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viernes, mayo 17, 2024

ELECCIONES: La plurinacionalidad en cuestión

Los resultados electorales analizados desde las diversas perspectivas económicas, sociales, territoriales, culturales, han reflejado la emergencia de la plurinacionalidad en el Perú; somos diversas realidades como pueblos y naciones, en el macizo de los Andes, en la Amazonía y en los pueblos costeros y marítimos.

 

No fue una casualidad que Pachakuteq Inka Yupanki, comprendiendo y respetando esa diversidad histórica y territorial proyectara una Confederación de Regiones, que se reconoce como el Tawantinsuyo; una forma organizativa del poder constituyente y emergente de los Inkas desde el Qosqo.

 

La irrupción del modelo colonial proveniente de España, fracturó y desconoció esa realidad, pero no la pudo desaparecer; como forma de resistencia y ante la ofensiva colonizadora por la vía de las armas y la iglesia, los pueblos y culturas se mimetizaron y subordinaron temporalmente; cuando pudieron expresaron su rebelión, con Juan Santos Atawallpa que convocó a los antis y quechuas en su enfrentamiento al virreynato en marcha; Thupa Amaro que construyó una sólida alianza de Qheswas y Qollas en su gesta revolucionaria, involucrando a mestizos y criollos en las ciudades.

 

La República no toco la configuración colonial por la vía de la República Aristocrática y la República Oligárquica, siguió como República de Criollos, desconociendo la existencia de pueblos y naciones originarias a quienes los ubicó en los “Andes y Amazonías cerradas, premodernas, inviables, arcaicas” sin ningún derecho; hasta las carreteras y escuelas fueron esfuerzos comunales ante la inexistencia del Estado.

 

Como los procesos sociales no se estancan, surgieron cientos de rebeliones en defensa de sus derechos, centrados básicamente en la recuperación de la tierra; no solo en el tema de la tenencia y propiedad, sino también como una búsqueda y acceso al circuito económico y desarrollo comercial de entonces. Por ejemplo la guerra de los ayllus y las comunidades en el Sur del Perú, luego de la Guerra con Chile, desplegó banderas para recuperar la propiedad de sus tierras usurpadas por el latifundismo, pero acompañaron sus reclamos en el derecho a participar en las ferias y mercados dominicales, para vender sus productos de hilo de alpaca y lana de oveja. Buscaban superar el latifundismo agrario e incorporarse en el sistema comercial que expandía el capitalismo tardío por dichos lares, con la ampliación del ferrocarril y la exportación de los textiles.

 

La reforma agraria promulgada por Velasco Alvarado, más allá de sus limitaciones, en no haber complementado las transformaciones en el sistema productivo, tecnológico, comercial; democratizó la economía y permitió incorporar a los pueblos andinos, costeros y amazónicos, al sistema económico y sus consecuencias sociales y políticas; pasaban de simple habitantes a una nueva condición de ciudadanos. Ese proceso de modernización empezó a ser una realidad, a pesar del bache y la pesadilla temporal que originó las acciones de Sendero Luminoso.

 

No es cierto el Informe de Uchuraqay que presidió Mario Vargas Llosa, cuando señala que la comunidad tomó la vida de los periodistas, por su atraso cultural y autarquía; lo real es que los iquichanos, cansados del senderismo que había prohibido la circulación de sus productos con otras ferias comunales y distritos, se plegaron en una alianza con los militares y victimaron a los periodistas lamentablemente. El engañoso Informe Uchuraqay, se ha convertido en el relato oficial en la política, cultura y literatura, que fomenta y argumenta la existencia de dos países irreconciliables y fracturados; la de los criollos modernos y los andes anacrónicos, que solo puede ser vencido por la modernidad por la vía de la extinción o la imposición del modelo económico; prohibiendo toda posibilidad a la verdadera y propia modernidad andina y amazónica a que tienen derecho.

Por ejemplo la PCM, Defensoría del Pueblo y muchas ONGs, cuando aplican sus políticas de “diálogo y solución de conflictos” parten del criterio que la incrustación de un campamento minero, es la llegada del progreso y el desarrollo en el marco de comunidades cerradas y estancadas; unos para justificar la inversión y los otros para defender la intangibilidad conservadora; con esta lógica las entidades públicas siempre piden “comprensión, paz social, sacrificio” a los pueblos para incorporarse a la modernidad y aceptar las imposiciones de las empresas; mientras que la reacción de las ONGs ambientalistas es el status quo, defender una comunidad emblemática e idealizada que no existe en la vida real.

 

La elección de Pedro Castillo, ha roto ambas lógicas tanto a la imposición monopólica y a la del patriarcalismo de las ONGs, sus representaciones políticas por el lado del gran capital vía Fujimori, Renovación Popular y Avanza País fueron rechazados; del mismo modo que el Frente Amplio desapareció y JP cosechó muy pocos votos en estos sectores a pesar de su compromiso con las demandas de estas regiones.

 

A diferencia del Perú en Bolivia y Ecuador, la Plurinacionalidad tiene rango constitucional de reconocimiento y derechos fundamentales, conquistados por su larga trayectoria movilizadora y representación política; Chile acaba de inaugurar una nueva etapa de su vida, al encargar la Presidencia de su Convención Constitucional a una mujer y lideresa Mapuche, un símbolo que la plurinacionalidad ya es parte de la agenda y realidad política en la izquierda y derecha chilena.

 

En el Perú los pueblos y naciones, producto de su diversidad que es una riqueza, todavía tienen la debilidad de la fragmentación y el caudillismo al no poder articular sus organizaciones y representaciones políticas, a diferencia de las organizaciones en Bolivia, Ecuador y Chile. Por ahora fue el voto la única forma que expresó esta realidad plurinacional y que debiera ser motivo de una reflexión y perspectiva, para romper el cerco que construyen las enclaves económicas que trae el neoliberalismo, así como el cerco cultural y patriarcal que proviene de la izquierda cultural, que mimetiza conservadoramente a los pueblos tras el discurso “originalista” y nada contaminado. Estrategia defensiva que paraliza una modernidad andina y amazónica propia a que tienen derecho los habitantes de estos territorios.

 

El Gobierno de Pedro Castillo, debe ser una gestión o espacio en disputa para la agenda de la plurinacionalidad; es la única forma que se tiene como respuesta y transformación del Estado Criollo que subsiste travestido con la modernidad neoliberal.

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