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jueves, octubre 6, 2022

EL PROCESO DE CAMBIO

Los 100 primeros días de gobierno, bajo la presidencia de Pedro Castillo, para empezar, no tiene ningún ápice de comunista en los términos que la oposición acusa. Es un gobierno en proceso de construcción, entre marchas, contramarchas, improvisaciones y atisbos de posibilidades, sitiado por los extremos de derecha e izquierda.

Tras la salida del gabinete de Guido Bellido y su entorno, perdió fuerza el sector que representa Vladimir Cerrón en el partido de gobierno, Perú Libre. Es el primer punto de quiebre en la presente gestión que le dio un importante giro político hacia la izquierda democrática, dejando en segundo plano la convocatoria a una asamblea constituyente desde la perspectiva del cerronismo.

La designación de Avelino Guillén, como nuevo titular del Ministerio del Interior, afianza la apertura hacia una gobernabilidad más amplia respecto a la visión partidista de un sector de Perú Libre. Sin embargo, esta apertura no va a satisfacer las expectativas de sectores como Fuerza Popular, Renovación Popular y Avanza País porque no han dejado de lado la narrativa de la vacancia presidencial. El Pacto por la Gobernabilidad, propuesto por la presidenta del Consejo de Ministros, Mirtha Vásquez, es difícil que pueda tener eco en estos grupos políticos, a la que se suma la fracción de Perú Libre, liderado por Bellido y Bermejo.

El presidente Castillo, a pesar de sus expresiones, muchas veces contradictorias e improvisadas, ha cedido para conformar un gabinete que no expresa el ideario del partido de gobierno. Hay un avance, por lo menos desde la perspectiva política, para garantizar la democracia e institucionalidad del país. Es menester también señalar que esta crisis política, que vive el país, viene desde el 2016 cuando el fujimorismo, con su mayoría parlamentaria, forzó la renuncia del presidente Kuczynski. El resto es historia conocida.

Buscar resultados en 100 días, en algunos casos, irresueltos desde hace muchas décadas, no son más que las viejas argucias políticas para minar a un gobierno, por supuesto, bajo determinadas conveniencias. Por ejemplo, la pandemia en el país ha enrostrado a todos los gobiernos la precariedad del sistema de salud. Y no hay mea culpas, tampoco se está trabajando, tanto por el lado del Congreso y el Ejecutivo, grandes reformas para revertir esta dramática realidad. Todo lo que se ha hecho para enfrentar la pandemia, solo son acciones de corto plazo.

El reciente voto de confianza otorgado al gabinete de Mirtha Vásquez podría cambiar la correlación política en el Congreso, pero en la línea también de cohesionar el Ejecutivo en función del mensaje de los votos favorable que obtuvo, encaminado hacia el centro político, sin perder el pensamiento social ni caer en los vicios del populismo de izquierda.

En estos 100 días hay un proceso de cambio en el actual gobierno. Mirtha Vásquez ha demostrado que puede darle sostenibilidad siempre y cuando que los giros que ha dado el presidente Castillo no solo sean para afrontar la coyuntura, sino para darle un nuevo rumbo a la gestión y a la historia del país, con una nueva visión de desarrollo, democrática, institucional, competitiva y global, sobre todo, con un nuevo Estado de bienestar social y moderno.

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