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sábado, diciembre 3, 2022

Las derechas peruanas. Primera radiografía

Por Manuel Silva

El Instituto de Estudios Peruanos (IEP) el 30 de marzo pasado, a puertas de los comicios de la segunda vuelta electoral, realizó una encuesta para conocer un poco más la intención de voto y el perfil del votante en las elecciones del bicentenario.

Este estudio recogió una data interesante, la identificación ideológica de la población. Según eñ IEP, la tendencia a percibirse de derecha se encuentra a la cabeza con un 37 % del total, frente al 33 % de izquierda y 30 % de centro. Su principal idetificación se encuentra entre las edades de 25 a 39 años (adulto joven) – con un 37 % – y, además, ubicado en el nivel socioeconómico A/B. En cambio, el sector que más se identifica con la izquierda se ubica en los sectores denominados C, D/E.

La capital, Lima Metropolitana, es – como muestra IEP – el principal bastión de la derecha en el país, alcanzando el 41 % de preferencia ideológica frente al 26 % que alcanza la izquierda. En contraste, la fuerza más concentrada de izquierda en el Perú se ubica en el Sur del país.

En cuanto a las preferencias ideológicas de los votantes, el estudio del IEP, detalla que los que se identifican por Pedro Castillo un 47% se define como izquierda, el 27% de centro y un 26% de derecha.

En tanto, que, por Keiko Fujimori, un 76% se define como de derecha, 19% de centro y un 5% de izquierda.

Y son estas dos categorías (nivel socioeconómico y geográfico) las que inclinaron sus votos para un candidato versus el contrincante. Los sectores ubicados en los niveles más bajos del margen nivel socioeconómico votaron, en su mayoría, por el entonces candidato, y ahora a puertas de recibir la presidencia, Pedro Castillo, como se pudo comprobar en el informe ¿Cómo votaron los 50 distritos más pobres del Perú? Realizado por Pata Amarilla.

El mapa que se presentó en el nombrado informe registra la ubicación de los distritos más pobres del Perú según información del Censo del INEI al 2018. En casi la totalidad de estos distritos, el candidato Pedro Castillo de Perú libre ganó. De los 50 distritos, Perú Libre ganó en 49 y Fuerza Popular en uno.

 

Una derecha poco competitiva

El sociólogo e investigador del Instituto de Estudios Peruanos, Martín Tanaka recoge en su columna “¿Qué pasó con la derecha?” esta idea de una derecha que no ha podido construir un sistema político sobre bases doctrinarias o pragmáticas: “Esto hizo que, a lo largo del siglo XX, cuando sectores de derecha se sintieron amenazados por el Apra, se recurriera al golpe militar y al establecimiento de dictaduras; es decir, privilegiar el statu quo y el mantenimiento del orden. En esta dirección, habría que reconocer que, en la derecha, por debajo de las discusiones ideológicas o programáticas, existe un sustrato simplemente autoritario, excluyente, discriminador”.

Si revisamos e intentamos llegar a un consenso de qué significa la derecha, podríamos diferenciarla, frente la izquierda, por su defensa del capitalismo en lo económico, el actual modelo neoliberal, y de la democracia liberal en lo político.

Sin embargo, es su habilidad de adaptabilidad, una de sus mayores debilidades es creer que todo el modelo está tallado en piedra y consagrado, cambios que no se aceptan en este sector, como nos mencionó el economista Humberto Campodónico: “Lo que se puede hacer y debe hacerse es repensar el neoliberalismo pues aquí también ha fracasado. Aquí tenemos presidentes muertos, fugados, presos, se puede decir que en lo político hay que escuchar el discurso de Julio Cotler”.

Y es que ya lo decía el fallecido sociólogo, antropólogo y politólogo limeño Julio Cotler en el 2014: “El Perú es un país terriblemente conservador. Este país ha hecho un vuelco a la derecha no solo en términos políticos, sino sociales y culturales. Esta historia del rechazo al aborto terapéutico, a la unión civil es una cuestión de una proporción impresionante, cosa que no sucede en otros países. Hay un fondo populista en todo esto, nos encontramos en un escenario ideal para que aparezca un Antauro Humala”.

Al respecto, según nos pudo comentar el antropólogo de la UNMSM, Carlos Raez: “Durante años hemos tenido una derecha fragmentada, disfrazada de «independiente» o «centro». Sus miembros trataron de identificarse como «liberales», en sintonía con la economía social de mercado que decían defender, y que era el único norte que tenían claro; aunque poco a poco se fue perfilando una derecha conservadora en lo social. Las agrupaciones derechistas se identificaron con caudillos; algunos abiertamente asociados a grandes grupos empresariales, que proclamaban a viva voz el discurso del emprendedurismo. También estaban aquellos cuya referencia era una figura definida del pasado.

Además, el grito a rasgaduras en contra de cualquier tipo de cambio al modelo ha resonado con mayor fuerza tras conocerse los resultados electorales de la segunda vuelta. El candidato de izquierda, Pedro Castillo, ampliaba cada día más la diferencia contra su contrincante, la candidata que tomaba el timón por la derecha, Keiko Fujimori. A diferencia de los últimos comicios del 2016, que dio como ganador a Pedro Pablo Kuczynski, el modelo no iba a sufrir mayor cambio, un banquero contra una muy conocida y aceptada por las empresas.

Sin embargo, hoy el panorama es distinto, pero no ajeno a una situación ya vivida. La frustración de un sector de derecha ya es conocido desde el 2011 cuando Ollanta Humana se enfrentó a Keiko Fujimori – en su primer intento de llegar a la presidencia-. En esa fecha, conocido los resultados electorales preliminares el 7 de junio del 2011, diversos medios alertaban sobre la caída de la Bolsa de Valores de Lima y el pedido de moderación de diversos empresarios e inversores, un calco a lo que estamos viviendo, nada ha cambiado.

