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viernes, mayo 24, 2024

Cambio, pero ¿Qué cambio? Razones y emociones en segunda vuelta

Por Beatriz Llanos

Desde los estudios del comportamiento electoral las motivaciones del voto son diversas, entre ellas la identificación partidaria o ideológica, los cálculos racionales sobre los beneficios para los votantes de propuestas en temas específicos, el propio perfil de los candidatos/as y también factores relacionados con la emoción como el miedo, la rabia, la esperanza y el rechazo. Desde la comunicación política, se suele afirmar que si la demanda de un cambio del estatus quo se instala en la sociedad quien lo encarne o capitalice tiene más opciones de llevarse una elección.

Más allá de las distancias en la intención de voto en las que ahora Pedro Castillo lleva la delantera, las tres últimas encuestas publicadas -IPSOS, DATUM e IEP- dan indicios de cómo se está construyendo esta nueva decisión. Según la encuesta del IEP (25 de abril) las principales razones por las que se votaría por Castillo son: “por sus propuestas” (18%); “antifujimorismo” (11%); “representa un cambio” (10%); “es nuevo en política” (10%); y “cambio de Constitución” (8%). El factor cambio representa un 28%.

En el caso de Fujimori: “por ser anti: izquierda, socialismo, comunismo, extremismo” (18%); “por ser mujer” (11%); y por la “estabilidad económica/no afectará la economía” (8%). El miedo a un cambio radical representa un 26%.

La encuesta de DATUM (30 de abril) lo ratifica: 59% de los votantes de Fujimori la prefieren porque rechazan a Castillo. Como trasfondo, el pasado autoritario del Fujimorismo, pero también las propuestas autoritarias y contra la institucionalidad de Perú Libre.

Si, como parece, la demanda de cambio está instalada ¿qué tipo de cambio está pidiendo una parte del electorado? Una Asamblea Constituyente no parece ser en sí misma el cambio fundamental exigido, pues incluso ha bajado como razón del voto por Castillo respecto de la primera vuelta. Respecto del modelo económico, según la encuesta de IPSOS (2 de mayo), 32% quiere cambios radicales; 54% cambios moderados y 11% que continúe el modelo económico. Hace unos días Hernando de Soto en diferentes pronunciamientos públicos abogó por una vía intermedia: ni una economía dentro de un régimen comunista, ni una de mercado mercantilista sin inclusión.

Intensamente criticado por atribuirse la capacidad de transformar a ambos candidatos, por su alusión a garantes internacionales y por no definir un llamado al voto en función de las expectativas de cada sector contendiente, no se debería perder de vista el mensaje de fondo. Durante varios años se sacó de la pobreza a importantes sectores de la población en momentos en que el país experimentó altos crecimientos macroeconómicos por el precio de las materias primas y la inversión privada. Con la desaceleración económica y la pandemia los avances parciales en la solución de profundas desigualdades estructurales parecen ahora un lejano espejismo. Este Estado no ha sido capaz de consolidar la igualdad de oportunidades y la calidad en materia de educación, salud, seguridad, servicios públicos e infraestructura desde lo público. Ineficaz en la gestión en lo nacional, regional y local. Ha abdicado de regular los excesos del mercado, en particular, las posiciones dominantes. Y ha mostrado corrupción en todos sus niveles.

El “No más pobres en un país rico” de Castillo cierra el debate de Chota y resume su estrategia: conectar con la rabia y la frustración en base a mensajes cortos, generales y polarizadores para mantener su intención de voto. Pocas propuestas puntuales pues los planes y los equipos no son lo suyo. Dijo no ser de lo que lo acusan, no dijo lo que es, aunque se intuye. El pueblo dirá, reitera cada vez que puede.

Fujimori apeló al miedo al comunismo, hizo propuestas segmentadas orientadas a sectores que le son adversos (sector rural, de menor capacidad económica y jóvenes, por ejemplo). Y estrenó “el cambio hacia adelante” que habrá que ver si la aleja de la lógica del modelo inamovible. En ambos casos hay que cuantificar la viabilidad presupuestaria de las propuestas.

Finalmente, aunque la rabia, el anti y el miedo activan votos, son insuficientes para generar gobernabilidad, consenso, inclusión y caminar hacia la efectividad de derechos básicos en un Estado subsidiario que promueva la actividad privada.  En suma, ir hacia un equilibrio entre lo social y el mercado.

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