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sábado, diciembre 3, 2022

Salud pública, más allá de una cuestión política

Recientes acontecimientos en la actualidad nacional han dado mucho que pensar acerca de la función del Estado en las políticas públicas, su control y regulación, y como este comportamiento impacta sobre la confianza, actitudes y prácticas de cumplir o respetar ciertas regulaciones y leyes por parte de la población. El indignante vacunagate vuelve a saltar a la escena por la reciente vacunación del ex presidente Martin Vizcarra, que ha alarmado a propios y extraños; como era de esperarse le ha dado las armas a los enemigos íntimos para dar la estocada final al ex presidente y su alicaída reputación, y de taquito (como diríamos coloquialmente), socavar la confianza acerca de la gestión del actual gobierno sobre el control del programa de vacunación y cuanta cosa pueda ocurrírsele a los siempre bien intencionados opositores políticos.

Existen mucho peligro en cómo pueden afectar esos eventos a un programa de vacunación, que ahora con impulso y en velocidad de crucero, y pese a tener ciertos errores logísticos como cabe esperar en una vacunación masiva, está empezando a cumplir su misión; dada la coyuntura hasta el mas mínimo error, en otros momentos inocuo, puede ser la causa de acciones que van desde una interpelación y censura de ministros hasta una vacancia presidencial.

 

En este contexto se ha dejado de lado lo importante: ¿Cuánta confianza en el programa de vacunación puede lograr el actual gobierno en una población agotada mentalmente? Me refiero a este punto en específico debido a que en los últimos días, como consecuencia de la vacunación del expresidente, se publicó un pedido del Colegio Médico del Perú para una tercera dosis de refuerzo al personal de primera línea; este no tiene mayor evidencia de su necesidad y más  aún si está basado en una duda generada por la coyuntura. Supongo que también se unirán los pedidos de otros colegios profesionales y su personal de primera línea, que recibieron Sinopharm, quienes por obvias razones tendrán las mismas dudas y preocupaciones.

 

Y entonces, ¿no debería el gobierno contrarrestar esta situación con una fuerte y agresiva campaña de comunicación acerca de los beneficios de las vacunas cualquiera que sea su procedencia? ¿No debería haber hecho una planificación profunda de lo que pasaría en cualquier escenario y/o coyuntura acerca del rechazo y disminución de la cobertura? Esas preguntas vienen a la mente de muchos de nosotros que, como científicos acostumbrados a trabajar en diversas áreas de la salud, sabemos que todo tipo de intervención debe basarse en métodos cualitativos y cuantitativos, construidos sobre la evidencia que existe en otros países y con sólidas bases en métodos sociales y de comportamiento humano.

 

Entonces… recuerdo las múltiples etapas de la coyuntura nacional, desde la caída del expresidente Vizcarra, y la sucesión de eventos políticos después de esta: del golpe y las marchas de noviembre al vacunagate, y luego unas elecciones sumamente accidentadas y polarizadas, que han terminado no solo de minar la gobernabilidad sino también la salud mental de un Perú agotado y harto; entonces, ¿sería  justo culpar y condenar a este gobierno transitorio? Si bien tiene diversas falencias de gestión, ha hecho lo que prometió: conseguir y asegurar vacunas para toda la población peruana mayor de 18 años, y que en el mejor de los pronósticos podrá ser inmunizada hasta fines de este año; así que sinceramente no creo que fuera justo culparlo.

 

Todo esto nos deja algo importante para entender: cuanto influyen los acontecimientos políticos y sociales sobre la aceptabilidad de una acción tan importante como la vacunación, que en contextos normales podría enfrentar cuestionamientos que se hubiera podido mitigar rápidamente, pero cuyas consecuencias, en la coyuntura peruana, no puedo asegurar o prever hasta donde llegarán, o cuánto llegarán a minar el éxito de una campaña, que nos guste o no será la única forma de salir de la pandemia.

 

Como científica, la incertidumbre es un sentimiento asumido en mi vida cotidiana, no como un sentimiento exultante, claro; pero como ciudadana, espero más de mi gobierno, y sobre todo espero más de la gente que está en las esferas de poder. Puedo decir con certeza que estamos hartos y no aguantamos más tanta incertidumbre y polarización, y sobre todo no soportamos el uso cínico y desmedido de la salud pública como caballito de batalla de una guerra sucia en la que se halla metida la denominada “clase política” peruana.

 

Un mensaje final: todas, ABSOLUTAMENTE TODAS las vacunas aprobadas por la OMS -Sinopharm, Pfizer, Moderna, AstraZeneca y Sputnik V- confieren protección inmune en contra del virus y sus variantes; hace falta completar las dos dosis y observar aún las medidas preventivas de distanciamiento y cuidado, pero tengamos la seguridad que sin importar los acontecimientos, las vacunas funcionan, son el elemento conocido por la humanidad para evitar la muerte de míillones de personas, así que CONFIEMOS EN ELLAS. Vacunémonos, porque las vacunas SALVAN VIDAS.

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