Flora Tristán es una de las figuras femeninas más importantes del siglo XIX. Escritora, viajera, pionera en la defensa de los derechos de las mujeres y de los trabajadores y trabajadoras. Luego de su visita al Perú escribe Peregrinaciones de una Paria y lo publica en Francia en 1838. Este libro es el vínculo entre Flora Tristán y el Perú por casi 183 años.
Peregrinaciones de una paria pasó a formar parte de nuestra tradición literaria siendo uno de los testimonios más certeros y agudos de una parte de nuestra historia republicana. Un texto importante en la obra de la autora y en el inicio de una tradición femenina.
El siglo XXI ha terminado revalorando la importancia de toda la obra de la escritora, en especial, la política. Flora Tristán, precursora del socialismo y del internacionalismo proletario, tiene un espacio ganado en la historia del movimiento feminista y del movimiento de los/las trabajadoras. Sus tesis feministas le han garantizado un espacio en la historia del pensamiento universal. Se anticipó a las grandes demandas de las mujeres del siglo XX y colocó una agenda que aún sigue sin resolverse
Unida a figuras emblemáticas como Olimpia de Gouges, que le reclama a la revolución francesa que las mujeres no tengan derechos, y se atreve a proponer un texto alternativo; a Mary Wollstonecraft, testigo de la revolución francesa, que en Inglaterra desarrolla una polémica con Rousseau y sus ideas conservadoras respecto de la mujer y coloca sus tesis fundacionales sobre los la mujer en el libro Vindicación de los derechos de la mujer (1791); y a Simone de Beauvoir quien, con El segundo sexo (1949) revolucionó las ideas sobre la liberación de la mujer.
Además de su trilogía literaria: Peregrinaciones de una Paria, Paseos en Londres y Mephis escribe la Unión Obrera (1843), también, La emancipación de la mujer o testamento de una paria, El tour de Francia, redactado en 1843-1844, publicado en Francia en 1973, y por primera vez en español por el Centro de la Mujer Peruana Flora Tristan, IFEA y la UNMSM en el 2006.
Flora Tristán llega al Perú ocho años después de la salida de Bolívar, amigo de su padre y de su madre. La república que conoce contaba con un millón y medio de habitantes, de los cuales novecientos mil eran indígenas.
La visita de Flora Tristán al Perú transcurre entre el 7 de abril de 1833 y –posiblemente– mayo de 1834. Su permanencia de siete meses en Arequipa y su paso por Lima, que dura dos meses, dan origen al libro, y su recuento de dichas jornadas coincide con lo que Jorge Basadre denomina “la reacción popular y democrática” de diciembre de 1833 a mayo de 1834.
Ubicar este contexto es sumamente importante porque ella es testigo de un período de movilización popular y Peregrinaciones de una paria lo recoge en un capítulo expreso denominado: “La República y los tres presidentes
Llega en momentos en que nuestro país que está intentado, de manera desordenada, organizarse en una república independiente de la colonización española y que está sumergida en medio de conflictos de poderes diversos. El poder lo tiene una casta militar que ha participado en el proceso de la independencia y que no logra construir un proyecto común de país. Los sueños de San Martin y Bolívar han pasado a un segundo plano.
Su trabajo etnográfico lo realiza al entrevistar a varios personajes importantes de la política nacional, incluyendo a Francisca Zubiaga de Gamarra, la Mariscala. Será esta experiencia de dónde sacará argumentos para sus críticas al militarismo, al clero y a la clase política e intelectual de la época. Será también aquí donde reforzará su confianza en la movilización popular y en el papel de las mujeres en la guerra, como será al redescubrir el papel de las rabonas.
Jorge Basadre señala además que, cuando algunos soñadores quieran embellecer aquella época, este libro servirá para la necesaria tarea de desilusionarlos. Peregrinaciones muestra el peor lado de nuestras grises revoluciones; está pintado allí con rudeza no igualada. Muestra el texto, dice Basadre, “el afán incontenible del lucro personal, disfrazado por retóricas declamaciones, la incapacidad para la disciplina previa, la desolada paralización de la vida urbana, la confusión en los combates, el terror del pueblo mientras se libran, y su servilismo cuando se han decidido, las recíprocas sorpresas que se dan los contendores, siempre desprevenidos, al grado que a veces los de la misma bandería luchan entre sí” (Basadre, 1948).
