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lunes, septiembre 26, 2022

Kast, la nostalgia del orden

“Comme les vagues érodent lentement les digues construites au long de la mer, les nouvelles du dehors affleurent, assiégeant lentement le domaine qui voudrait échapper à l’épreuve du réel”

(Moïsi, 2017, p. 97)

 

En su brillante libro La géopolitique des séries ou le triomphe de la peur, Dominique Moïsi analiza algunas series de televisión en clave simbólica. Recurriendo a una novedosa síntesis entre la Psicología y las Relaciones Internacionales, encuentra en ellas nuestros miedos, inseguridades y nostalgias: el miedo que nos producen los actos terroristas, la inseguridad frente al futuro de nuestras democracias y la nostalgia de un orden social que se desvanece frente a nuestros ojos. La cita que elegí proviene de la sección dedicada a Downtown Abbey. En esta serie, una familia británica de élite se ve avasallada por los cambios de principios del siglo XX. La Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa, el caos general en Alemania tras su derrota en la guerra y la elección de un Primer Ministro laborista en el Reino Unido son cambios muy profundos y difíciles de asimilar para los protagonistas, pues anuncian el final de un mundo conocido y el inicio de algo que, por desconocido, genera enorme temor.

Pienso que esta figura del cambio profundo que amenaza la vida tranquila (le monde monte à l’assaut du château, en términos de Moïsi) estuvo presente en las últimas elecciones peruanas y ha vuelto a aparecer en las elecciones chilenas. José Antonio Kast, el candidato del Partido Republicano que obtuvo el 27, 9% de los votos en la primera ronda electoral, articuló su programa alrededor del valor del orden. Luego de unos años bastante complicados para Chile debido a las movilizaciones sociales, el conflicto en la Araucanía, el incremento de la inmigración irregular, la pandemia, el inicio del proceso constituyente, entre otros, Kast se presentó a sí mismo como un líder restaurador de “la paz, el orden, el progreso y la libertad». En contraste con las propuestas de cambio profundo planteadas por Gabriel Boric, Kast apeló a elementos tranquilizadores como el orden, la seguridad, la familia y la continuidad de las políticas económicas que sustentaron el crecimiento de Chile. Es más, en la sección introductoria de su programa, le reprochó a la “derecha tradicional” representada por Chile Vamos el no haber combatido a tiempo las ideas de cambio radical.

Al día siguiente de la primera ronda, la sección internacional de El País titulaba “El orden o el cambio”, haciendo referencia a las visiones opuestas representadas por las dos candidaturas que competirán en la ronda decisiva el 19 de diciembre. El 24 de noviembre, la investigadora Carolina Segovia, de la Universidad Diego Portales, señaló en un evento organizado por la Universidad de Salamanca que hubo una marcada diferencia entre los valores defendidos por ambos candidatos. Aplicando los términos de Inglehart, señaló que Boric articuló su campaña alrededor de valores post-materiales como la ampliación de derechos y la participación social; apeló a los votantes jóvenes e incluyó en su programa las demandas de movimientos sociales como el feminismo, el ecologismo y el movimiento en favor de los pueblos originarios. Kast, en cambio, se centró en la seguridad como principal valor material. En el mismo evento, el investigador Miguel A. López, de la Universidad de Chile, vinculó este tipo de discurso con el incremento de la preocupación por la delincuencia y el narcotráfico, especialmente entre los ciudadanos de mayor edad y mayor nivel socioeconómico.

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Kast representa, por lo tanto, la nostalgia de un orden que, debido a los cambios sociales de los últimos años, se va desvaneciendo. La defensa del orden es importante, sobre todo cuando se refiere a la lucha en contra de actos que se oponen a la ley. Sin embargo, cuando el valor supremo del orden es invocado para oponerse férreamente al cambio o para justificar propuestas exageradamente simplistas (como cavar una zanja en la frontera para evitar la inmigración irregular o plantear que la ruptura de relaciones diplomáticas con Cuba y Venezuela contribuirá al restablecimiento de la democracia en dichos países) se convierte en un motivo de preocupación. Si bien aún es muy pronto para señalar cómo evolucionará su discurso de cara a la segunda ronda, Kast nos ha planteado a todos una cuestión muy importante. La confrontación con la nostalgia nos interpela sobre cómo gestionamos el cambio. Y, en este caso, nos ha mostrado que aún nos cuesta encontrar el equilibrio entre quienes defienden transformaciones radicales y quienes exaltan las virtudes de un pasado al que, por más que se quiera, ya no es posible regresar.

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