Pata Amarilla Pata Amarilla

De los Andes al desierto en ojotas

5 min de lectura
Parte de Guerra con Chile N° I:

A la inmediata convocatoria y orden del Estado Mayor del Ejército Nacional, dirigida al mando regional, en los primeros meses del año 1,879, el Teniente Coronel Andrés Avelino Cáceres, Prefecto del Cusco; cientos de jóvenes y naturales del Cusco, dejaron sus estancias y otros sus comunidades, ayllus, caseríos, talleres, colegios y universidad, para enrolarse en los distintos batallones y marchar rumbo al sur a defender a la patria en peligro; Chile el 14 de febrero de 1,879 había ocupado Antofagasta territorio boliviano.

Entre los que más destacó en el Cusco, fueron las partidas de los históricos batallones Zepita y Huascar conformados por soldados de Canas, Canchis, Chumbivilcas, Urubamba, Paucartambo, La Convención, Anta y Calca; Granaderos del Cusco y Paruro; Cazadores del Cusco, Acomayo, Quispicanchi; Gendarmes; Federales, el Batallón Granaderos en el que estaban estudiantes del Colegio Nacional de Ciencias fundado por el Libertador Simón Bolivar, así como el ejemplar Batallón de los Artesanos; todos marcial y livianamente avituallados surcaron por los caminos rumbo al altiplano, en cuya trayectoria recibieron la solidaridad y el reconocimiento de las familias, en todos los pueblos.

Forjados en la conciencia patriótica, se alistaron y desfilaron ante la mirada y despedida triste de sus madres y padres, que comprendieron que entre la sangre y la patria, estaba por delante el honor de la nación; los nuevos reclutas tenían la bravura de la raza y marchaban templados, recios y altivos; otros un poco asustados y temerosos, para cumplir con la leva o reclutamiento obligatorio, que señala la ley al que fueron sometidas estas nuevas generaciones, en las poblaciones comuneras y campesinas, en los barrios populares en las ciudades del sur peruano.

Los grandes ausentes los hijos de los ricachos y terratenientes, que se ocultaron en sus casas y haciendas, otros viajaron apurados al extranjero a “iniciar” estudios profesionales; fueron muy pocas familias de estos sectores de comerciantes y adinerados que se alistaron como oficiales y clases en las tropas. Las clases dirigentes regionales al igual que las nacionales, brillaron y destacaron por su falta de compromiso con la patria; los señoritos eran muy varoniles solo en las fiestas y carnavales pero en la vida real no tenían esos atributos de una clase heroica.

La tropa es un auténtico Ejército Popular, pueblo en armas que llegan a la guerra sin entrenamiento y preparación, en las artes y estrategias de las batallas y acciones militares, por falta de tiempo y la urgencia de los hechos; marcharon desde el Cusco a pie y mayoritariamente descalzos, algunos con sus ropas de bayeta, más de ochocientos kilómetros hasta el Cuartel General en Arequipa, del reciente creado Ejército del Sur, que se encuentra bajo vuestra conducción.

Junto a los nuevos reclutas viajaron en muchos de los casos también sus mujeres e hijos, sus hermanas o madres, cargando sus ollas con alimentos y ropas para el frio; los oficiales eran conscientes que el nuevo ejército en construcción, carecía de logística, armas, uniformes, cocinas y alimentos; en verdad la larga marcha era una tropa de soldados y mujeres soldados que ejercían las funciones alimentarias y enfermería; los primeros que sacrificaron sus vidas en esta guerra fueron los niños, que sucumbieron las inclemencias del frio con bronco pulmonía o los estomacales por la precariedad de la limpieza en el traslado hacia el teatro de operaciones.

Luego de los trámites burocráticos, la milicia cusqueña junto a las tropas comuneras de Puno y otros conformaron la Primera División del Ejército del Sur bajo las órdenes del Coronel Belisario Suárez, compuesto básicamente por los Batallones Zepita y 2 de Mayo; unos fueron embarcados a Iquique desde Mollendo para llegar al reciente creado Departamento de Tarapacá; otros reemprendieron las marcha otros cuatrocientos kilómetros a las tierras desérticas del sur del país; avistando y reconociendo por primera esto nuevos escenarios de guerra carentes de refugios y agua, que la sellaran con el baño de sangre posteriormente.

En todo ese trayecto de miles de kilómetros, con los recuerdos del hogar y los amores juveniles encargados, solo recibieron las enseñanzas patriarcales del Teniente Coronel Andrés A. Cáceres, que les hablaba en runa simi, en el idioma de los naturales; comiendo ch’uño y ch’arki, bebiendo mate de hojas de coca que preparaban sus hermanas y sus madres, junto al pie de las fogatas para disipar el frío y la helada de las punas, el Tayta Cáceres era el único consuelo y para todos la única seguridad humana y militar; a sus 42 años era un legendario combatiente de la Guerra contra España y Ecuador, conocía todo el sur peruano, desde sus años mozos en que acompañó al Ejército Liberal del General Ramón Castilla; para unirse a esta gesta había dejado sus estudios universitarios y se incorporó con el grado de Sub Teniente de Infantería a las tropas libertarias.

Los nuevos soldados comuneros, como hijos y herederos de auténticos guerreros como Pachakuteq y Thupa Amaro, tienen en la sangre el valor y el compromiso, aprenderán muy rápida y fácilmente, el arte y la disciplina de la milicia nacional para defender al país de esta agresión territorial que enfrentamos a Chile y sus patrones del Imperio Inglés.

(Foto: Cortesía familia Álvarez de la Provincia de Espinar Cusco).

Jesus Manya Salas
Escrito por

Jesus Manya Salas

Columnista en Pata Amarilla.

Ver más artículos de Jesus Manya Salas →

Deja un comentario

Pata Amarilla Stream
En todas las plataformas