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sábado, diciembre 3, 2022

Resistir y re-existir: Un Chile feminista y plurinacional es posible

Sofia Esther Brito y Francisca Keller

 

Crecimos en un país donde la supremacía blanca se expresaba en todo el sistema educativo. Donde la desigualdad era lo que nos había llevado a ser “el jaguar de Latinoamérica”.  Donde la masacre contra el pueblo mapuche se enseñaba en las clases de historia como ‘pacificación de la Araucanía’, y la televisión repetía los discursos criminalizantes, tratando a nuestras hermanas y hermanos como terroristas.

 

Crecimos en un país que se consideraba una ‘nación unitaria’. La Constitución de 1980 delimitó la participación política. Secuestró la democracia a través de un sistema binominal de partidos políticos y quórums contramayoritarios que no permitían modificar la Constitución ni las principales leyes. La dictadura se legitimó y su proyecto de país se llevó a la práctica mediante el avance del modelo neoliberal en ‘democracia’. Para que los ricos pudieran hacerse más ricos se torturó, asesinó e hizo desaparecer a miles. Se disolvieron los sindicatos, las juntas de vecinos, los espacios de encuentro. Se nos dijo que los pobres eran pobres “porque querían”. Se nos dijo que las reformas económicas traerían “progreso”. Que los valores de un país eran la competencia, la meritocracia, la excelencia, el apellido y los posgrados extranjeros.

 

Nuestras abuelas y madres resistieron desde las ollas comunes. Sin derecho a la salud, educación, vivienda, ni autonomía de sus cuerpos. Nosotras, vivimos las contradicciones del mito de la soledad y la familia como núcleo fundamental de la sociedad. Ese que nos decía que teníamos que “ser las mejores” en el trabajo y supermamás en la casa. Que el éxito se medía en la cantidad de años de matrimonio. Pero resistimos. Resistimos en comunidades. Resistimos en las calles. En cada protesta resistimos.

 

La resistencia de los pueblos originarios. La resistencia de las luchas estudiantiles, medioambientales, sindicales, feministas. La resistencia de las zonas de sacrificio. La resistencia contra toda forma de precarización del neoliberalismo configuró la revuelta popular del 2019. Este país alargado de Abya Yala se cansó de ser un pasillo, una sala de espera.

 

El domingo 4 de julio de 2021 comenzó a construirse la primera Constitución democrática de la historia de estos territorios, y su presidenta es una profesora mapuche. La Convención Constitucional está compuesta por 155 integrantes, y 96 votaron por Elisa Loncón, quien en su primer discurso da cuenta cómo este nuevo tiempo, esta nueva estación conlleva una transformación en el lenguaje de la política. Nos dice: vamos a construir un Chile plurinacional, un Chile intercultural, un Chile que no atente contra los derechos de las mujeres, los derechos de las cuidadoras, un Chile que cuide la Madre Tierra, un Chile que limpie las aguas, un Chile libre de toda dominación. 

 

La Convención Constitucional se plantea, en palabras de su presidenta, como un proceso participativo y transparente, que podrá verse desde todos los rincones y oírse aquellas lenguas originarias que quedaron enterradas bajo el colonialismo del Estado chileno. Sería un proceso que considere a las niñas y niños. Que transforme las instituciones desde la tecnocracia, desde la élite de unos pocos privilegiados hacia la ética del cuidado.

 

Es por ello que las condiciones democráticas son centrales para su desarrollo. Desde el momento de su instalación, la mayoría de las y los constituyentes dejan en claro que este momento de creación constitucional no puede ocurrir en condiciones de represión policial, y que debe discutirse la situación de las y los prisioneros políticos del pueblo mapuche y de la revuelta de octubre. Sin embargo, en razón de estas garantías mínimas, las fuerzas conservadoras ya levantaron el primer boicot contra la Convención, y hoy lunes 5 de julio esta no pudo sesionar por “problemas técnicos” del edificio gubernamental que se determina para su funcionamiento.

Probablemente tengamos que seguir resistiendo, pero no nos vamos a soltar, no nos vamos a dejar de preguntar las condiciones para nuestra re- existencia. Para vivir y no solo sobrevivir. Para que esta Convención sea la urdimbre de una vida otra, una vida digna de ser vivida para nuestros pueblos.

 

Sofía Esther Brito y Francisca Keller
LUCILA/Tecnologías feministas e innovación ciudadana

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