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viernes, febrero 3, 2023

El horno de la congresista Chirinos

Hace pocos días, la congresista Patricia Chirinos (Avanza País) publicó en su cuenta de twitter un video en el que aparece junto a un horno encendido –el más grande y más antiguo del Perú, según ella- preguntando a dos señoras ¿A quién meterías ahí?

 

La imagen y la pregunta son aterradoras. En hornos incandescentes fueron asesinados miles de judíos en los campos de concentración que instalaron los nazis durante la segunda guerra mundial. En hornos también habrían sido quemadas un número indeterminado de personas en el cuartel militar Los Cabitos de Ayacucho como en El Pentagonito, el cuartel general del Ejército, durante los años duros de la violencia política tal como dan cuenta el Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, así como el libro “Muerte en el pentagonito”, del periodista Ricardo Uceda.

 

No puedo ni imaginar lo que deben sentir los judíos o los familiares de las víctimas de la violencia política en el Perú al ver el video de la congresista Chirinos preguntado desde la misma ciudad de Ayacucho y tan “suelta de huesos” ¿A quién meterías ahí?

 

He puesto un tuit señalando que esto linda con el delito de instigación; digo “linda” porque –como bien me ha aclarado el destacado abogado penalista Carlos Rivera- para que se configure el delito tendría que existir una referencia directa a la persona a la cual “habría que meter al horno” y una relación directa con la persona a la cual se le incita a incurrir en el hecho delictivo.

 

El video divulgado por la congresista Patricia Chirinos no calificaría como delito, pero es sumamente grave y reprochable política y éticamente. Chirinos fue consejera regional de El Callao y alcaldesa distrital de La Perla; ella misma ha sido víctima de agresiones verbales por parte del congresista Guido Bellido que han motivado un justificado proceso a éste en la Comisión de Ética del Congreso de la República.

 

Además de haber dado una nueva muestra de agresividad verbal que daña su actuación y su perfil como representante política, Patricia Chirinos habría incurrido ahora en una falta que debería ser también considerada de oficio en la citada Comisión de Ética.

 

No es el único caso de congresistas que hacen uso de la palabra y las imágenes de forma violenta. Lo hizo antes el congresista Jorge Montoya, de las filas de Renovación Popular, al decir en un medio de comunicación que la actual ministra de Cultura, Gisela Ortiz, habría tenido vínculos con el grupo terrorista Sendero Luminoso, sin prueba alguna. Lo del ex almirante Montoya sí constituiría un delito de difamación agravada y ameritaría una denuncia penal, además de la intervención de la Comisión de Ética del Congreso. El mismo Jorge Montoya había dicho antes que la premier Mirtha Vásquez habría alojado a la emerretista Lori Berenson.

 

El caso de Patricia Chirinos como el de Jorge Montoya parecen evidenciar que algunos y algunas congresistas olvidan que el alto cargo que ejercen no les exime de responsabilidades en su forma de actuar y de expresarse. Todo lo contrario, los votos que recibieron les asignan una responsabilidad especial para conducirse de forma democrática, con apego a la ética pública y respeto a los derechos de las personas.

 

Esperemos que la Comisión de Ética del Congreso cumpla de forma cabal y oportuna con sus funciones y que en los hornos de Ayacucho no entre nada más que las chaplas, ese delicioso pan que mi paladar añora, y que la congresista Patricia Chirinos recapacite, elimine su tuit y enmiende su actuación. Ojalá.

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