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domingo, noviembre 27, 2022

El infinito en un junco de Irene Vallejo

Un largo, entretenido y aleccionador viaje nos propone Irene Vallejo en este libro. Es largo porque se remonta a los inicios del descubrimiento de la palabra, o sea, una buena cantidad de siglos; es entretenido porque la autora, antes que recurrir al doctoral lenguaje de la filología, nos acompaña a recrear, con música imaginaria, los momentos en los que nace el libro para la humanidad y, por último, es aleccionador porque aprendemos.

Al principio, fue la palabra, el sonido, la melodía producida por su mágica combinación. Los humanos descubrieron que podían comunicarse oralmente y no solo por gestos. Pero era necesario preservar esa subyugante comunicación. El lenguaje, que fue organizándose, había que convertirlo en escritura: primero fue poner signos en las piedras, luego en las pieles, en las cortezas de los árboles, hasta que se descubrió una planta, un junco, a orillas del río Nilo, y de allí aparece el libro primigenio. Por eso, resulta didáctico el ensayo de Irene Vallejo: “El infinito en un junco”.  Representa la sostenibilidad de la palabra escrita.

Después del junco, aparecen el pergamino y el papiro. El libro se convierte en un objeto duradero y transportable. Las ideas, los pensamientos, las ficciones, las historias, en fin, la cultura, se vuelcan a los libros desde la antigüedad hasta nuestros días, y se propagan las enseñanzas que conllevan. Una maravilla: la humanidad puede transmitir de generación en generación todo el arte, la creatividad y los acontecimientos de sus antepasados.

Irene Vallejo, una joven filóloga y escritora española, no solo nos descubre la historia del libro sino a los grandes pensadores clásicos que se encargaron de darle vida y proyección.

Nos relata, con erudición y lenguaje deslumbrante, el proyecto de Alejandro Magno, el gran guerrero y conquistador de la antigüedad, de crear en la ciudad de Alejandría la biblioteca universal: quería que todos los libros del mundo estuvieran allí. El invencible luchador era, también, un ferviente admirador de la cultura y de los libros que la contienen. Deseaba que todos estuvieran reunidos.

Irene Vallejo, asimismo, nos hace recorrer los pensamientos de los grandes filósofos griegos: Platón y sus inspiradores diálogos; Aristóteles y sus reflexiones profundas, y Sócrates, el hábil orador y no menos agudo maestro, quien toda su vida se negó a escribir.

Pero así como “El infinito en un junco” desarrolla el origen y alcance del libro en la antigüedad, aborda igualmente, con mucha creatividad y no menos solvencia, la realidad del libro en tiempos recientes. Y la autora sostiene que a pesar de las amenazas, ciertas y poderosas, para extinguirlo, el libro seguirá entre nosotros, como lo ha venido estando no obstante las vicisitudes que ha tenido que enfrentar para mantenerse. El placer de tocarlo, el gusto de oler sus páginas, el aroma que emana con su envejecimiento, la facilidad de su transporte y el disfrute de guardarlo con otros y hacer una biblioteca de ellos reunidos, como lo soñó Alejandro Magno, garantiza su permanencia.

Irene Vallejo, con gran maestría en el manejo de las palaras y los ritmos, combina a lo largo del libro anécdotas personales, vivencias y experiencias acerca del libro, la comunicación y la cultura. Nos relata cómo fue su relación inicial con los libros: los cuentos que cada noche, siendo una niña, su madre le leía al pie de su cama antes de dormir; los paseos con su abuelo, llenos de sapiencia y descubrimientos; y las lecturas que le hacía su padre de la Ilíada y la Odisea, siendo una estudiante de colegio, que le despertaron precozmente su interés por la palabra, su curiosidad por el lenguaje y sus sonidos, su gusto por el mundo antiguo, su predilección por los libros.

Leer “El infinito en un junco”  es una placentera experiencia por su originalidad, por la sabiduría que encierra, por la historia que nos cuenta, en fin, porque se trata -como se anticipó al inicio- de un viaje lleno de mucha cultura y sorprendentes descubrimientos.

Irene Vallejo, la autora de “El infinito en un junco”, ha recibido múltiples premios y reconocimientos y el libro tiene, hasta el momento, treinta y cuatro ediciones con algo más de medio millón de ejemplares vendidos en todo el mundo. Un merecido homenaje.

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