Y ese es el principal problema, nada ha cambiado, todo es lo mismo, como comenta Campodónico: “En nuestro país no es solo un problema económico, sino ético y democrático. El Perú es el único país en 40 años donde no ha cambiado nada, todo es lo mismo. La economía manda sobre la política, sobre la democracia, sobre el Estado, el Estado se subordina sobre las leyes económicas; hay que romperlas, las leyes económicas son parte del Estado y de la sociedad”.

 

La derecha de las calles

Los movimientos sociales, manifestaciones, eran actividades que – en sentido – se percibían como acciones relacionadas a un sector de izquierda y, lo que, es más, no es ajeno que cualquier movilización no era bien visto por un sector conservador de ala contrario que catalogaba a los jóvenes que salían a las marchas como “resentidos sociales”. Ahora, la derecha enfurecida por el último proceso electoral, sale a las calles con parlantes en mano y apretando fuerte el claxon de sus camionetas.

“Frente al Palacio de Justicia hay un camping. Carpas con mullidos colchones y perfumados baños con respetables señoras y sus empleadas que degluten un delivery KFC. Están contentas porque ha llegado Keiko. Entonces cantan el himno nacional y se pasan la botella de whisky. Les encanta la democracia”, narra el periodista Eloy Jáuregui en su columna “La derecha ilustrada”.

 

Varias facciones

Asimismo, Carlos Raez considera que “ante el ascenso de Pedro Castillo, varias de estas facciones se han movilizado rápidamente, sin que esto implique que haya habido un proceso de discusión para generar propuestas definidas, sino una: la defensa del modelo económico. Esta aparente unión está motivada más que nada por el temor, por ejemplo, a perder privilegios, o la oportunidad de obtenerlos, como reza el «emprendedurismo», ser desplazados por sujetos que piensan que no merecen lugar en el poder”.

Además, han sido las calles los espacios donde la expresión de la derecha ha salido a flote – incluso – rozando la radicalidad: discursos racistas, voces como la de Rafael López Aliaga gritando “Muerte a Castillo” y que si bien, una derecha radical ocuparía una minoría, como lo precisa el sociólogo Farid Kahhat en entrevista para La República, su existencia es alarmante.

“Salvo que su discurso cambie, el potencial electoral de la derecha radical es limitado. Es relativamente grande la base a la que pueden apelar, pero es claramente una minoría de la población. En el caso de López Aliaga, aunque el discurso digamos racista no es explícito, está implícito en el hecho de que algunos de sus seguidores, que tienen una relación no muy bien definida con su movimiento, pero lo perciben como aliado, invoquen símbolos como la cruz de Borgoña, símbolo asociado, para un peruano al menos, primero con la monarquía, segundo con el integrismo católico, y tercero con la Colonia. Si utilizas esos símbolos como algo fundamental en tu mensaje, delimitas el ámbito social al que puedes apelar. Presumo que eso va a cambiar”.

Por su parte, Raez concluye al respecto que “mediáticamente ha ganado predominancia la facción derechista ultraconservadora, que incita a levantamientos contra el orden democrático y que se aglomera en torno al discurso del fraude electoral. Es, además, una derecha que ha comprendido, después de mucho tiempo, la importancia de las manifestaciones públicas, lo que la distancia de la derecha de las primeras dos décadas de este siglo”.

 

La derecha religiosa

Este nexo ya se encontraba presente en la política desde hace varios años como muestra está el social cristianismo del Partido Popular Cristiano, partido que lleva muchos años activo en la política, y la sorpresa para muchos en las pasadas elecciones congresales para el periodo de transición, el FREPAP; y un partido que acogió a Rafael López Aliaga, un personaje que congregó a grupos conservadores en sus filas, Renovación Popular.

“López Aliaga ha logrado congregar a su alrededor a dos grupos que coinciden en algunos puntos de agenda. De un lado, el grupo de católicos conservadores que estuvo cerca del cardenal Juan Luis Cipriani – que hoy vive en Roma – y que, en varios momentos, fue aliado del fujimorismo, el APRA y Solidaridad Nacional (el partido político que hoy se ha transformado en Renovación Popular) … De otro lado, un conjunto de iglesias evangélicas neopentecostales cuyo centro del mensaje es la preservación de la familia heteroparental como ejemplo y modelo que debería ser instaurado en la sociedad. Temas como el aborto, el divorcio, el reconocimiento legal de parejas del mismo sexo o normas que reconozcan las diversas identidades de género no solo son tabú para ellos, sino que se convierten en objetos de movilización en redes sociales reales y virtuales en donde la religión se cruza con políticas de Estado”, precisa el politólogo José Alejandro Godoy en su columna en Pata Amarilla “Religion y politica, posibles combinaciones”.

Además, el antropólogo Elio Masferrer compartió para “El Universal” al respecto de un análisis en las elecciones mexicanas y peruanas y cómo influye la religión en ellas, que “la mayoría del liderazgo evangélico conservador y la derecha católica (Opus Dei) apoyó decididamente a la derechista Keiko Fujimori, quien a su vez correspondió a estos gestos y hablaba como si fuera una pastora neopentecostal.

Lo que, es más, Masferrer señala que para el electorado en estos dos países lo más importante en estos dos países es que el candidato sea creyente, pues “si fuera creyente tendría miedo a la justicia divina” y por lo tanto “sería menos ladrón, corrupto” y una larga lista de adjetivos negativos hacia los políticos, un candidato temeroso a Dios.

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