Jamás en la historia de la agencia los conservadores habían lanzado tantas críticas al FBI, tras el allanamiento de la mansión de Donald Trump.
En sus más de 100 años de historia, el FBI ha sido detestado por sureños racistas y segregacionistas, por defensores de las libertades civiles y por afroamericanos cuyo movimiento de liberación de los años 60 fue tratado como una grave amenaza nacional por la agencia.
Pero las amenazas extraordinarias de la semana pasada tiene origen en su base política: los conservadores republicanos.
«Es el mundo al revés», dice Kenneth O’Reilly, historiador retirado de la Universidad de Alaska, y escritor de libros sobre el FBI y la política.
A su juicio, el FBI ha sido históricamente una «institución profundamente conservadora», con un soporte bipartidista en Washington.
La presidenta del Comité Nacional Republicano, Ronna McDaniel, acusó a la oficina de «abuso de poder».
El senador Marco Rubio, republicano de Florida, comparó la agencia a la policía secreta de una dictadura marxista, mientras el representante Paul Gosar declaró: «Debemos destruir al FBI».
En la web, e incluso en la red social de Trump, Truth Social, las amenazas fueron más violentas, y se hicieron realidad.
El 11 de agosto, un hombre armado de 42 años atacó la sede del FBI en Cincinnati luego de escribir en cuentas de redes sociales que le fueron atribuidas que la gente debería «responder con la fuerza» al allanamiento a la residencia de Trump y «matar al FBI».
El hombre no logró entrar a la oficina en la ciudad de Ohio, y murió por un disparo de la policía.
Un día después, otro sujeto de 46 años fue arrestado en Pensilvania por amenazas similares.
«Si trabajas para el FBI mereces morir», escribió en las redes sociales.
Con información de RFI.