La invisibilidad estadística deriva en la invisibilidad de derechos. Para hacer visibles los déficits en su ejercicio sirven los censos, que son las operaciones estadísticas más complejas y desafiantes para cualquier estado. Es el caso del Perú, en el último trimestre del año pasado el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) realizó tres censos, de Población, Vivienda y de comunidades Indígenas, con altos estándares de calidad, cobertura y oportunidad,
Han transcurrido cinco meses, y en ellos los primeros cien días de la nueva administración de gobierno nacional, desde que el INEI empezara a divulgar sus primeros resultados[1]. Al menos hasta fines del próximo año nuevas entregas nos irán mostrando con los mayores detalles de desagregación posible (por distritos, centros poblados, manzanas y viviendas) la heterogeneidad en las condiciones de vida y habitación de nuestra población, la conformación de los hogares, así como de las nuevas proyecciones de población, por territorios y niveles de gobierno, según sexo y edades.
¿Cuánto de la información generada por los últimos censos viene siendo procesada o utilizada por las nuevas autoridades del gobierno nacional, por el Legislativo, y por las recientemente electas en gobiernos regionales y municipales? ¿Qué iniciativas de capacitación para su uso están en preparación? ¿Qué planes tienen las universidades y el Ministerio de Educación? ¿Y cuánto las vienen usando las organizaciones de la sociedad civil para incidir en la gestión y rendición de cuentas de las políticas públicas?
En tanto que aún no se muestran en los sitios web de instituciones como CEPLAN, o el Ministerio de Vivienda, es de esperar que estén en plena preparación, a lo que también se sumará el Ministerio de Cultura con los resultados del censo de Comunidades Indígenas. Asimismo, se podrá actualizar el aplicativo INFOPOBLACIÓN, desarrollado por el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP)[2].
Entre los varios usos posibles de los resultados censales del 2025, uno apremiante es en la previsión de escenarios de posibles impactos y respuestas ante el Fenómeno El Niño, que asumimos ya las autoridades y especialistas vienen evaluando, según territorio, áreas de densidad poblacional, altitud, acceso geográfico, sexo, edades, condición de discapacidad, tipología de hogares (p.e. unipersonales), etc. ¿Cuáles son las vulnerabilidades de los hogares jefaturados por mujeres, o los de familias multigeneracionales?
El Niño no tendrá el mismo impacto sobre la población ni su atención demandará los mismos recursos si se trata de una inundación urbana que una rural. O ante sequías o incendios forestales en la sierra o en la selva, ni ante el bloqueo de vías y puentes, ni ante los cortes de servicios públicos, como agua o electricidad, etc.
Instituciones académicas internacionales estiman en torno a 3.200 las muertes a ser causadas por El Niño, sobre todo en el área central y nororiental del Perú[3]. ¿Cuántas podrían ser evitadas si en base a la información censal u otras fuentes, las iniciativas comunitarias y de los gobiernos locales identifican a las poblaciones más vulnerables ante las temperaturas extremas ya anunciadas? (p.e. adultos mayores que viven solos, o personas con discapacidad).
A modo de ejemplo, desde la perspectiva de edades en los territorios: en una de cada cuatro provincias la población adulta mayor supera el 20%. Y en uno de cada nueve distritos supera el 30%, más del doble del promedio nacional (14,8%). En parte se debe al despoblamiento rural, y por la emigración de población adolescente y joven, ante la falta de oportunidades. ¿Qué estrategias se deben desarrollar desde los gobiernos regionales y locales para evitar que estos territorios sigan perdiendo población, y queden sin mano de obra joven para la agricultura, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria? ¿Cómo pueden incorporar las nuevas tecnologías en la gestión territorial y producción agropecuaria?
Entre otros resultados censales de interés para el gobierno nacional, los regionales y municipales en estos primeros cien días están los ya disponibles de vivienda, si bien en los siguientes meses se irán divulgando aún más resultados. ¿Qué materiales de construcción predominan en los territorios más proclives a eventos sísmicos? ¿Qué mejoras cabe hacer en esas viviendas desde las políticas públicas, a fin de prevenir sus impactos?
Por otro lado, según se señaló en una columna anterior[4], desde el censo de vivienda de 1993 al del 2025, las viviendas en condición de alquiler a nivel nacional pasaron de ser una de cada nueve a una de cada seis. A su vez, dos tercios de viviendas ya estaban pagadas en el 1993, al 2025 dos de cada cinco lo están. ¿Cómo afecta esta situación la pobreza en los hogares? ¿Y qué política pública cabe promover para que las familias adquieran predios que les permitan mejorar su calidad de vida y hacerse de bienes para planificar su futuro? Esto en un contexto en el que se prevé que la supervivencia siga en aumento en las próximas décadas, con lo que seguirán cambiando las tipologías de los hogares.
Entre muchos otros resultados de interés para las políticas públicas, nacional, regional y municipal, en los primeros cien días están el descenso de los nacimientos. ¿Qué previsiones educativas o de salud cabe hacer para mejorar la cobertura, distribución y calidad del financiamiento público en salud y educación? Sabiendo que llegarán a adultos mayores en el último cuarto del siglo XXI, ¿cuánto de lo que se haga por estos años incidirá en que lleguen a ese entonces en mejores condiciones que sus padres y abuelos?
Estas y otras ideas que evidentemente deben ser mejor planteadas pudieran servir para orientar un agresivo plan de difusión y uso, no solo para los distintos niveles de gobierno, sino también para la academia y para la sociedad civil. Si como dice el economista e investigador Javier Herrera, parafraseando a Antonio Raimondi, «el Perú es un mendigo sentado en un banco de datos», ningún recurso estadístico puede sustentar tanto el diseño, la implementación y evaluación de las políticas públicas para mejorar las condiciones de vida en el Perú como los resultados censales del 2025.
Ya en el tramo final del ciclo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que pone el énfasis no en el promedio, sino en visibilizar y superar las desigualdades subnacionales, no dejemos pasar la oportunidad de conocernos para decidir mejor. Para así hacer realidad lo que se decía al principio, que la nueva visibilidad estadística generada por los resultados censales derive en un mayor ejercicio de derechos.
[1] https://censos2025.inei.gob.pe/resultados
[2] https://infopoblacion.mimp.gob.pe
[3] https://impactlab.org/el-nino-heat-mortality-tracker/
[4] https://www.patamarilla.com/2026/10/a-quien-incomoda-la-demografia-iii-el-descenso-de-los-nacimientos-ii/