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miércoles, febrero 8, 2023

Crecimiento económico, educación e instituciones

Por Renzo Vidal

“Querido Padre:
Tras una serie de varias y violentas oposiciones, por fin tengo una ley parlamentaria que me concede la propiedad de mi nueva máquina de fuego en toda Gran Bretaña y las plantaciones durante los próximos veinticinco años, puesto que ya existe una demanda considerable por ella” [James Watt, 1775].

Era la carta que escribió el creador de la máquina a vapor a su padre, en una era prodigiosa como fue la Revolución Industrial generada en Inglaterra, cuando surgieron grandes inventores desde Richard Arkwright, fabricante del torno de hilar a base de agua, hasta Isambard Kingdom Brunel, creador de toda una línea de barcos a vapor.
Pero las ideas novedosas y contrarias de cualquier época siempre son mal vistas, de hecho, hasta repudiadas. En ese tiempo, muchos inventores se quedaron en el camino, fracasando en su intento de revolucionar porque la sociedad no lo permitía, pensando que se les iba a arrebatar su valioso trabajo. En toda innovación hay ganadores y perdedores, en este caso los luditas, quienes destruyeron varias máquinas del sector textilería acusando a sus patronos de usarlas en desmedro de su esfuerzo.

Uno de los aspectos fundamentales que permitió a estos países generar crecimiento económico fue el rol que jugaron las instituciones en favor de la sociedad. Sendos trabajos de Douglas North en los años 70s tuvieron como objetivo abordar cómo las instituciones generan incentivos en los intercambios y elecciones, sea político, económico y social entre los seres humanos, lo que llamó como la nueva economía institucional.
Esta novedosa teoría, innovadora y desafiante, tuvo como pilares a un conjunto de ideas que definieron a las instituciones en base a reglas formales y no formales, con la finalidad de regular la interacción de los agentes económicos de una sociedad, y cuya meta fue generar mecanismos que aseguren su cumplimiento. En ese sentido, bajo esta nueva forma de pensar, se reducirían los costos de transacción y la información asimétrica que normalmente existen en todo mercado.

Entonces, ¿Cómo apoya la institucionalidad al progreso de las naciones? Como se sabe, el crecimiento económico se fundamenta en dos importantes factores de producción, siendo uno de ellos el capital humano. Para que este factor se desarrolle se necesitan algunos determinantes. Entre ellos se encuentra el ambiente empresarial, capaz de influenciar en sus trabajadores habilidades cognitivas, pero también las blandas que permitan activar la sinapsis de la innovación y el desarrollo entre sus colaboradores.

Y el siguiente, seguro el más importante, es la institucionalidad tanto de organismos políticos como económicos. Países con políticas públicas concretas que generaron una mejor educación fueron capaces de sembrar la semilla de la innovación dentro de su población, y por consiguiente crecer como economía. El ejemplo más visible es el sistema educativo noruego, uno de los mejores sistemas a nivel mundial, que se fija como objetivo que todos los ciudadanos reciban el mismo acceso a la educación.

Desde 1999 hasta el 2017, según cifras del Banco Mundial, Noruega ha mantenido como prioridad el gasto en educación, destinando el 7.1% en promedio anual de su erario fiscal. Menos de la mitad gasta Perú con apenas 3.1%. Ambas registran similares crecimientos anuales (0.7%), evidenciando entre ambos la importancia que dieron sus gobernantes durante ese período. Caso contrario es el de Costa Rica con 5.9% y cuya tasa de crecimiento anual fue 1.7%, es decir, más allá de quienes los gobiernen, hay un derrotero estratégico a seguir (Figura 1).

Figura 1


En ese sentido, ¿qué hacen los sistemas de educación exitosos basados en instituciones inclusivas y que generan crecimiento económico? La respuesta está en la estructura de la educación. Modelos avanzados construyen su educación considerada prioritaria o básica con cimientos de apoyo público, con un control de las condiciones iniciales del ser humano. A medida que éste se desarrolle, el componente privado comienza a jugar un rol más protagónico dado que muestra mejores especializaciones en diversas áreas, educando en función a las necesidades de la sociedad y perfeccionando las capacidades técnicas en niveles más avanzados.

Por lo tanto, si bien la educación es el pilar fundamental que permite un mayor crecimiento económico en el largo plazo, este no tendrá ningún efecto si es que reinan las instituciones extractivas, esas que solamente buscan el lucro de un grupo de personas. Si los gobernantes fijan sus políticas públicas en fortalecer las instituciones políticas y económicas en su conjunto guiadas por una estrategia como nación, seguro el bienestar será más duradero.

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