Por Jesús Manya
Tenían que ganar a cualquier costo las elecciones municipales otra vez; a diferencia de campañas anteriores, ahora tenían el apoyo del gobierno y de empresarios corruptos.
Para asegurar la re-re-elección como la de Fujimori, convidaron parrilladas a cada elector.
Y en una ostentación victoriosa clavaron en la puerta tres cabezas de toros adornados con cintas, flores y cohetones, con el que recibían a sus votantes bulliciosamente para el festejo.
El recuento final dio la victoria al contrincante, acabando con la fiesta y la inversión.
Días más tarde, hallaron en un rincón, unos saquillos con los huesos de tres burros viejos totalmente fileteados.
