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miércoles, abril 17, 2024

Reforma agraria versus transformación agraria

Existe ya una desazón muy preocupante en el país por el actuar totalmente irresponsable del Profesor Castillo, pues lamentablemente insiste en aplicar tesis absolutamente fracasadas y superadas hace mucho tiempo, que sólo traerán consecuencias nefastas que deberán, lastimosamente, sufrir a quienes irresponsablemente se dice querer proteger, una de ellas, y muy preocupante, es la no hace mucho relanzada y llamada segunda “reforma agraria”, que numérica y documentalmente sólo trajo pobreza, atraso y miseria al país y a los agricultores, pues sostener lo contrario, sólo se puede consumar amparado en absolutismos y dogmas sin sentido, sin soporte económico alguno y sorprendiendo la buena fe de quienes por atraso aún creen en “mesías” que generan confianza vacía, sin tener soporte racional ni inteligente alguno que ampare sus insensatos credos.

Así, debemos tener en cuenta que en el Perú de hoy, de las más de siete millones de hectáreas dedicadas a la agricultura, el 95% está a cargo de pequeños minifundistas, pequeños agricultores que viven en situación de pobreza, los que en buena cuenta son los tristes usufructuarios de la funesta primera reforma agraria, por ello es innegable que el agro en su enorme mayoría vive en penuria como resultado directo de esta reforma impulsada por el Dictador Juan Velazco Alvarado, al que, increíble e irresponsablemente, se quiere imitar. Contrariamente a ello, y dados los cambios de régimen económico que en el Perú tenemos, sostenidos en la tan cuestionada Constitución del año 1993 que hoy se pretende dinamitar por el partido de gobierno, en nuestro país tenemos una agricultura sostenida sólo en el 5% del total de tierras con capacidad para cultivos agrícolas que crece, se desarrolla, reduce pobreza, invierte, genera prosperidad en donde se implementa, genera puestos de trabajo, mayor recaudación y, por tanto, mayor bienestar colectivo, que es la agricultura exportadora, que con sólo en esa diminuta porción de nuestras tierras agrícolas, ha logrado convertir al país en una potencia agroexportadora.

Así tenemos que el Perú ha pasado de exportar 650 millones en productos agrícolas a más de 7,000 millones, que ha producido además, más de 1 millón de puestos de trabajo “formales”, cosa que la reforma agraria ni por asomo puede exponer, sino todo lo contrario. Por tanto, es absolutamente preocupante que se pretenda relanzar una reforma fracasada, obsoleta e inútil, que generó más de 2.2 millones de parceleros que en su mayoría no tienen títulos de propiedad, no son sujetos de crédito, que con suerte subsisten muy pobremente, que sólo trabajan para abastecer a los grandes recolectores de las ciudades, que no cuentan con agua permanentemente, sorprendiendo su buena fe, pues sólo escuchan dogmáticamente que son pobres porque son explotados, o porque los ricos no los dejan crecer, porque el imperio lo impide, o porque la derecha abusiva así lo ha establecido, lo que es absolutamente falso, sin lograr visualizar cuales serían las verdaderas y permanentes soluciones a su precaria realidad.

Lamentablemente, esta conducta sólo acredita, además de ignorancia, mala fe y abuso en contra de las clases más oprimidas de nuestro país, pues no se dice la verdad, que la agroexportación genera bienestar, que ha logrado colocar los bienes agrícolas que el Perú produce en un mercado de más de 6,500 millones de personas, en el mundo entero, en los cinco continentes, que ha generado, además, más de 20,000 millones de dólares en inversión, lo que de modo alguno es pernicioso o malo para el país y sus ciudadanos. Tampoco en esta “nueva” reforma agraria, vacía, improvisada, sin programas ni ideas consistentes, se visualizan, y mucho menos se atienden, los verdaderos problemas de la enorme mayoría del agro en el Perú, que son la falta del agua permanente todo el año, la falta de tecnología de riego y de fertilización; y, finalmente, la falta de carreteras y caminos en la Sierra y Selva del Perú, que es el trabajo en que debería centrarse una verdadera, pensada y responsable transformación agraria, que debiera permitir extender la agroexportación a todas las zonas agrícolas del país, para generalizar sus enorme beneficios.

Innegablemente, los agroexportadores han logrado muy destacados niveles de productividad y excelencia que les ha permitido crecer sólida y sostenidamente, pero además, sin intervención alguna del estado, han generado, en beneficio de muchos empobrecidos campesinos, establecer encadenamientos productivos, con los que les transfieren tecnología y mercados, lo que les ha permitido prosperar y mejorar sus ingresos y niveles de vida, como sucede, por ejemplo, entre los pequeños agricultores de palta de Huancavelica, Ayacucho y Apurímac articulados con las empresas agroexportadoras iqueñas. Lo mismo pasa con Olmos y los pequeños agricultores de Cajamarca y de Chavimochic con los granjeros de La Libertad.

Por ello, es fundamental trabajar en una verdadera “transformación agraria” que permita que la exitosa agricultura exportadora peruana, basada sólo en el 5% de los terrenos agrícolas del Perú, se extienda al 95% restante, y no como se ha hecho ahora increíblemente, excluyéndola; permitiendo por tanto, que esta agricultura exitosa se extienda e implemente en la sierra y selva del Perú, para lograr, de verdad, mitigar la pobreza y la desigualdad en estas regiones, donde están estos inaceptables bolsones de pobreza, lamentable y permanentemente sorprendidos y abusados por quiméricos líderes irresponsables e iletrados que solo buscan, en buena cuenta, su beneficio personal y de su entorno cercano. Esta sí que es una tarea pendiente y urgente que debiera atenderse inmediatamente, sin politiquería populista irresponsable, insensata y perniciosa.

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