, y etc. Sin embargo, con el correr de los años estas memorias han ido desapareciendo, y en estos tiempos de desinformación y de nuevas crianzas, las cosas han cambiado, y no para mejor. Los movimientos antivacunas han ido creciendo, y con la pandemia los sistemas de vigilancia se han debilitado; en la actualidad se ha manifestado un cambio de paradigma sanitario de nivel personal, donde todos creen que sus hijos son especiales y los ven como un mundo ajeno a los demás. Se olvidan de las características sociales de la especie humana, es decir: así como somos especiales en algunas cosas en otras somos de lo más comunes.

Entonces, viene a colación la aparición no solo el brote de viruela símica algo poco común, sino también de polio, sarampión y otras enfermedades que pensábamos erradicadas. Los movimientos antivacunas toman fuerza, y en este contexto de desinformación sumamente poderosa, alimentada por intereses económicos y grupos radicales, se pierde el sentido de manada y se olvida que, si bien cada ser humano posee características individuales, existe y vive dentro de un grupo social: las enfermedades se contagian, se ganan inmunidades y se protege al grupo con las vacunas, porque aun cuando estas no estén diseñadas para evitar el contagio, lo disminuyen grandemente.

Sin embargo, cabe decir que, dentro de esta nueva forma de entender la salud, vemos también el cambio de paradigma social del cuidado y del contagio de la población, olvidando el pasado y dejando de lado lo que siempre fue algo común, para hacer caso a la desinformación del presente y al individualismo desmesurado.

El brote de viruela símica tiene características particulares. Siempre han existido lugares comunes a todas estas enfermedades de brote: la etapa de seca como una de las más contagiosas, evitar el contacto cercano y prolongado como siempre. La evidencia está ante nosotros, como una prueba de que deberíamos tener mas en cuenta a lo que nos decían nuestros abuelos y dejar de hacer caso a lo que dice YouTube.

Pero también debemos tener en cuenta que, debido no solo al paso de los años desde las vacunaciones contra la viruela en los 80, sino a su descontinuación en las generaciones posteriores, así como el caos provocado por nuestra alocada manera de vivir, podemos decir  que nos hallamos ante una autorregulación ecosistémica, como dirían los ecólogos más puros:  el sistema se sobrecarga y luego se autorregula; el contagio y aparición de nuevas epidemias forman un círculo completo de regulación ecosistémica.

Mientras más profundas y disruptivas sean nuestras interacciones con el planeta, más luchará este para detenernos, contenernos y auto sanarse. Una filosofía un poco exagerada para algunos, pero muy lógica para los que estudiamos sistemas ecológicos.

Espero que en esta nueva filosofía de salud pública poblacional también comencemos a tomar en cuenta las lecciones del pasado pero, sobre todo, tomemos en cuenta nuestras acciones para el futuro.

Claudia Arevalo
Escrito por

Claudia Arevalo

Columnista en Pata Amarilla.

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