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domingo, octubre 17, 2021

Sostiene que no es un genio. Dice que es una persona distraída, reconoce que tiene vocación de escritor y que puede hacer, de vez en cuando, alguna buena película. Pero eso, que use lentes gruesos con montura de carey y que haga reír a la gente, no lo convierte en  alguien excepcionalmente dotado, como se le considera. Es Woody Allen, refiriéndose a sí mismo, en su libro autobiográfico “A propósito de nada”.  Siempre con fina ironía, toques de humor y mucho sarcasmo, Woody Allen, en este libro excepcional, nos relata su vida tal cual la ha sentido.

Enemigo acérrimo del colegio (el lugar más aburrido, según sostiene), apasionado amante de las mujeres, ferviente creyente de la magia del espectáculo y de la risa inteligente, Allan Konigsberg declara que cambió su nombre verdadero al de Woody Allen para dedicarse a divertir a la gente.

Es verdad, sin embargo, que a lo largo de su azarosa vida mucho más que comedia nos ha entregado este peculiar personaje. Sus películas tienen esa característica de la creatividad singular y, al mismo tiempo, algún sentimiento de la propia vida: una traición, alguna genuina amistad, algo de nostalgia, sexo entretenido y mucha contemplación. Y así como existe violencia hay, también, amor y entrega. Un película de las buenas (porque igual las hay de las otras) de Woody Allen, nos hace reír (o sonreír), pero siempre nos conmueve, nos deja pensando. Son algo más que un puro divertimento; invitan a la reflexión. Ahora bien, lo que importa –nos dice- es hacer la película, no la película misma. Esa es su confesada filosofía de vida: disfrutar lo que hace sin que importe el resultado.

Reconoce que se ha visto obligado a escribir su testimonio personal por las acusaciones de las que ha sido objeto: ser un depredador sexual por haberse casado con Soon-Yi Previn, la hija adoptiva de quien fuera su pareja (no su esposa), Mía Farrow, y, además, ser un pedófilo por haber abusado de su hija Dylan, cuando ella tenía siete años.

Sobre su matrimonio, aclara que lo contrajeron cuando Soon-Yi era mayor de edad y tienen ya más de veinticinco años de casados; y declara que siguen enamorados y son felices. Lo de su hija Dylan, hoy en día una mujer casada y con familia, es más complicado, ya que ella ha ratificado la acusación. No obstante, en las investigaciones realizadas cuando ocurrieron los hechos, Woody Allen jamás fue encontrado culpable. El resultado fue que el abuso nunca sucedió y obedeció a una fantasía infantil de la hija.

Woody Allen declara estar profundamente herido por la injusta como falsa acusación de ser un pedófilo. Ratifica con todas sus letras, confesándose con genuino dolor, que él jamás abusó de su hija. La justicia se ha encargado efectivamente de liberarlo de toda responsabilidad y nos narra, con voz propia, los hechos y alcances de los procesos policiales y judiciales en los que se ha visto envuelto. Sugiere que su ex pareja, Mía Farrow, ha tenido directa relación con lo sucedido alrededor de este penoso asunto.

Con el ímpetu del movimiento Mee-Too, la acusación de que Woody Allen era un pedófilo volvió a plantearse, a pesar del tiempo transcurrido y lo dictaminado en el juicio que se le siguió. Un sinnúmero de personajes representativos del mundo artístico, entre actrices, actores y productores, declararon su desagrado por  haber trabajado con él, devolviendo los honorarios que les pagó por sus actuaciones. Otros han señalado que jamás intervendrán en sus futuras producciones.

Actualmente, las películas de Woody Allen no se exhiben en los Estados Unidos: “Ellos se las pierden”, ha declarado con humor; y el resto del mundo sigue disfrutándolas. Es más, este libro autobiográfico fue vetado por las grandes editoriales norteamericanas. Recibió el beneplácito de una pequeña editorial para publicarlo. Y ha resultado ser un éxito de crítica y ventas, pues se trata de una persuasiva respuesta a la asentada creencia en la sociedad estadounidense de que Woody Allen no ha tenido un comportamiento moralmente aceptable.

A sus 85 años, Woody Allen, no considera que deje ningún legado y lo único que ha querido al escribir su magnífico libro “A propósito de nada”, es dar cuenta de su vida y decir su verdad.

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