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domingo, octubre 17, 2021

El maestro Castillo, el Perú y la multitud

El maestro Castillo

El maestro Pedro Castillo será presidente del Perú. Su victoria suma una quinta elección democrática consecutiva y significa a la vez el fracaso de la campaña política y legal que pretendía anular las elecciones o concretar un golpe de Estado. Más allá de Castillo, un sistema político seriamente debilitado ha podido imponerse a la promesa de la incertidumbre institucional, lo que es también un triunfo.

Castillo será el primer maestro de escuela en asumir la jefatura del Estado; este hecho se suma a otros rasgos con los que llega al poder: mestizo (un indio e ignorante para la facción radical y racista de la élite), provinciano, serrano, sindicalista, y pobre en su niñez y juventud.

Este simbolismo social es más significativo que el político, aunque fue matizado con explicaciones evasivas, algunas de las cuales son ciertas (su inexperiencia, por ejemplo), pero que esconden la realidad: el nuevo presidente no pertenece al grupo que ha surtido de gobernantes al Perú y llega al cargo sin que, como otros de su misma procedencia, se haya integrado a la elite gobernante.

Fue un excluido social y también político, un outisder en toda la línea. Sin partido, sin contactos, sin recursos y liderando con un núcleo pequeño, se hizo un lugar en un proceso electoral que marcó el relativo cambio de actores en la política peruana. Hasta el partido que lo cobijó, Perú Libre, era nuevo y no limeño.

El ejercicio del poder desde ese origen y posición romperá con el canon vigente en la forma y el contenido. Es muy probable que la elite derrotada presione a Castillo para que deje de ser Castillo, y emprenda el afán de la cooptación que fue exitoso en otros casos. El asedio criollo.

 

El Perú

El nuevo presidente ha ganado en su primera postulación y sin haber desempeñado una alta función en el Estado previamente, una circunstancia parecida a la de Alberto Fujimori en 1990. En las elecciones de 2021, como las de 1990, el ganador no fue el único que ofreció el cambio; es más, otras propuestas eran más solventes y con equipos más sólidos, pero no fueron escogidos por lo electores. En este punto, el “problema” no es el candidato, sino la demanda electoral, y sobre ello se ha profundizado escasamente.

Castillo fue escogido con casi 20% de votos en la primera vuelta y por 50.12% en la segunda. En ambos casos, a despecho de la campaña que lo calificaba de comunista y una parte de la polarización, representó especialmente el abismo, es decir, las fracturas sociales y económicas de un Perú harto de la exclusión, desconfiado y en crisis.

El relato de un país dividido en dos mitades, pero no fragmentado, es engañoso. Un espejismo. Qué fácil sería para el nuevo gobierno si solo tuviese el encargo de “despolarizar” el país. Para eso sería suficiente llevar adelante una política de consensos. No obstante, el abismo -Lima vs regiones. costa vs sierra y ciudades vs el país rural- reclama políticas de cambio que un sector de esa élite derrotada no está dispuesto a aceptar porque implicaría tocar el núcleo duro del neoliberalismo.

En ese punto, el “problema” no es Castillo, sino los grupos que se resisten el cambio y no reconocen el abismo. Ahí se encontrarán el asedio criollo y las estrategias de choque, actuando alternativa y concurrentemente desde el Congreso, los medios de comunicación y la opinión pública.

 

La multitud

He leído demasiadas opiniones que propugnan una gobernabilidad vacía, por formal y tradicional, en donde solo importan el Gobierno y el Congreso. Ni Locke le pedía tan poco a la política. Estas tesis de una democracia en la práctica no deliberativa y atrapada en un juego cerrado en la cúpula del poder, ha fracasado reiteradamente desde el año 2001. Es más, los primeros desgastes de los gobiernos pos Fujimori vinieron de la sociedad y de una demanda de cambio insatisfecha por un Ejecutivo y un Parlamento que cancelaron su relación con la sociedad. El efecto ya es conocido, si la multitud no es escuchada, se hace escuchar.

La actual deliberación se ha ampliado porque, a diferencia de los últimos años, existe una movilización por el cambio de signo progresista frente a otra movilización contra el cambio, de derecha y ultraderecha. La crisis del Perú tiene en esta hora dos calles y en algún momento podría invertirse los roles y ser la derecha la fuerza antisistema. Ya escuché el 4 de julio a una manifestante terminar un discurso con el grito ¡abajo el Estado!

Esto era inevitable; la presidencia de Castillo significa el reiterado punto más alto al que ha llegado la exigencia de cambio en el Perú, generando una respuesta radical y gradualmente violenta del Perú conservador que intenta desplazarse desde la elite hacia “abajo”. El mejor seguro del nuevo gobierno es no cerrarle las puertas a la sociedad en toda su variedad, y dialogar con ella sin intermediarios.

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2 Comentarios

  1. Muy buena apreciacion. El PERU es de todos los peruanos, busquemos soluciones a los problemas sin importar la linea politica. Castillo debe conversar con todos para. Hacer viable un peru mejor

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