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lunes, septiembre 26, 2022

Los Acuerdos Córnicos

El Grupo de los Siete (G7) es un grupo político intergubernamental conformado por algunos de los Estados más prósperos y que se autodefinen como sociedades abiertas, democráticas y orientadas hacia el exterior. Los miembros son Alemania, Canadá, los Estados Unidos de América (EEUU), Francia, Italia, Japón y el Reino Unido, además de la Unión Europea, que juntos suman el 60% de la riqueza neta global y cerca del 10% de la población mundial.

La más reciente reunión del G7 recuerda a su origen, que fue en 1975, cuando el mundo también se encontraba en medio de aprietos: la primera crisis del petróleo y la subsiguiente crisis financiera. Entonces, los jefes de Estado y de gobierno de los seis principales países industrializados (Alemania Occidental, Francia, EEUU, Italia, Japón y Reino Unido) se reunieron para discutir la economía global. Desde entonces, el Grupo ha tenido variaciones en su membresía, pero se ha reunido regularmente para tratar asuntos importantes y encontrar soluciones conjuntas.

Hoy, cuando escribo esta columna, domingo 13 de junio, la más reciente reunión del Grupo está culminando en Cornualles, Reino Unido; el objetivo planteado fue unir a las principales democracias para “ayudar al mundo” a recuperarse de la pandemia de COVID-19 y “crear un futuro más verde y próspero”. En ese sentido, las propuestas del Reino Unido —quien presidió la reunión— incluyeron: liderar la recuperación mundial del coronavirus al tiempo que se fortalece la resiliencia frente a futuras pandemias; promover la prosperidad futura defendiendo el comercio libre y justo; abordar el cambio climático y preservar la biodiversidad del planeta; y defender los valores compartidos globales.

La reunión sirvió también para parchar algunas heridas abiertas: se discutió el compromiso democrático de un EEUU post-Trump, así como la relación del Reino Unido con Europa post-Brexit. Pero también se puso sobre la mesa la “amenaza” de China como potencia global y la posibilidad de crear propuestas para contrarrestar su creciente influencia.

El sábado, y como contrapeso a esta creciente influencia de China en el mundo, las potencias del G7 lanzaron una iniciativa global para promover proyectos de infraestructura. Como anunció la Casa Blanca el sábado, los jefes de Estado y de gobierno quieren ofrecer a los países más pobres asociaciones “orientadas por valores, de alta calidad y transparentes». El plan de infraestructura para los países más pobres y emergentes fue adoptado por la iniciativa del presidente estadounidense Joe Biden, como una clara alternativa a la “Nueva Ruta de la Seda”, a través de la cual China promueve la expansión de la infraestructura de tráfico, comercio e industria en numerosos países. Muchos países, incluido Estados Unidos, tratan con cuidado la creciente influencia de China, que utiliza proyectos como palanca para expandir su influencia geopolítica.

Sin embargo, parece que los resultados de la cumbre no lograron cumplir con las expectativas propuestas. Respecto a la pandemia, se esperaba un acuerdo que libere las patentes de las vacunas para el Covid-19. Sin embargo, el Grupo se limitó a acordar una distribución adicional de mil millones de vacunas para las naciones más pobres en los próximos 12 meses. Para ponerlo en contexto: sólo India tiene una población de 1.3 mil millones.

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Respecto al cambio climático, se esperaba un acuerdo claro, que incluyera medidas para erradicar las emisiones de las plantas de carbón, pero el comunicado, si bien incluyó un reconocimiento de que la generación de energía mediante el uso de carbón resulta incompatible con mantener el calentamiento global en menos 1,5 ° C, sólo se comprometió a poner fin a nuevo apoyo gubernamental directo internacional para plantas de carbón desde fines de 2021. Sobre la promesa hecha hace más de 10 años —durante la cumbre climática de Copenhague— de destinar por lo menos USD 100 mil millones anuales a partir del 2020, el Grupo comunicó que se reafirmaba en dicho compromiso e iban a movilizar los recursos necesarios para dicho fin. También se comprometieron a reducir a cero sus emisiones netas de carbono para el 2050, una propuesta que también ha sido repetida por los países desde que se suscribió el Acuerdo de París. Es decir, para combatir el cambio climático los pactos son los mismos desde hace años y la acción más concreta no está relacionada a cumplir, sino a repetirlos cada cierto tiempo.

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Hoy existen muchos motivos para anhelar un liderazgo global que oriente el camino hacia soluciones para las amenazas y desafíos que enfrentamos todas las naciones conjuntamente. Ese liderazgo podría beneficiar, por ejemplo, al avance de la iniciativa One Health, que trata el problema de la pandemia desde un enfoque internacional y multisectorial, uniendo los aspectos relacionados a la salud humana y animal. También es necesario tener un liderazgo claro respecto a la crisis climática y medioambiental. Y, aunque tal vez el mayor reto para el G7 pareciera ser cumplir con las promesas hechas, no está demás recordar que la atención de los países más poderosos es urgente para reducir la brecha de inequidad y crear condiciones para que ninguna Nación carezca de las capacidades para afrontar sus propios retos con efectividad.

 

 

 

 

 

 

 

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