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LULA A LA SEGUNDA VUELTA

6 min de lectura

Por Jaime Cruces

La cifras resultaron más ajustadas de lo que anunciaron las encuestas, el escrutinio oficial del Tribunal Supremo Electoral de Brasil  otorgó a Lula el  48.4 % de los votos frente a Bolsonaro que obtiene el 43.2 %  y tendrán que disputar la presidencia en segunda vuelta.

En la recta final de la campaña el equipo de Bolsonaro hizo un quiebre en la estrategia del miedo y manipulación e introdujo la seducción como arma para frenar a Lula, esto no lo midieron las encuestadoras y el equipo de Lula no reaccionó ante la aparición de diversas figuras a favor de Bolsonaro.

Sin duda la de Neymar, a tres días de las elecciones, apoyando a Bolsonaro fue la más importante, el fútbol y la religión resultaron decisivos para acercar las diferencias. En la segunda vuelta Lula también tendrá que hacer un quiebre para ganar sin sobresaltos, la racionalidad no es suficiente y tendrá que seducir a los indecisos y apostar al voto útil.

El pueblo brasileño acudió a las urnas  no solo para elegir al presidente y vicepresidente, sino también a  gobernadores  y vicegobernadores de los 27 estados y del distrito federal de Brasilia. También ha elegido a 22 senadores (una parte del senado federal) y la totalidad de diputados (583), además de la elección de las Asambleas Legislativas Estatales y autoridades municipales.

Los resultados presidenciales no se reflejan en el Senado ni en Diputados dónde el PT será minoría, igual en las gobernaciones, el PT logra una mejor performance en las Asambleas Legislativas Estatales y municipales.  La alianza política impulsada por Lula con su exrival el centroderechista, Gerardo Alckmin, quien va como vicepresidente ha cumplido su objetivo, ganar a Bolsonaro y su maquinaria de terror, ahora deberá derrotarlo en segunda vuelta.

Si Lula gana la segunda vuelta, como todo parece indicar, no la tendrá nada fácil, la oposición derechista y conservadora en las cámaras de senadores y diputados es mayor a la de hace 20 años, la extrema derecha se ha fortalecido, tienen un discurso negacionista similar al de Trump y recurrirán al sabotaje.

La situación económica que deja Bolsonaro es ruinosa, más de 600 mil muertes en la pandemia, la inflación parece imparable, el hambre y la desesperanza se han agravado, la corrupción  campea descaradamente y la polarización y el discurso del odio pueden desatar la violencia, al mismo tiempo, las expectativas  de la población acerca de lo que podría hacer un gobierno de Lula son elevadas.

Lula retorna por la puerta grande a la política después haber vencido el lawfare, la guerra jurídica montada para impedir que postule el 2018, ese año la operación Lava Jato fue utilizada, ahora se sabe ilegalmente, para encarcelarlo y sacarlo de carrera para favorecer a Jair Bolsonaro.

Como se recuerda la operación Lava Jato puso al descubierto un gigantesco esquema de corrupción que involucró a la estatal PETROBRAS y las principales empresas constructoras en las que destacan Odebrecht, OAS, Camargo Correa, Andrade Gutiérrez, Queiroz Galvao, entre otras.

Este esquema de coimas en Brasil se arrastraba desde el año 1997 con el gobierno de Fernando Enrique Cardoso y se extendió a todos los gobiernos posteriores, la delación premiada consistió en perdonar a los dueños de las grandes empresas generadoras de corrupción a cambio que delaten a funcionarios y políticos.

Las investigaciones se concentraron en los gobiernos del Partido de los Trabajadores, varios funcionarios encabezados por el fundador y presidente del Partido de los Trabajadores, José Dirceu, fueron enviados a la cárcel en juicios sumarios, muchos confesaron que acogieron ese esquema de corrupción institucionalizado para  sobornar senadores y diputados a cambio de aprobar  leyes y normas.

Sin embargo a las presas mayores Lula da Silva (candidato) y Dilma Rousseff, presidenta en ejercicio, no les pudieron imputar cargos,  a Dilma Rousseff la destituyeron mediante golpe parlamentario bajo el pretexto de incumplir reglas fiscales, mecanismo utilizado por todos los gobiernos y considerado normal, y de Lula se encargó  el famoso juez Sergio Moro, quien personalmente dirigió un equipo de investigación dirigido a hacer confesar a los empresarios más poderosos algún hecho trascendente que involucre a Lula a cambio de impunidad, pero no tuvo suerte.

Finalmente en abril de 2018 y cuando Lula ya aparecía como favorito para ganar las elecciones presidenciales, el Juez Sergio  Moro, abrió investigación acusándolo de haber recibido de OAS un lujoso departamento de tres pisos en Guarijá, aportando como pruebas declaraciones de testigos que dijeron haber visto al hijo de Lula de Silva visitando ese departamento,  entre otros cargos.

En ese proceso sumarísimo, hoy se reconoce, hubo manipulación, prevaricato y se presionó y corrompió a jueces y fiscales. El resto es historia conocida, el Juez Moro, se convirtió en el superministro estrella del ultraconservador Jair Bolsonaro, Lula pasó 580 días en la cárcel con sentencias en primera instancia en Curitiba que no tenía competencia para hacerlo, había que sacarlo de la carrera  y lo hicieron.

Queda claro que la corrupción que involucró al Partido de los Trabajadores no exculpa de responsabilidad política a Lula, quién aún, deberá seguir varios procesos en la órbita de la justicia Federal, sin embargo es preciso señalar, que el famoso  sistema de delación premiada Lava Jato,  muy aplaudido al principio, fue un sistema inventado para no perjudicar a los corruptores, es decir a los grandes empresarios beneficiaros de la corrupción,  que en Brasil, en Perú  y en todas partes siguen haciendo negocios turbios.

Si Lula vence el 30 de octubre, volverá al ruedo geopolítico en una coyuntura de “nueva guerra fría” que se veía venir tras la pérdida de hegemonía de EE.UU., la guerra Rusia-Ucrania ha cambiado el panorama mundial y hoy EE.UU. ha alineado a medio mundo tras suyo, está sacrificando a Europa y la ha convertido en su patio trasero, la industria de las armas, la más poderosa industria de EE.UU. tiene sed de conflictos y ahora China es el platillo favorito.

Brasil forma parte del eje comercial de los denominados países emergentes, BRICS, (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) del que Bolsonaro no se atrevió a renunciar, bloque comercial al que podrían sumarse más países, lo que provoca la ira en EE.UU. que desde el 2014 trabajó para desarticularlos.

Lula tiene el mérito de haber sido  elegido dos veces presidente de Brasil en segunda vuelta y sus gestiones fueron exitosas, se retiró con una aprobación de más del 80% y sacó a millones de brasileños de la pobreza, ese es su principal activo para derrotar a Bolsonaro el 30 de octubre, su victoria cambiaría el mapa político latinoamericano.

Jaime Cruces
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Jaime Cruces

Columnista en Pata Amarilla.

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