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martes, diciembre 7, 2021

¿Un buen ganador?

A dos semanas de 28 de julio, el Jurado Nacional de Elecciones, ha rechazado todas las apelaciones de nulidad y quejas presentadas sobre la segunda vuelta y estima que el 20 de julio se procederá a proclamar a Pedro Castillo. Empieza la cuenta atrás para el fin de los calculados silencios del profesor, interrumpidos esporádicamente. No parece ser aún el fin de una narrativa impulsada por Keiko Fujimori, Fuerza Popular y sus aliados sobre la falta de limpieza de la segunda vuelta pues se prevé la apelación de las actas de proclamación que emitirán los Jurados Electorales Especiales. Una estrategia que no ha logrado probar el fraude en mesa y que, más allá de los costos políticos para sus impulsores, está activando peligrosamente actitudes autoritarias en algunos sectores.  Dado el escenario más probable, la cuestión que toca empezar a responder ya no es si Keiko Fujimori sabe perder, sino, si Pedro Castillo será un buen ganador y sabrá gobernar con sus debilidades y contradicciones una democracia precarizada y polarizada en medio de una grave crisis generada por la pandemia. A continuación, algunos de los frentes abiertos tanto internos como externos a corto plazo.

Perú Libre, Vladimir Cerrón y la bancada: la organización política llega con investigaciones fiscales por su accionar ilícito en Junín con algunos de sus dirigentes involucrados en el caso de los Dinámicos del Centro (sorprendentemente fugados) incluido el propio Cerrón. La bancada oficialista se estrena con una división de origen: los parlamentarios afines a Cerrón y los afines a Castillo. La búsqueda del control de la Mesa Directiva del Congreso puede ser un factor cohesionador de corto plazo, pero el real equilibrio de dicha bancada se encuentra en la sobrevivencia de la alianza entre Cerrón y Castillo que muchos quisieran ver disuelta, pero sobre la cual uno de los protagonistas, no quiere o no puede dar señales explícitas de distancia.

El Congreso, los aliados y la oposición: si alguna lección dejó el último quinquenio es que no hay gobernabilidad posible sin una bancada en el Congreso que teja alianzas mínimas, más en el caso de una primera minoría. Perú Libre tendría como compañeros de viaje naturales a Juntos por el Perú, Somos Perú y muy probablemente al Partido Morado. Y al frente tendrá claramente a Fuerza Popular y Renovación Popular y probablemente a Avanza País. Bancadas como Acción Popular, Alianza por el Progreso o Podemos Perú serán convocadas a acuerdos puntuales probablemente por ambos lados.  Los acuerdos pueden ser volátiles pues nada garantiza que los eventuales aliados (y opositores) sean estables en un país donde la fragmentación del Congreso es alta y se multiplica con continuos transfuguismos incluso antes de sentarse en la curul.  Y en el que los votos suelen carecer de disciplina partidaria y se darán en base a facciones. Todo en el marco de estrategias ya asentadas de confrontación de poderes en función de las coyunturas y con el anuncio de Fuerza Popular sobre el impulso de una comisión investigadora del presunto fraude electoral.

El Gabinete y las políticas: los trascendidos hablan de otro juego de equilibrios entre el núcleo original, la izquierda más limeñizada y los siempre prestos a ser llamados tras las segundas vueltas. El nombre de quiénes ostenten los cargos claves (como la PCM, Economía o Salud) será el aviso a navegantes sobre el talante político, el enfoque económico y la continuidad (o no) del manejo de la pandemia (y la vacunación) de quien deberá gobernar un país que quería un cambio, pero no necesariamente cambios radicales. Y que, si desconecta de esa base social que lo ha traído hasta aquí, corre el riesgo de que la calle sea tomada ya no por sus opositores sino por sus decepcionados adherentes fundacionales.

Como telón de fondo, la propuesta de Asamblea Constituyente, intento de cumplimiento de promesas electorales sin concreción posible en el marco constitucional vigente, siempre y cuando se respete la institucionalidad. La otra parte del anuncio: “El 28 de julio no me voy a convertir en un mago porque la actual Constitución me tiene atado”[1]. Frase que hace que una se pregunte si el señor Castillo va tomando conciencia de que no se trata solo de ganar, sino de gobernar.

 

[1] Diario El Comercio. 3 de julio de 2021.

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