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PÓNGASE A REZAR

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La literatura y el cine distópicos conforman un género especulativo de ciencia ficción que se consolida en el siglo XX y que podríamos considerar “científicamente” profético: novelistas y directores anunciaron con gran estilo futuros escenarios fatalistas, verosímiles para nuestras sociedades, en los que los tiranos encuentran en las ciencias robóticas, biológicas y urbanistas el medio ideal para el sometimiento de la población. En otras ocasiones, también nos advirtieron que en cualquier momento la Inteligencia Artificial y los robots desearían imponerse y destruir a la humanidad. Si bien proyectan la ciencia y política, son también profecías apocalípticas.

El apocalipsis es un género religioso antiguo (helenístico) al que podemos acceder gracias a la Biblia. Emerge directamente debido al temor de la población abiertamente perseguida, como en el caso de los libros de los profetas del Antiguo Testamento durante las rebeliones de los macabeos, o de los cristianos temiendo a Nerón y su desalmada persecución en el Apocalipsis que cierra la Biblia. Un apocalipsis relata el sufrimiento como castigo provocado por el fin del mundo. Utiliza la simbología onírica y mítica de sus fieles para componer a los protagonistas, los acontecimientos y un territorio simbólicos. Su final es esperanzador, pues los sobrevivientes fueron salvados gracias a su fidelidad y sacrificio. Anuncia un buen futuro en el que serán recompensados.

La literatura distópica del siglo XX utiliza otra simbología. También construye sus personajes y argumentos desde su presente hacia el futuro. Pero en el siglo pasado el temor que se proyecta es a los violentos gobiernos fascistas y comunistas que se sucedieron durante 70 años (pensemos en Von Harbou y Lang, Orwell o Lucas).  La esperanza radica en que se pueda vencer con muchos sacrificios al tirano, o en otros escenarios más extremos, consiguiendo huir. Es una esperanza social: si todos nos unimos, si damos la vida, si nos refugiamos…

Un siglo después de las primeras películas y novelas, hoy que estamos en “su futuro”, se ha presentado algo distinto: los tiranos se han aliado con iglesias extremistas, que apelan al relato apocalíptico para justificar su acceso al poder y al abuso del poder. Quizá por ser tan fuerte la influencia de las novelas y del cine futuristas en nuestro imaginario, hasta hace 20 años atrás, no se esperaba que el discurso religioso (que se anhelaba separado de las jóvenes y laicas repúblicas desde el siglo XIX) retornaría al continente americano con tanta fuerza política hasta reemplazar la retórica democrática en este milenio. Y no fue el catolicismo con el que sometieron a nuestros pueblos originarios.

Fue el pentecostalismo evangelista de Estados Unidos. Comenzó en la década de 1970, cuando, inspirados en las 7 colinas del Apocalipsis, los pastores norteamericanos Loren Cunningham y Bill Bright, en representación de los empresarios que convocan, declararon que debían hacerse cargo de las 7 colinas de nuestras sociedades: familia, religión, educación, medios de comunicación, artes y entretenimiento, negocios y gobierno. Y luego salieron a expandir su labor en los parlamentos del mundo entero. Hoy, en Brasil es público que el pastor Silas Malafaia trabaja con la familia Bolsonaro como asesor de la presidencia. La tercera parte o más de la población brasilera es evangélica, al punto que en las últimas elecciones generales la votación se dividió entre la evangélica y la católica. En Estados Unidos, Donaldo Trump acaba de declarar que Dios lo ha escogido a pesar de no haber leído la Biblia. Que es él la cabeza cristiana de su nación. Todos hemos visto sus memes y cómo se presenta como Cristo, nada es necesario agregar. Tampoco se esperaba que las creencias evangélicas y prejuicios se impusieran por encima de la razón y del sustento requerido de las políticas públicas. Ahora sabemos que para alcanzar la cima de la colina, la estrategia busca controlar la legislación para que los empresarios y los concentradores de la riqueza dejen de aportar al Estado, eliminando los fondos para brindar servicios estatales que fortalezcan a la población.

Mientras tanto, las profecías científicas respecto de la inteligencia artificial que se popularizaron con Odisea Espacial(1968) de Arthur C. Clark y Stanley Kubrick, que nos advierten del riesgo que implica para los seres humanos que la tecnología tome sus propias decisiones según sus razonamientos algorítmicos, no parecen haber calado en algún presidente que hoy forme parte del Escudo de las Américas: a ninguno le conviene oponerse a que los administradores mundiales de la Inteligencia Artificial obtengan libre acceso a toda la información de su país, si gracias a sus intermediarios pudieron controlar las tendencias políticas en las redes sociales y ganar el sillón presidencial. No lo olvidemos: lo importante es conseguir las 7 colinas: familia, religión, educación, medios de comunicación, artes y entretenimiento, negocios y gobierno. En medio de este apocalipsis, es todo tan simple que basta un acto de fe. Y si a alguno de nosotros le preocupan los incendios, las sequías, las lluvias e inundaciones, todas esas señales del fin del mundo, pues arrodíllese y póngase a rezar.

Carla Sagástegui
Escrito por

Carla Sagástegui

Columnista en Pata Amarilla.

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