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La cepa original, el fujimorismo de siempre

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Por José Alejandro Godoy

En nuestras columnas anteriores, hemos hablado de las dos variantes del fujimorismo que le han restado votos y posicionamiento. Hoy nos toca volver a la cepa original, fundada en 1990, a la que Keiko Fujimori ha retornado como un viaje a la semilla.

¿Por qué este retorno? Luego de un quinquenio en el que quiso hundir cualquier legado del padre, Keiko volvió al redil albertista, junto con lo que quedaba de sus huestes. No solo medió el hecho que varios de sus asesores caídos en desgracia no pudieran estar junto a ella por disposición judicial, sino también que en la cárcel parece haberse dado cuenta que auparse al espíritu de cruzada de López Aliaga le hubiera significado acelerar una extinción que se veía en el camino, dada su situación carcelaria.

Pero dicho retorno también es la constatación que, como dijo Kenji alguna vez, dicha estirpe tiene futuro aún en la política por el hecho de tener el apellido Fujimori consigo. La marca sigue asociada, en ese núcleo duro que ahora mantiene a algunos de los legados revindicados del gobierno de la década de 1990: su supuesto rol en la derrota de Sendero Luminoso y el MRTA, las reformas económicas, la paz con el Ecuador y la cuota clientelista que ese sector político ha enarbolado como bandera.

Ello lleva a que también la representación familiar crezca. Con la posibilidad de no poder acudir a provincias, Sachi Fujimori aparece con un rol político desconocido en ella y comienza a presentarse en entrevistas, ante la imposibilidad fáctica que sus hermanos varones – Hiro vive en Japón y Kenji permanece distanciado de su núcleo familiar – puedan asumir dicha línea de sucesión. Mientras, Alberto comienza a publicar sus memorias en medio de un boom de libros políticos que han atraído la atención del público más curioso en estos temas, con una editorial formada por su hija menor (Disclaimer: soy autor de un libro que contradice la versión oficial de los Fujimori sobre ellos mismos).

En ese recurso a la identidad, Keiko Fujimori ha mantenido intactas sus posibilidades de pasar a la segunda vuelta. Pero también le ha jugado a favor el hecho que sus dos rivales tuvieron presentaciones bastante fatales en los debates y entrevistas lamentables. Sin embargo, a pesar de ello, Hernando de Soto hoy le disputa electorado, sobre todo en un público para el que la palabra Fujimori comienza a ser mala y disocia lo hecho por los técnicos de su gobierno de la familia que les dio cobijo.

Fujimori ha optado por una personalidad más suave, en la que busca ya no ser la villana del cuento. Sin embargo, en algunas apariciones ha tenido también yerros. Su plan de salud y reactivación ha sido duramente criticado por acercarse más a las posiciones anticuarentena que terminan arriesgando la vida y, además, la ausencia de una autocrítica por la participación de Ernesto Bustamante y Alejandro Aguinaga en dos episodios lamentables vinculados a las vacunas. Además, no ha sido capaz de hacer una reflexión seria frente a su comportamiento durante el período 2016 – 2020.

Estos últimos errores deberían ser sacados por sus rivales. Les quedan pocos días.

Jose Alejandro Godoy
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Jose Alejandro Godoy

Columnista en Pata Amarilla.

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