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lunes, septiembre 26, 2022

El 6 de junio en el corredor minero. Primeras explicaciones

Algunos políticos y economistas no pueden explicar hasta ahora por qué los electores de las provincias de Espinar, Chumbivilcas ubicados en la región Cusco y Cotabambas en la región Apurímac, han votado masivamente por Pedro Castillo y rechazado las ofertas electorales de Keiko Fujimori.

Chumbivilcas ha votado en un 96.46% por el lápiz y apenas un 3.54% por la señora K; Espinar 92.21% por Castillo y 7.79% por Fujimori; en Cotabambas un 91.17% por el profesor cajamarquino y un 8.84% para la heredera de Alberto Fujimori. Tanta es la distancia que el abogado de la candidata derrotada, ha deslizado la frase racista e ignorantona “que en la serranía no saben escribir y votar”; todo un monumento a su desconocimiento, que es la base de su derrota.

Probablemente el Corredor Minero sea uno de los territorios con mayor grado de conciencia ambiental y social, así como con una amplia experiencia de lucha política y movilización social en los últimos treinta años. Es en estas zonas donde el conflicto fue y es permanente, y su correlato en la instalación de mesas de diálogo en las que participa la sociedad civil organizada, el Gobierno Nacional y los Gobiernos Regionales y Municipales. La crispación y negociación son agendas comunes, tal vez muy distantes a la tranquilidad social que hay en la urbes y ciudades.

El fujimorismo y la derecha económica plantearon mal su estrategia electoral en el Corredor Minero. Por ahora tenemos algunas aproximaciones a un estudio y análisis mayor:

Ideologizaron la campaña entre el peligro del “comunista, chavista” y la defensa de la democracia, cuando en todas estas provincias, las organizaciones comuneras, magisteriales, laborales enfrentaron y derrotaron la presencia senderista política y programáticamente en las décadas pasadas. El recurso del fantasma del comunismo que enarboló el fujimorismo era irreal.

La defensa del modelo económico y las bondades del fujimorismo son muy cuestionables por esta región; el canon y las regalías y los convenios marcos de inversión siempre fueron arrancados por acción de las movilizaciones; nunca los gobiernos y menos las empresas entregaron algún recurso por responsabilidad y de buena fe. Por experiencia, en estas provincias saben que nada les llegará por regalo o dádiva; por eso no creen en la defensa de un modelo que los margina y peor en los “bonos del canon” que ofertó el fujimorismo al final de la campaña.

Los pueblos del Corredor Minero nunca fueron antimineros, como acusan los sectores promineros de la derecha política y el fujimorismo; estos pueblos altoandinos, por el contrario, conviven con ellas hace más de medio siglo en el caso de Espinar y Chumbivilcas. En el marco de conflictos ambientales y sociales permanentes, que son canalizados por las mesas de trabajo o diálogo en los diversos sectores, han logrado arrancar algunos beneficios todavía menores respecto a la inmensa proporción de las ganancias de la gran minería.

Diálogo y lucha son mecanismos de uso común en las dirigencias y poblaciones. El fujimorismo pensó equivocadamente que están tratando con pueblos intransigentes y los polariza equivocadamente en sus mensajes.

Finalmente, el desarrollo de los pueblos del corredor no se debe a la creencia generalizada de las bondades mineras; son las estructuras del Estado peruano vía Gobierno Nacional, Gobiernos Regionales y Municipales los que asumen el gran soporte y porcentaje de inversiones y obras en autopistas, hospitales, centros educativos, irrigaciones, mientras las empresas mineras miran hacia otro lado.

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El concepto de Estado Subsidiario, es comprendido y aplicado por los distintos gobiernos nacionales de turno, asumiendo todos los costos de inversión, mientras son benevolentes con la evasión y elusión tributaria de la gran empresa. No obstante el lavado de cara a la falta de compromiso de las empresas mineras, el Estado en las regiones se ha convertido en un factor de inversión y desarrollo, ajeno por tanto al discurso anti estatista del fujimorismo y el fundamentalismo neoliberal.

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