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martes, mayo 17, 2022

Elecciones, Identidad y Bicentenario

En las dos semanas siguientes a las elecciones, los peruanos nos hemos visto envueltos en una gran incertidumbre. Pese a que los informes preliminares de varias delegaciones de observadores internacionales coinciden en su valoración positiva de la labor de los organismos electorales peruanos, las acusaciones de fraude planteadas por Fuerza Popular han obstaculizado la proclamación oficial de un presidente electo.

Durante las protestas en contra del supuesto fraude, se observó una serie de símbolos que algunos ciudadanos calificaron como de extrema derecha. Uno de ellos llamó especialmente mi atención. Además de las clásicas pancartas con mensajes como “No al fraude” y “No al comunismo”, algunos manifestantes portaron la Cruz de Borgoña, un símbolo asociado con el poder militar del Imperio Español. ¿Por qué portar públicamente este símbolo en el Perú a pocas semanas de la conmemoración del Bicentenario de la independencia? ¿Cuál es su relación con la política actual? ¿Es este un símbolo de extrema derecha?

Algunas interpretaciones que circulan en las redes sociales sugieren que la Cruz de Borgoña exalta la colonización y, por lo tanto, se opone a los símbolos de movimientos indígenas que han sido observados entre los simpatizantes de Perú Libre. En esta columna pretendo ofrecer algunas luces acerca del uso político de este símbolo y, a partir de ello, plantear algunas pistas para una necesaria reflexión sobre la identidad peruana a puertas de nuestro Bicentenario.

El uso actual de la Cruz de Borgoña como símbolo político está vinculado a partidos y movimientos sociales conservadores en América Latina y España. En España, ha sido vista en una caravana de protesta convocada por Vox en contra de la gestión gubernamental de la pandemia. Dicha protesta se dirigió en contra del Ejecutivo español -un gobierno de tendencia de izquierda- y enarboló el valor de la libertad en contra de las restricciones sanitarias percibidas como excesivas y causantes del declive económico. Según La Gaceta de la Iberosfera, un medio afín a Vox, la Cruz de Borgoña también fue usada en manifestaciones conservadoras en América Latina, como las protestas contrarias a la despenalización del aborto en Argentina y aquellas opuestas al estallido social en Chile. En el contexto de las elecciones presidenciales en el Perú, Vox ha mostrado su cercanía con aquellos que sospechan de fraude, y un grupo de parlamentarios de dicho partido ha solicitado la comparecencia de la ministra de Asuntos Exteriores para pedirle que informe acerca de las acciones que el gobierno español emprenderá en la Unión Europea para promover “el respeto de los principios democráticos” en nuestro país.

Ahora bien, ¿qué ideas están detrás de aquellos partidos y movimientos sociales que usan o respaldan el uso político de la Cruz de Borgoña? Un análisis de algunas noticias publicadas en La Gaceta de la Iberosfera revela un discurso que opone a los “patriotas” y a los “izquierdistas”, mostrando a los primeros como ciudadanos modélicos y a los segundos como turbas que amenazan el orden social. Asimismo, los términos “patriota” o “patria” están asociados no solo a un sentimiento de identificación personal con el propio país, sino también a una heroica defensa de los valores cristianos en el plano moral y de la primacía del Estado frente al “globalismo” en el plano internacional.

Un primer elemento central es la equiparación de la izquierda con el comunismo y el consecuente rechazo absoluto hacia ella. La Carta de Madrid -un pronunciamiento impulsado por la Fundación Disenso, entre cuyos patronos se encuentran prominentes líderes de Vox a nivel nacional y europeo- plantea que una parte de “la Iberosfera” está “secuestrada” por “regímenes totalitarios de inspiración comunista” apoyados por el narcotráfico, el Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla. Entre los firmantes se encuentran líderes políticos y sociales conservadores de América Latina y Estados Unidos, europarlamentarios vinculados al Grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos, así como miembros de la oposición venezolana y cubana.

Un segundo elemento central es la exaltación de la identidad y la soberanía del Estado en contra de lo que se percibe como un avance amenazante de la globalización. Por un lado, se destaca los logros del Imperio Español a modo de reacción contra la llamada “Leyenda negra”, una narrativa histórica que pone énfasis en el carácter destructivo de la colonización. Y, por otro lado, de cara a la actualidad, se plantea que la secularización y la globalización han generado una pérdida de valores que solo puede ser remediada mediante la revaloración de la cultura occidental, la fe cristiana y la identificación personal con la “patria”, a la cual se percibe como una entidad espiritual y llena de contenido en contraposición con el vacío y la uniformización representados por la globalización. Una publicación de la Fundación Disenso acerca del europeísmo es muy ilustrativa al respecto cuando señala que la Unión Europea ha perdido el rumbo al intentar reemplazar la espiritualidad y la patria por el crecimiento económico y técnico.

Por lo tanto, volviendo al Perú, no puedo evitar pensar que los manifestantes portadores de la Cruz de Borgoña nos interpelan profundamente a través de su símbolo. Nos plantean cuestiones de identidad sobre las cuales deberíamos reflexionar a puertas de nuestro Bicentenario. ¿Será esta una idea constructiva de la “patria” y de nuestra relación con el mundo? ¿Qué lugar tendrían en esta narrativa aquellos ciudadanos peruanos que no son creyentes, que profesan otras religiones o que no se identifican con la cultura occidental? Cada uno tendrá sus respuestas. Por mi parte, prefiero pensar en el hispanismo como una enriquecedora disciplina de estudio antes que como una corriente de reivindicaciones políticas excluyentes.

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