Con su sobrina recluida por treinta meses de prisión preventiva, su esposa a punto que se apruebe su impedimento de salida del país, uno de sus sobrinos y un ex ministro fugados, y buena parte de su entorno familiar y amical investigado, el presidente Castillo parece no tenerlas todas consigo. Además, su reciente cambio de los mandos presidenciales no parece favorecer una necesaria lucha en favor de la seguridad ciudadana.
Ahora bien, sus viajes por el país, salvo el bochornoso recibimiento que tuvo en Tacna, le ha permitido subir unos puntos en ciertas encuestas. Sin embargo, lo conseguido a ese nivel por Castillo resulta absolutamente insignificante frente a la cantidad de denuncias contra él, un sector de su familia y una buena parte de sus operadores políticos.
La pregunta ahora es la de cómo salir de la actual crisis política. El congresista Málaga insiste en una iniciativa de vacancia, usando un mecanismo en rigor previsto para otras situaciones.
Congresistas como Digna Calle; o el mismo ex presidente Sagasti, entre otros, hablan de adelanto de elecciones. Nosotros creemos que, en puridad, y tal cómo está diseñada nuestra Constitución, lo más conforme a dicha Constitución es una acusación constitucional por infracción a la Constitución, salvo que el Ministerio Público descubra que el presidente Castillo ha incurrido en la vulneración de alguno de los delitos mencionados en el artículo 117 de la Constitución.
Finalmente, hay quienes plantean un uso de parámetros convencionales, para que la Fiscal de la Nación pueda recurrir a la Corte Suprema u desde allí materializar un cambio presidencial a través de la Corte Suprema, sin participación del Congreso. En cualquier caso, nada de esto funcionará si no se generan consensos y compromisos no solamente entre partidos políticos, sino fundamentalmente con una sociedad civil, hoy aparentemente no motivada, por su desconfianza en la clase política actual y su necesidad de hacer frente a las crisis sanitaria, económica y alimentaria que está teniendo que enfrentar.
Cómo puede apreciarse, Castillo está en una delgada cuerda floja, pero no solamente para un eventual cambio presidencial, sino para, sobre todo, ver que es lo que vendría luego de un eventual recambio presidencial, en favor y con el concurso de una ciudadanía cada vez más desprotegida, teniendo claro que el remedio a aplicar no sea peor que la enfermedad.
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