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¿Dónde empieza el espacio exterior?

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El multimillonario inglés Richard Branson fue noticia ayer domingo por haber participado en un vuelo de prueba de su empresa Virgin Galactic. Dicha empresa, junto con Blue Origin —la compañía de Jeff Bezos, el creador de Amazon— son las primeras empresas creadas para ofrecer la posibilidad a cualquier persona con unos USD 250 mil de llegar al espacio exterior.

 

El vuelo ha sido exitoso en el hecho de haber generado mucha publicidad, la cual se ha centrado sobretodo en la competencia entre dos señores con mucho dinero para ver quién es el primero que logra llegar al espacio exterior. Pero un aspecto más interesante de la noticia es más bien la definición de lo que es el espacio exterior. Mientras que para Branson bastan unos 80 kilómetros de altura para llegar al espacio, la compañía de Bezos ofrece llevarnos hasta 100 kilómetros de la superficie terrestre.

 

¿Cómo se define la frontera entre la atmosfera terrestre y el espacio exterior? Pues, es una pregunta que muchos se han planteado y que parece que no tiene una respuesta definitiva.

 

Hace más de medio siglo, Theodore von Kármán, un ingeniero y físico húngaro, estableció que el limite entre el espacio aéreo y el espacio exterior estaba definido por el lugar en que una aeronave ya no podía volar, porque las fuerzas atmosféricas que proporcionan las condiciones para un vuelo controlado dejan de existir. En base a esta teoría es que la Fédération Aéronautique Internationale, una agencia creada en 1905 para administrar el deporte y los records aeronáuticos, establece el límite a partir de una altura de 100 kilómetros.

 

En el derecho internacional existen cinco tratados referidos al espacio exterior, sin embargo, en ninguno de ellos se define a partir de cuándo la atmósfera terrestre se convierte en espacio exterior. Este es un hecho bastante discutido, ya que está relacionado al acceso y competencia sobre el dominio del espacio; a mantener un orden mínimo y óptimo en el espacio; la nacionalidad de la aeronave; la jurisdicción sobre las actividades que se realizan en el espacio y sobre la aeronave; el disfrute y adquisición de recursos; el establecimiento de actividades empresariales; e interacciones con formas avanzadas de vida extraterrestre.[1]

 

La Asamblea General de las Naciones Unidas estableció[2] en 1961 dos principios esenciales que rigen sobre el espacio exterior: uno, que el derecho internacional, incluyendo la Carta de las Naciones Unidas, se aplica al espacio exterior y cuerpos celestes; y, dos, que el espacio exterior y los cuerpos celestes pueden ser explorados y usados libremente por cualquier Estado de conformidad con el derecho internacional, y no están sujetos a apropiación nacional.

 

Y como los Estados ejercen soberanía completa y exclusiva sobre el espacio aéreo encima de sus territorios, y como, en teoría, el espacio aéreo termina donde comienza el espacio exterior, resulta interesante tener una respuesta acerca de dónde están establecidos los límites. Un intento para desafiar el derecho establecido en el Tratado del Espacio de 1967 —que es uno de los cinco tratados citados arriba y sienta las bases jurídicas que rigen sobre el espacio exterior— fue realizado por los siete signatarios de la Declaración de Bogotá de 1976, pretendiendo establecer soberanía más allá del espacio aéreo. Esa declaración no tuvo mayor acogida y hoy no es una pieza importante en el derecho internacional.

 

Desde que se inició la carrera espacial con el lanzamiento del Sputnik I en 1957, los humanos percibimos al espacio ya no como algo lejano, desconocido e inalcanzable, sino como algo que puede ser parte de nuestra experiencia como humanos. Es así que han surgido una serie de tratados y acuerdos que pretenden regular la relación de los Estados con el espacio exterior. Es más, la atmosfera ha sido posiblemente materia de las regulaciones más complejas del derecho internacional en los últimos años, ya que en ella se manifiestan fenómenos como el agotamiento de la capa de ozono o el exacerbamiento del efecto invernadero por la emisión de gases contaminantes.

 

La carrera de dos personas por establecer el récord de quién se convertiría en el primer multimillonario astronauta usando una nave de su propia compañía, contiene entonces preguntas interesantes referidas al derecho internacional, pero también a la ética que guía dicha actividad. ¿Es correcto invertir tanto dinero —incluyendo varios millones de dinero público[3]— en un emprendimiento destinado a llevar turistas al “espacio”? ¿No sería mejor destinar esos recursos a combatir el cambio climático o cerrar brechas de inequidad global?

 

La respuesta no es simple, pero pensar en ella me recuerda al inicio de la novela de Julio Verne De la Tierra a la Luna (1865), en la que miembros del Gun Club hacen una apuesta que termina en la construcción de un cañón gigante para enviar a tres personas a la luna. A raíz de una apuesta de caballeros intrépidos, se lograron avances tecnológicos que, en efecto, terminaron con un proyectil con personas a bordo llegando a la luna, algo que 100 años más tarde se volvió realidad con la misión del Apollo 11.

 

Crear una empresa para llevar a turistas a lo que puede o no puede ser el espacio exterior, podría ser visto como algo frívolo, sobretodo tomando en cuenta las crisis globales que estamos viviendo en la tierra (la pandemia del COVID-19, el cambio climático, y la pérdida de biodiversidad). Pero es posible que este tipo de aventuras lleven a saltos tecnológicos importantes en el mediano o lago plazo. Es cuestión de esperar y ver qué es lo que va pasar.

 

[1] Chen, L. C. (2014). An introduction to contemporary international law: a policy-oriented perspective. Oxford University Press.

[2] Resolución 1721 de la Asamblea General de las Naciones Unidas

[3] La nave transporta cargas para investigación de la NASA, como máquinas para la obtención de imágenes y de investigación biomédica, así como otros sistemas de vuelo de propiedad del gobierno de los EEUU. El Estado de Nuevo México arrienda su terreno y ha invertido USD 200 millones en el puerto espacial desde donde se lanzó el vuelo del domingo: https://fortune.com/2021/07/10/richard-branson-virgin-galactic-space-launch/#:~:text=Government%20contracts&text=Virgin’s%20suborbital%20spacecraft%20carry%20payloads,where%20Sunday’s%20flight%20will%20launch.

Jose F. Pinto-Bazurco
Escrito por

Jose F. Pinto-Bazurco

Columnista en Pata Amarilla.

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