En el caso de Peregrinaciones, la autora logró transmitir a sus lectores y lectoras una mirada sobre un momento clave de la historia peruana. El mérito consiste en retratar la visión contradictoria que vivía el Perú y que ella logró transmitir en un extenso relato sobre las tensiones y contradicciones sociales en la formación de nuestra joven república que excluía a sectores sociales fundamentales, como las mujeres y esclavos mujeres y hombres.
Su mirada centrada en la costa le impidió tener una visión profunda de la población indígena de ese momento. Su crítica a la iglesia, al poder, al militarismo que marcaba la época, ofreció una percepción distinta que permite acercarnos a personajes femeninos nuevos. Entre otros, ella destacó a las rabonas, la última escala de un sector social femenino indígena invisibilizado, asimismo, puso el acento en las esclavas negras, las tapadas limeñas y en las figuras de Francisca Gamarra y Dominga Gutiérrez. Así como el interés de las mujeres limeñas en la política al encontrarlas en una sesión del Congreso Peruano.
Entre los personajes femeninos que introdujo a la literatura peruana se hallan las rabonas, a quienes llamó vivanderas. Describe sus actividades en el ejército: al llegar al lugar asignado, escogen el sitio para acampar, descargan las mulas, arman las tiendas, amamantan y acuestan a los niños y niñas, encienden los fuegos, cocinan, buscan provisiones, y a la buena o a la mala van armadas.
Para ella, forman una tropa a la que denomina la vanguardia femenina del ejército. Destaca que: “[…] estas mujeres proveen a las necesidades del soldado, lavan y componen sus vestidos, pero no reciben paga y no tienen salario, sino la facultad de robar impunemente. Son de raza india, hablan esa lengua y no saben una palabra de español” (Tristán, 1948, p. 366).
Señala que no son casadas, no pertenecen a nadie y son de quien ellas quieren ser. Las rabonas fueron mujeres indígenas que acompañaban los ejércitos de la época participando de su avituallamiento. Ellas expresaron otra cara del militarismo y la intensa presencia de las mujeres indígenas en el Perú decimonónico. Salvo las soldaderas de la revolución mexicana, la descripción de Tristán de las rabonas complejiza la visión del papel de las mujeres en el ejército, hasta hoy no reconocidas.
En relación a las mujeres y la vida política, Flora Tristán entrevistó a Francisca Gamarra, la primera mujer que dirigió batallas y participó activamente en el gobierno de la primera república. Asimismo, se preocupó por la relación entre mujer y vida religiosa, a través de la monja Dominga Gutiérrez, que revela el rol de la iglesia y muestra el camino que les quedaba a las mujeres que optaban por escapar del control patriarcal.
Tenía una voluntad de escritora, sabía para qué escribía y se anticipó a sus lectoras y lectores. Lo hace en cumplimiento de su misión, obedeciendo a su conciencia. Escribe acompañada de su fe, convencida de que hay que dar a conocer las acciones humanas para cambiarlas. Su indignación, su emoción, sus conflictos dan fuerza y sentido a sus relatos hasta hoy. Pero sobre todo sus ideas precursoras respecto a la mujer y a la clase obrera
Su tránsito por todas las escalas sociales y emocionales, con sus viajes, le permitirán un conocimiento y cultura de pocas escritoras del siglo XIX, no es una mujer que escriba solo desde su casa, escribe también desde el mundo que ha conocido y reconocido. No será sin duda, una mujer común para sus contemporáneos. En paralelo va entendiendo como viven las mujeres y a la vez testigo de la revolución industrial se siente cercana a los obreros y a las obreras. Y si bien construye ahí un discurso emancipador, también con sus escritos y registros va haciéndoles justicia.
Flora Tristán nos mira con esperanza y también con preocupación y esto nos lo revela, sabiendo que, al ser tan crítica de la iglesia, del ejército, de las clases altas, corre el riesgo de ser malentendida. Por eso al escribir el libro de Peregrinaciones de una Paria, sobre su viaje al Perú, no solo le sirve para dejar sentado, por escrito, su pertenencia al país del padre, sino que nos escribirá para compartirnos como mira al Perú, testiga de un momento fundacional de nuestra República.
[1] Texto leído el 16 de julio del 2021, en ceremonia de condecoración de la Orden Emérito a Las Mujeres del Bicentenario: Flora Tristan, por su contribución en la defensa y promoción de los derechos de las mujeres en su diversidad desde las letras, artes y humanidades. Resolución Ministerial 159-2021 MIMP.
Fantástico y refkexivo artículo. Muchas gracias Diana por tus contribuciones.