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jueves, enero 20, 2022

El fenómeno de la migración sigue vigente en el mundo. Salir de su país natal para establecerse en otro no es una novedad de nuestro tiempo. Siempre existió. Es la propia vida la que motiva los movimientos de emigrar (salir) para inmigrar (entrar), en la mayoría de los casos alentados por las carencias materiales o las amenazas, o restricciones, a las libertades y creencias de las gentes. El desempleo, el hambre, no poder practicar mi fe o hacer lo que me plazca, son los pretextos usuales. La literatura, como es natural, no ha sido indiferente a esa realidad, lo suficientemente enigmática como para no haber despertado el genio creativo de algunos escritores. Uno de ellos ha sido Georges Perec, autor del libro “Ellis Island”, recientemente reeditado, el cual motiva el presente comentario.

Hay una primera duda, todavía no resuelta: cuál es el género de la esta obra de Perec: ¿poesía, prosa, ensayo? No está claro. Lo que sí se puede afirmar es que “Ellis Island” es, como su propio autor, un libro inclasificable, hasta híbrido se podría decir.

Hacia mitad del siglo XIX se desencadenó un entusiasta proceso migratorio de Europa hacia Estados Unidos. Millones de polacos, italianos, franceses, ingleses, suecos e irlandeses, entre otros muchos griegos y turcos, iniciaron el viaje hacia América, la tierra prometida. La travesía se iniciaba desde los diversos puertos europeos, duraba algunos meses y terminaba, principalmente, en Nueva York, en un islote conocido como Ellis Island (por eso el título del libro), ubicado a escasa distancia de la Estatua de la Libertad.

Los emigrantes europeos descendían al local especialmente habilitado para recibirlos: eran revisados por los médicos para confirmar que estaban sanos; luego se verificaban sus datos personales para ser registrados (nombre, nacionalidad, edad) y al cabo de algunas horas salían de Ellis Island como inmigrantes para iniciar su nueva vida. De allí nace el sueño americano: Estados Unidos como el país de las oportunidades para los migrantes.

Georges Perec, un escritor francés caracterizado por ser un transgresor, o mejor dicho, un espíritu en permanente innovación y, por qué no decirlo, de natural extravagancia, es quien nos entrega este relato. Aunque falleció joven (a los 45 años), deja un interesante legado literario, pero sobre todo un notable y original libro, “La vida instrucciones de uso”, que mereció muchos elogios y no menos reconocimientos en el mundo entero.

En “Ellis Island”, Perec lo que hace es combinar el desarraigo (léase abandonar la tierra donde uno nació, y la familia), la incertidumbre y la esperanza. No se trata de un libro grandilocuente; todo lo contrario: es escueto, concreto, pero lo suficientemente sustancioso para transmitir las pulsiones de aquellas gentes que cruzaron mares para buscar algo mejor. Las reflexiones que se vuelcan son meras especulaciones que cobran sentido y se convierten en verosímiles ante el tamaño de la aventura.

Georges Perec escribe “Ellis Island” como un guion para un documental, el cual efectivamente se realizó bajo la dirección cinematográfica de Robert Bober, pero tiene tanta esencia literaria y reflexión puntual que se ha convertido en el libro que es, indefinido, pero obra de arte al fin.

Cuando se termina de leer “Ellis Island”, no queda más que pensar en los potentes impulsos que animaron a los 14 millones de migrantes europeos que, según las estadísticas de Perec, ingresaron a Estados Unidos entre los años 1892 y 1924 para hacer realidad sus sueños. Y, asimismo, se puede concluir que no obstante el tiempo transcurrido, el fenómeno migratorio actual, aunque probablemente más dramático y de más gentes en el mundo, sigue pareciéndose al de aquellos lejanos días.

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