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domingo, junio 16, 2024

Recuento de 2020 2021

Es difícil hacer el recuento de un año que parece haber empezado hace más de un año. El 2021 parece haber iniciado en marzo de 2020, con el inicio de la pandemia, y nos trajo eventos que deberían despertar la conciencia para cambiar de rumbo y cerrar brechas de inequidad, tomar acciones urgentes para la lucha contra el cambio climático, la pérdida de la biodiversidad, la preparación ante riesgos de desastres y el manejo de crisis sanitarias.

 

Recién comenzado el año —en lo que podría ser un símbolo de la necedad que ha guiado las acciones de una parte de la población mundial— un grupo de seguidores del presidente saliente irrumpió en el parlamento estadounidense para protestar contra el resultado de las elecciones presidenciales. Meses más tarde, un grupo de personas orientadas por ideas similares, intentaron desconocer los resultados de las elecciones en el Perú.

 

A partir de febrero empezamos a notar efectos mucho más marcados del cambio climático:  inundaciones en Europa, incendios forestales en los EEUU y en Grecia, sequías en América sub-tropical, olas de calor en varias partes del mundo. Sin embargo, en noviembre las potencias del mundo desaprovecharon la oportunidad para dar una señal de que entendían la urgencia del problema, y la conferencia climática de Glasgow terminó sin dar resultados importantes y hasta podría decirse que amplió aún más la división entre el Norte y Sur, al no escuchar las demandas de los lugares más vulnerables.

 

En agosto, un grupo terrorista tomó el poder en Afganistán, luego de que los países que supuestamente actúan contra el terrorismo global, crearan las condiciones para que ese país llegue a una de las situaciones más difíciles de su historia. En el Perú, a pesar de haber sufrido varios años de terrorismo, hoy no somos capaces de tener una visión racional que evite que las causas que generaron las luchas armadas vuelvan a surgir.

 

En octubre, Alemania dio una lección de cómo debe operar la política: al servicio de los ciudadanos. Una coalición de izquierda-derecha liderada por el partido socialdemócrata tomó la posta de Angela Merkel. Mientras tanto, en el Perú, grupos políticos improvisados y muy cuestionados nos obligaron a elegir entre dos escenarios impensables. Hoy, y después de varios años de disputas por hacer prevalecer ideas e intereses personales, podemos decir que no tenemos un gobierno que está trabajando para servirnos.

 

La pandemia del Covid-19 no ha detenido los intereses que fomentan crisis en territorios vulnerables, y la migración de personas que huyen de conflictos sigue siendo uno de los problemas humanitarios más graves. Mientras tanto, en el Perú, el gobierno intenta hacer un espectáculo populista para deportar ciudadanos venezolanos, pero, afectados por su impericia, tuvieron que cancelar el evento que iba a demostrarle al mundo —una vez más— la clase de personas que permitimos que gobiernen este país.

 

También ha dejado mucho que desear la calidad de aquellos que se atribuyen buena educación, pero que son incapaces de entender que las vacunas y otras medidas para luchar contra la pandemia no sólo son para protegerse a ellos mismos, sino para proteger al prójimo. La pandemia, a pesar de que nos ha golpeado tanto, ha sido inefectiva en despertar a ciertas personas de su vaciedad.

 

En el Perú y en el mundo existen más cosas que unen a los humanos que lo que nos diferencia. Y, en cualquier caso, con un poco de perspectiva, podemos darnos cuenta de que aquello que nos diferencia es menos importante que lo que tenemos en común.

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