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viernes, mayo 24, 2024

«Fake news» y la otra pandemia

En los últimos días he recibido llamadas de amigos y familiares pidiéndome explicar o dar referencias de estudios que demuestren la efectividad, eficacia y seguridad de las vacunas, así como algunos consejos que ayuden a hacer que sus padres o familiares se vacunen; otros muchos me han pedido información sobre como actúan las vacunas y si estas pudieran causar algún efecto secundario, la mayoría de ellos refiriéndose a cadenas de WhatsApp e información que sus padres ven en Willax, donde se les dicen que las vacunas van a matarlos, que solo la ivermectina sirve como prevención, o que el dióxido de cloro será lo único que podrá eliminar el virus de su cuerpo. Estos datos han hecho que muchos de ellos no quieran o tengan muchísimo temor de ir a vacunarse.

 

La desinformación a través de WhatsApp, o de espacios televisivos que avalan el uso de ivermectina, o la comparan con las vacunas, han generado entonces una consecuencia clara: personas adultas asustadas por los efectos secundarios que pudieran sufrir luego de la vacunación. Este es el resultado de la infodemia, una pandemia paralela pero de desinformación, porque nunca se había visto antes tantas noticas falsas o bulos, que hayan sido compartidos tantas y tantas veces.

 

Una de los razones principales de la infodemia es la facilidad para difundir y compartir información, incrementada por la omnipresencia de redes sociales gracias a la digitalización aumentada por la pandemia: por ende se encuentra cualquier tipo de datos, que pueden ser ciertos o falsos; algo completamente distinto a lo que sucedía hace 20 años, cuando para saber de los últimos avances de la ciencia había que suscribirse a revistas o ir a las bibliotecas de las universidades; la televisión y la radio eran la única manera de saber las noticias diarias; y lo que pasaba en otro país demoraba mucho en llegar a los demás. Hoy, la mayoría de las personas tiene un teléfono inteligente y un sin número de aplicativos como Facebook, Twitter, Instagram o WhatsApp, a través de los cuales se pueden mantener al tanto de lo que esta sucediendo en ese mismo instante en otro lugar del planeta.

 

Esto ha dado lugar a un gran peligro: debido a que muchísimos datos no pueden ser corroborados con la misma rapidez con que se los disemina a través de millones de puntos de acceso. Los ‘fake news’ invaden el panorama informativo, lo que ha provocado que la desinformación sea parte de nuestra vida diaria, y que muchas personas se vean afectadas.

 

A pesar de los esforzados intentos de combatir esta desinformación realizada por muchos científicos, personalidades e instituciones como la OMS; pese a que se han creado filtros en Facebook, Twitter, y restricciones en otras redes, estas noticias han sido diseminadas a través de WhatsApp y YouTube, plataformas de uso multitudinario, a través de una estrategia en la que las compañías o grupos específicos contratan personal que crea perfiles ficticios y comparte el contenido falso en minutos o segundos a millones de cuentas en todo el mundo.

 

Sobre este particular, artículos recientes mencionan que las personas mayores de 60 tienden a compartir y a creer las noticias falsas con mayor facilidad, debido a la falta de alfabetización digital  (1,2).  Este término se refiere a cuanta comprensión tienen las personas para obtener y consumir alguna información digital, o entender los entornos digitales para realizar acciones, como pagar recibos o hacer operaciones bancarias; esto puede causar que, a pesar de no querer compartir imágenes o noticias falsas, las comparten debido a su falta de alfabetización digital. Otros estudios (3) indican que después de un tiempo de ser expuestos a noticias falsas, el comportamiento de las personas llega a cambiar; no se conoce exactamente la extensión de este fenómeno, pero se ha verificado el cambio.

 

Particularmente, me parece despreciable que algunas personas, grupos o conglomerados televisivos puedan hacer esto con el fin de manipular pensamientos y doblegar voluntades a favor o en contra de intereses particulares; en tiempos normales se puede combatir y tal vez eliminar esa posibilidad, se puede exigir normas dentro de los gremios informativos que establezcan límites para el uso de herramientas tan potentes como las redes y una severa corroboración de la información; se puede mejorar los ambientes digitales para que las personas mayores puedan entender mejor estos espacios y su manejo; sin embargo, en un evento como esta pandemia, un proceder irresponsable debería ser declarado un delito, la desinformación debería regularse estrictamente y penarse con severidad; no es posible que miles o tal vez millones de personas dejen de vacunarse y tengan mayor riesgo de morir solo porque a alguien se le ocurrió manipular información y difundirla masivamente con fines subalternos, estas acciones terribles deben tener consecuencias tangibles para quienes las realizan, consecuencias que protejan a la sociedad de personas irresponsables.

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