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jueves, mayo 23, 2024

¿EPIDEMIÓLOGOS DE CAMPO, UN MITO O UNA REALIDAD?

Por Claudia Arévalo

Hace un año, en medio de la pandemia, se declaró el 7 septiembre como el Día mundial de la epidemiología de campo; el objetivo principal de esta iniciativa es llevar atención hacia el trabajo de los programas de preparación epidemiológica en campo, y el gran servicio que brindan a los sistemas de detección de brotes y vigilancia.

Esta fue la iniciativa de la Red de Programas de Intervención y Entrenamiento en
Epidemiologia y Salud Pública (TEPHINET); desde el inicio de la pandemia los servidores que han sido entrenados en esos temas han tenido una gran responsabilidad y protagonismo dentro del sistema.

Por eso debemos reconocer cuánto debemos cambiar en su entrenamiento para poder hacerlos más cercanos a la realidad y que sean apoyados por la población; debemos establecer programas donde los pobladores participen de estas capacitaciones y de la creación de herramientas que las conviertan en algo útil para la sociedad.

Los países que conforman esta iniciativa han hecho actualizaciones en los currículos de
preparación para los epidemiólogos de campo, dentro de los que se ha añadido 6 áreas
fundamentales: Métodos esenciales aplicados a la epidemiologia de enfermedades
infecciosas, preparación, vigilancia y respuesta a brotes de enfermedades infecciosas,
soporte y comunicación, práctica de epidemiología en enfermedades infecciosas, influencia
en el manejo de enfermedades infecciosas y, finalmente, liderazgo.

Con estas actualizaciones, las personas que están trabajando en campo, en los distintos
estamentos y organizaciones, tendrán mayores recursos para poder definir, investigar,
analizar y responder en los momentos de mayores emergencias, como la actual pandemia.

El trabajo para capacitar y promover este tipo de espacios, apoyado por los gobiernos, además debe ir acompañado de muchas otras implementaciones para realmente
dar soporte a los trabajadores. Generalmente, los sistemas de salud primaria o de vigilancia tienen que sobrepasar miles de obstáculos, principalmente de recursos humanos y logísticos.

Sin el apoyo de otras instituciones, muchas veces particulares, los estamentos
encargados a veces carecen de capacidad de poner en marcha cualquiera de estos
programas en la realidad.

El personal que desarrolla epidemiologia en campo carece muchas veces de motivación
suficiente y feedback de sus superiores; ellos pueden recibir capacitación y buscar
aprendizajes, pero sin apoyo logístico y conocimiento de la situación de la población, es muy difícil llevarlos a la práctica.

Es entonces donde la comunicación, la promoción de salud y las ciencias sociales se convierten en actores principales para conectar con la realidad epidemiológica de la población.

Lo que se necesita entonces, para que todos esos profesionales puedan desarrollar su labor
eficientemente y pongan en práctica todo lo aprendido es, primero, construir una
estructura de salud que les dé soporte, que haga fácil el desarrollo de su trabajo, desde los
puntos más básicos -viáticos y permisos- hasta la asignación de labores dentro de sus
propios puestos de salud.

Cuando hay poca disponibilidad de financiamiento o desorganización en las autoridades
encargadas, el personal que trabaja en campo será el más afectado. Entonces, para
realmente hacer honor a estos profesionales, debemos procurar un cambio en nuestro
sistema sanitario e incorporar a la población y autoridades dentro de él. Sin esas dos
herramientas es imposible que cualquier capacitación o preparación logre el objetivo
deseado.

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