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miércoles, febrero 8, 2023

Quién ideologiza la campaña electoral

Por Martín Navarro

Elecciones, ideologización política y extremismo de derecha

Durante los últimos 30 años por lo menos, las derechas en nuestro país procuraron desvincular a la política de la ideología, difundiendo y estableciendo por todos los medios posibles la impronta de que la primera es principal o únicamente eficiencia de gestión -esto es, la concepción tecnocrática de la política-, mientras que la segunda resulta ser algo negativo per se, además de desfasada y privativa solamente del lenguaje ideologizado de las nefandas izquierdas.

Sin embargo, muy por el contrario, la hipótesis que manejamos en lo que va de la actual campaña electoral, es que han sido estas, las derechas, quienes están demostrando estar políticamente ideologizadas e ideologizando la política y, por tanto, el proceso mismo. Las tres más paradigmáticas candidaturas de las derechas autoritarias, liberales y extremistas (no incluimos a la derecha pragmática de Forsyth por no incurrir en el asunto tratado) están llevando la elección a este terreno antes rechazado por ellas mismas. Veamos algunos ejemplos.

Keiko Fujimori -derecha autoritaria-, frecuentemente viene repitiendo que su triunfo significaría la derrota de “la izquierda y el populismo” (Diario Gestión, 18 de febrero de 2021; twitt, 24 de febrero de 2021), refiriéndose directamente a lo que según ella representan tanto Verónika Mendoza -izquierda liberal y radical- como Yonhy Lescano -derecha reformista- respectivamente. Esto también se evidencia en su posición respecto de la posibilidad de que los privados compren y vacunen a la población. Para la candidata de Fuerza Popular, la renuencia del gobierno del presidente Francisco Sagasti -liberal político antes que económico- es producto de “traumas ideológicos de algunos (que) no los deja aceptar que el sector privado pueda vacunar gratis a la población” (twitt, 23 de febrero, 2021). Por su parte, Hernando de Soto -derecha liberal más en lo económico que en lo político- se ha pronunciado contra la tendencia política que personifica Rafael López Aliaga a quién considera el más peligroso de todos los candidatos, ya que en una eventual segunda vuelta perdería contra Lescano o Mendoza que, según él, son de la izquierda; y también porque está “creando una posición de extrema derecha (que favorece) un tipo de capitalismo que vive solamente de concesiones del Estado” (El Comercio, 11 de marzo de 2021); o sea, una política económica del siglo XIX. Finalmente, el personaje generador del renacimiento de esta controversia ideológica -política y religiosa, pero esto último es asunto de otro tema-, es el postulante de Renovación Popular quien constantemente repite utilizando siempre términos peyorativos que los partidos, los candidatos o los gobiernos de “caviares” (El Trome, 8 de marzo de 2021), “marxistas” o “filomarxistas” (Diario Gestión, 28 de enero de 2021) han asaltado el Estado para su beneficio. De acuerdo con Aliaga, todo el desastre que el país vive se debe al caviarismo comunista.

Los anteriormente afirmado, es solo una muestra de cómo las derechas están ideologizando la campaña electoral, tanto en sus críticas a las peligrosamente consideradas izquierdas como entre ellas mismas. Esto demuestra, de alguna manera, que los signos de los tiempos estarían señalando un viraje radical en la política peruana de la técnica a la ideología; algo que ha tratado de negarse en todos los idiomas durante mucho tiempo. El antecedente más inmediato fue la campaña del 2006 con la irrupción del Humala chavista, pero eso, por muchas evidentes razones ya forma parte de nuestra historia.

Lo paradójico de este caso es que quienes le han desatado las amarras al espíritu que ahora recorre la contienda electoral, sean los que la tuvieron aprisionada por décadas: las derechas. Estoy convencido que el asunto criticable y riesgoso a la vez se sostiene sobre dos potenciales cuestiones. La primera se encuentra referida a que esta ideologización de la política peruana se está dando en las alturas; es decir, en la esfera de la clase política y de los minoritariamente grupos politizados. Aún no baja al llano. Y es aquí donde surge el segundo problema. Cómo es que este fenómeno se debe manifestar y desarrollar en el campo popular. Esto último, abre un camino de por los menos también dos posibles alternativas. Primero, que positivamente el pueblo se ideologice para que asuma el rol que debe tener en toda democracia -no solo elegir y ser elegido, sino decidir su destino. Si es el depositario del poder tiene que estar comprometido y ser actor principal de las grandes decisiones que le competen. Así ideologizar y politizar no significan necesariamente partidarizar, aunque esto último debería de dejarse de asumir como algo negativo. La política es la instancia de lo público, de lo común que nos interesa o nos debería interesar a todos los ciudadanos. Tener un conjunto de ideas, una interpretación, un sentido común sobre la política; en una palabra, tener y manifestar conscientemente una ideología política es propio de las sociedades democráticas, aspiración a la que no debemos renunciar. Pero y, en segundo lugar, si esta ideologización toma un rumbo negativo entonces tendremos una sociedad polarizada, autoenfrentada violentamente porque no será plenamente consciente de lo que implica la dinámica de los actores y de las instituciones en democracia. El extremismo político oculta el sentido de la función de las ideologías en la política y se inclinan a reemplazar el escenario de los acuerdos por el de los conflictos. La discrepancia, condición siempre fructífera para crear una comunidad política, corre el riesgo que de pronto se trasforme en su opuesto, llevándolo a sus límites y tomando, como dirían Carl Schmitt, por enemigos a sus adversarios. Este es el origen no solo de las ideologías del terror que tiene por esencia la desaparición de la vida del otro, sino que en la práctica se convierten en terrorismo. De eso ya tenemos suficientemente experiencia los peruanos.

Lamentablemente, con el tipo de derechas que históricamente hemos tenido, y sobre todo con el actual extremismo que tiende a presentar alguna de ellas, esto es potencialmente factible. Podemos estar ante el peligroso nacimiento de un terrorismo de derecha como parece haber surgido ya en otros estados que se dicen desarrollados.

1 Comentario

  1. Me gustó el articulo. Me parece que las ideologías casi siempre tienden a ser negativas. Pero qué hay de las ideologías de izquierda? no acabaron con Humala, como parece señalar en el articulo. Estan presentes hoy mismo, y aun peor, estan de formas no tan obvias como las de derecha.

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