Las nuevas estimaciones de la OMS muestran que el Perú aún no recupera casi un año de esperanza de vida saludable perdido durante la pandemia. La reorganización del MINSA ofrece una oportunidad para fortalecer el Estado y adaptar el sistema sanitario a las nuevas necesidades de la población.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de publicar sus nuevas estimaciones mundiales de salud, las Global Health Estimates 2023[1], con información entre 2000 y 2023. Hay una buena noticia: la esperanza de vida está cerca de recuperar su nivel prepandemia. Pero los años vividos con buena salud avanzan más lentamente. Mientras tanto, las enfermedades crónicas, las demencias y los trastornos mentales adquieren mayor importancia. Este cambio obliga a revisar nuestras prioridades sanitarias y las capacidades del Estado para responder a ellas.
El mundo recupera años de vida, pero no al mismo ritmo años de salud
Según la OMS[2], la esperanza de vida mundial alcanzó los 73,3 años en 2023, prácticamente el nivel de 2019 (73,4 años). En cambio, la esperanza de vida saludable llegó a 62,8 años, todavía 0,4 años por debajo de su nivel prepandemia.
También está cambiando aquello que nos enferma y nos mata. En 2023, el 74 % de las muertes mundiales correspondió a enfermedades no transmisibles, frente al 58 % en 2000. Ocho de las diez principales causas de muerte pertenecen a este grupo, según las estimaciones de mortalidad de la OMS[3].
Las enfermedades cardiovasculares siguen encabezando las estadísticas. La cardiopatía isquémica ocasionó aproximadamente 9,5 millones de muertes en 2023. Las muertes por demencias se triplicaron desde 2000 y estas pasaron del puesto 19 al quinto entre las causas mundiales de muerte.
La salud mental también preocupa. Entre 2019 y 2023, las tasas estandarizadas de años de vida saludable perdidos aumentaron aproximadamente 20 % por trastornos depresivos y 45 % por ansiedad, según el informe de la OMS[1].
¿Y en el Perú? Las mismas estimaciones de la OMS, disponibles en la base de datos de las Global Health Estimates 2023[4], muestran que nuestra esperanza de vida saludable pasó de 68 años en 2019 a 67,1 en 2023. Todavía nos faltaba recuperar casi un año, frente a los 0,4 años del promedio mundial. Entre las mujeres, la pérdida fue de 1,1 años y entre los hombres, de 0,6. Compartimos la tendencia mundial, pero nuestro rezago es mayor.
Perú: prioridades que necesitan actualizarse
Recuperar los años de vida saludable es una responsabilidad del Estado y de la sociedad en su conjunto. Depende de las condiciones en que nacemos, crecemos, trabajamos y envejecemos. Requiere políticas de vivienda, educación, alimentación, empleo, protección social y cuidado del ambiente.
Pero esta responsabilidad compartida tampoco exime al sector salud de cumplir la suya: adaptar sus políticas, servicios y organización a una población que envejece y convive durante más años con enfermedades crónicas, discapacidad y dependencia.
¿Estamos preparando nuestro sistema sanitario para esa transición?
Al sustentar el presupuesto de 2027[5], el ministro de Salud presentó tres prioridades: transformación digital, fortalecimiento del primer nivel de atención y reducción de la anemia infantil. También anunció metas relacionadas con tuberculosis, dengue, salud mental, cáncer de mama y vacunación contra el virus del papiloma humano.
Son intervenciones necesarias. Sin embargo, el envejecimiento, la atención de personas con varias enfermedades crónicas, las demencias, la dependencia y los cuidados de larga duración siguen sin ocupar un lugar central en la agenda sectorial.
La reorganización del MINSA[6], dispuesta por 90 días mediante el Decreto Supremo N.º 014-2026-SA, ofrece una oportunidad para corregir ese rezago. Al lunes 12 de octubre habrán transcurrido 33 días desde su publicación. La norma exige presentar un diagnóstico institucional dentro de los primeros 60 días y las propuestas de reforma dentro de los 90.
La reorganización es un paso necesario, aunque insuficiente. Debe servir para fortalecer la rectoría del Ministerio y adaptar sus capacidades a las nuevas demandas sanitarias. Eliminar duplicidades, mejorar la coordinación y corregir ineficiencias son tareas pertinentes, pero constituyen medios, no objetivos.
Si determinadas funciones requieren mayor jerarquía, nuevas competencias, mejores equipos técnicos o incluso una estructura más amplia, habrá que fortalecerlas.
Conviene, además, hacer una advertencia: no vaya a ser que la vieja consigna de «achicar el Estado», uno de los postulados centrales de la agenda neoliberal de los años noventa, termine orientando esta reorganización. El énfasis puesto hasta ahora por el ministro en fusionar unidades, eliminar duplicidades y reducir ineficiencias[7] hace pertinente esta cautela. La modernización también puede exigir ampliar capacidades, incorporar nuevas funciones y asignar mayores recursos.
Primero debemos definir qué necesita la población y qué funciones debe cumplir el Estado para atender esas necesidades. Después, diseñar la organización que permita hacerlo.
El éxito de la reorganización del MINSA debería medirse por las capacidades que consiga fortalecer y por su contribución al ejercicio efectivo del derecho a la salud, antes que por el número de oficinas que desaparezcan.
Lima, 11 de octubre del 2026
Fuentes
- Organización Mundial de la Salud (OMS). Global Health Estimates 2023.
Ver fuente - Organización Mundial de la Salud (OMS). Esperanza de vida y esperanza de vida saludable.
Ver fuente - Organización Mundial de la Salud (OMS). Estimaciones de mortalidad y Global Health Estimates.
Ver fuente - Organización Mundial de la Salud (OMS). Global Health Estimates.
Ver fuente - El Peruano. Presupuesto 2027: MINSA priorizará lucha contra la anemia y acelerará la transformación digital.
Ver fuente - El Peruano. Decreto Supremo N.º 014-2026-SA sobre la reorganización del Ministerio de Salud.
Ver fuente - El Peruano. Ministro Dyer: proceso de reorganización no implica reducción de personal médico.
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