El Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), con sede en Estrasburgo, se está viendo confrontado a una serie de controversias que cuestionan su autoridad, como la ruptura con Rusia y los roces con Turquía, Polonia o el Reino Unido.
El presidente del Tribunal, el ítalo-islandés Robert Spano, formuló un grave alerta en el mes de junio.
Advirtió sobre «una Europa donde las persistentes expresiones públicas de hostilidad o la negativa categórica a acatar las decisiones judiciales es un lugar común», con el riesgo de ver «desaparecer el estado de derecho».
Rusia fue excluida del Consejo de Europa en marzo, a raíz de la invasión a Ucrania, pero este viernes dejará de ser también «Alta Parte Contratante del Convenio Europeo de Derechos Humanos», el texto fundador nacido en 1950.
Legitimidad cuestionada
La Gran Sala (instancia suprema del TEDH) condenó a Turquía en julio en un procedimiento por incumplimiento, un método extremadamente raro utilizado apenas por segunda vez en más de sesenta años de existencia del tribunal.
El fallo fue impulsado por la resistencia de Turquía en cumplir con las decisiones del TEDH sobre la liberación de Kavala.
A su vez, el Reino Unido busca eludir el largo brazo del TEDH mediante la reforma de la legislación de derechos humanos a través de la adopción de una nueva «Declaración de Derechos».
El proyecto, destinado a eludir la obligación de seguir la jurisprudencia de Estrasburgo, fue mencionado en junio por el ministro de Justicia de Boris Johnson tras el desaire impuesto por una corte que se opuso a la polémica expulsión a Ruanda de inmigrantes llegados ilegalmente a Reino Unido.
La decisión judicial había dejado en tierra un avión fletado especialmente a un gran costo justo antes de que despegara de una base militar británica para llevar inmigrantes ilegales a Ruanda.
Con información de RFI.