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El silencio de hoy, puede ser nuestro drama del mañana

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La izquierda peruana tiene algunas limitaciones históricas, que la distinguen de otros bloques políticos, y han atentado contra su crecimiento en los últimos 35 años, es decir desde la década del ochenta, para no irnos más atrás. Veamos algunas.

Quizás el primero de ellos sea el de la imposibilidad de construir la unidad, por cuanto los distintos grupos reclamaban para sí la pureza teórica, lo que los condujo a no tolerar la “desviación de derecha”. Para explicarnos mejor, las agrupaciones de izquierda que se han acercado al aun no proclamado Presidente de la República, estarían a la derecha de la organización política “Perú Libre”, por lo que siendo consecuentes con lo que Lenin escribió en “Qué Hacer”, “El partido se fortalece depurándose”, lo más probable es que más temprano que tarde comiencen las acusaciones y expulsiones entre los que apoyaron la campaña desde un inicio, y los recién llegados, lo que terminará debilitando aún más a virtual presidente. Hoy en día no existe la unidad programática, sino el acoplamiento a la oportunidad, desde ambos lados.

Otra limitación, es lo difícil que se les hace desmarcarse a algunos de las posiciones maximalistas, a pesar de que su vida real sólo se explica en el mundo liberal electoral; tener un discurso “ultra” confunde, especialmente a los jóvenes, que creen en lo que sus dirigentes dicen y los siguen más allá del abismo, quedándose ellos al borde del mismo, el ejemplo está en la historia, en Izquierda Unida de los ochenta, donde a pesar de los discursos y de la situación de violencia, los dirigentes que aparecían como radicales se quedaron en la palabra, pero, y ahí lo grave, tampoco fueron capaces de fortalecer la débil democracia, su contradicción existencial los terminó eliminando y con ello frustrando el proyecto que tanta ilusión despertó en la juventud de aquella época, situación que se agravó con la presencia de Sendero Luminoso, que pretendió convertir el terrorismo en acto político.

Un aspecto relacionado con ello es, por un lado, el proceso de elitización de algunas organizaciones, mientras que en otras, se cierra a los “cuadros del partido”, eliminando en ambos casos el desarrollo de la democracia interna; aplicando, mal, la teoría del partido de cuadros leninista, por eso, a pesar de todo lo transitado y de la experiencia acumulada, no han podido generar una organización partidaria sólida, alimentando, por el contrario, a los outsiders que recorren dicho espectro político. Ser inorgánico, o “independiente”, se convirtió así en una categoría política que generó un sujeto político mediático, y ser militante, en un sentimiento.

Pero si estas son las limitaciones estructurales, existen otras que son contingentes, como el creer que el proceso político peruano es igual que el chileno, desconociendo con ello la evolución de los estados nación de ambos países, así como la capacidad de dirección y hegemonía de sus élites. Es cierto, somos países próximos, con muchas vinculaciones históricas, buenas y malas, pero Chile no es nuestro espejo, ni nosotros el de ellos, y esta bien que sea así. Por lo tanto, que la Asamblea Constituyente se corresponda con la dinámica política chilena, no significa que ello también deba suceder en el Perú, quizás nosotros aún no estemos viviendo un momento constituyente, tan animado por quienes, conscientes o inconscientemente, quieren abrir la puerta del infierno. Para nosotros la actual coyuntura puede ser la gran oportunidad histórica para juntarnos como país, como nación, para resolver las tareas pendientes, de llegara a acuerdos de mediano y largo plazo, cediendo todos en aras de lograr que futuro que siempre se nos ha negado.

Relacionado con lo anterior, es la posición que asume en la izquierda, como bloque y dirigencialmente, respecto de los procesos políticos a cargo de algunos que equivocadamente dicen servir a los intereses populares, cuando en realidad lo hacen para una burocracia convertida en clase social, como criticaba Rudolf Baro en el socialismo realmente existente. Así, se debe ser claro en deslindar con el gobierno de Maduro en Venezuela, que nada tiene de democrático y socialista, lo mismo que el escandaloso fraude electoral que perpetró Evo Morales en Bolivia, y que fue denunciado por la OEA y otros organismos y veedores internacionales, o lo que viene haciendo Daniel Ortega y esposa, en Nicaragua, otrora ejemplar líder sandinista, y lo que en estos momentos esta sucediendo en Cuba, donde a los revolucionarios burocráticos se le está acabando el tiempo, por cuanto el cuento de echarle la culpa al otro ya no resiste más, porque hicieron inviable un país, condenando al atraso a millones de cubanos. Respecto de estos países, y de Cuba hoy, no se ha escuchado o leído un pronunciamiento orgánico alguno. ¿Por qué callar? No es mejor deslindar, para enviar un mensaje claro de que en el Perú eso no va a suceder, disipando así algunos temores.

El miedo, muy al estilo de Maquiavelo, ha sido el arma utilizada en esta campaña por los grupos de poder, habiéndose instalado en la mente de muchas personas, hecho que explica las marchas multitudinarias que realizan los que se oponen al candidato ganador, y donde no todos son fujimoristas; miedo que hay que disipar, con mensajes claros y fuertes, para que la gente no entienda que el silencio hoy de los líderes y organizaciones de izquierda, será el drama de mañana de todos los peruanos. Aún estamos a tiempo.

Alberto Retamozo Linares
Escrito por

Alberto Retamozo Linares

Columnista en Pata Amarilla.

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