Pata Amarilla Pata Amarilla

El hombre rico

7 min de lectura

Y otra vez os digo que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Dios.

Mateo 19:24

Qué complicado es votar en el Perú (y en el continente). Porque los partidos más cuestionables, como Renovación Popular, consiguen presentar hasta 110 candidatos a gobernadores regionales y alcaldes con antecedentes penales, impone un ex alcalde de Lima que consigue disfrazarse de regidor para poder reelegirse como la cabeza de la capital del Perú. Su discurso en el debate (quienes lo vieron estarán de acuerdo conmigo) lo presentó no como alcalde, sino como una suerte de presidente de Lima. Y vaya presidente, anunciando juicios sin rostros para combatir la delincuencia que no consiguió combatir con unos drones inexistentes y unas motos sobrevaloradas.

Muchos investigadores están estudiando en la democracia contemporánea, cómo el rol de la identificación con el candidato se ha impuesto sobre la propuesta ideológica o de gestión. Comparto a continuación algunos elementos que componen la práctica de la identificación.

El primero, quizá el más evidente es cómo el candidato de Renovación Popular y el presidente de Estados comparten una suerte de desborde decrético, una toma de decisiones compulsiva (recordemos como Donaldo Trump estaba atormentado por los decretos de Biden y quería anular su firma, o López Aliaga alocándose en inaugurar obras mal hechas) que incluye también imponer mediante decretos decisiones que corresponderían más al congreso que a su campo de acción, pero parece no importar a un alto porcentaje de la población. Ningún alcalde puede prometer jueces sin rostro contra los delincuentes. Otro elemento es el mediático. Ya se ha comprobado que las redes sociales tienen mucho que ver en el asunto. Las granjas de datos producen tendencias. Se están volviendo cada vez más preocupantes los estudios acerca del impacto negativo neuronal de las redes y la facilitación de la manipulación y el engaño. Así ya sabemos que han ganado las elecciones los presidentes latinoamericanos.

Me interesa detenerme en el elemento religioso pues no en vano se está estudiando la inversión estadounidense israelí en las nuevas iglesias evangélicas que hacen de la riqueza (se obtenga como se obtenga) un síntoma probatorio de que su Dios está con ellos. Se trata de una nueva religiosidad cuyo modelo de divinidad impone un arquetipo “bendecido” de hombre rico (con o sin mujer). Tal arquetipo me parece que es el elemento nuclear que  pone en jaque el sistema democrático en tanto reduce la elección de autoridades a una encuesta nacional o local pero obligatoria de popularidad, y distorsiona la libertad de culto para justificar la creación de prédicas religiosas de contenido político, y de nuevas iglesias en las que los líderes están autorizados a postular. Se une a lo mediático aprovechando la Inteligencia Artificial y al decretismo a través de la jerarquía absolutista eclesial.

A través del evangelismo sionista, las citas del Antiguo Testamento tomadas como datos históricos sobre el derecho de Israel (y su aliado EEUU) a dominar los territorios que ambicionan han reemplazado, han enmudecido el discurso de Jesús en el Nuevo Testamento, cuando acusaba al hombre rico y lo condenaba a no poder entrar al cielo.

El hombre rico que me parece el aspecto religioso más perturbador. Se zurra en la división de poderes del Estado, o derrocha sin responsabilizarse por la deudas provocadas a las instituciones gubernamentales durante su “reinado”, tal como lo hizo con sus empresas antes de ocupar el cargo. Lo importante es verse rico. En el último debate, el ex alcalde de Lima, candidato a regidor que postula a reelegirse como alcalde (así lo decretó él mismo sin importarle el sistema electoral), repetía como una muletilla casi al ritmo de sus gestos y manías al terminar cada obra prometida, “porque la municipalidad sí tiene dinero, sí lo tiene”.

El hombre rico, por tanto, es un modelo de empresario y gobernante que puede mentir, o conseguir el dinero como sea. Como Alberto de la Espriella en Colombia, Keiko Fujimori en Perú o Donaldo Trump en Estados Unidos. El problema con Trump es que está decidido a demostrar que es un hombre rico capaz de someter a los países que están a su servicio y que se ha propuesto sacudir los mercados de la industria bélica y el petróleo. No es un rey, es un emperador. Fue casi manifiesto en las presentaciones ante las Naciones Unidas: en nuestro continente, nos ha forzado a llamar “terrorismo” a crímenes específicos que una policía bien formada y comprometida podría reducir, para que sean los militares (encargados de ayuda humanitaria, conflictos bélicos y fronteras) quienes se encarguen y ya tengan la necesidad de invertir en armamento y munición, dado que no tenemos mayores conflictos en este momento y Estados Unidos desde el año 2022 ha disparado la inversión en la industria militar. Desde la religión, todo pastor tiene su rebaño. De ahí que la democracia del hombre rico renombra, reorganiza la legislación y las tareas del gobierno para reforzar la red de más hombres ricos que representa. Como Javier Milei y Nayib Bukele enriqueciendo a sus familiares y amistades más entrañables dedicados a las criptomonedas.

Para salvar a la democracia, entonces, ¿tendremos que crear una alternativa religiosa de gobernante?  Aunque vaya por un enfoque poco racional y muy emotivo (contrario al socialismo marxista, tan académico), en tiempos en que la población y el sistema mediático global ha impuesto la creencia religiosa por encima de la razón, la izquierda enfrenta un reto enorme. El único político que pareció de izquierda y que se dio cuenta fue Antauro Humala, pero su propuesta fue implantar una nueva religión, desarraigada digamos, y el resultado devino en un Estado más cercano al fascismo. Ya hemos visto que fracasó como candidato. Tampoco se trata de algo rápido de resolver. El arquetipo del hombre rico ha demorado todo este siglo en calar porque ha ido de la mano con la tecnología. El pobre es pobre, pero con celular. Y con un imaginario donde el hombre rico, sí o sí debe ganar porque algún día él también lo hará.  Es muy interesante en ese sentido el alcalde de Nueva York, quien siendo musulmán apela a la figura del Jesús que acoge al migrante, que cura al enfermo, que reconoce a las mujeres. Su apariencia física también lo ayuda. Quizá ese pueda ser una práctica identificatoria alternativa (aunque persiste en la masculinidad). Qué difícil es ahora votar para aquellos que lo aprendimos el siglo pasado, cuando con entusiasmo conseguimos una asamblea constituyente, un proyecto algo cojito de democracia hasta que llegó un Fujimori y de un paquetazo lo terminó. Si queremos recuperar una democracia radical, sincera, inclusiva, solidaria, nos va a tomar imaginar una Teología de la Liberación 2.0 o algo por aquel camino.

Carla Sagástegui
Escrito por

Carla Sagástegui

Columnista en Pata Amarilla.

Ver más artículos de Carla Sagástegui →

Deja un comentario

No se publica. Lo usamos solo para identificar tu comentario.

Pata Amarilla Stream
En todas las plataformas