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martes, diciembre 7, 2021

Afganistán: Imágenes de la derrota

Cada día llegan desde Afganistán imágenes desoladoras. Y cada imagen nos cuenta la historia de vidas arruinadas por la guerra. En medio de una huida sin orden ni concierto, tres hombres fallecieron tras intentar aferrarse al tren de aterrizaje de un Boeing C-17 de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Zaki Anwari, de 19 años, tenía por delante una prometedora carrera en el fútbol, pero su vida terminó tratando de escapar de un caótico país que ya no le ofrecía oportunidades. Shafiullah Hotak y Fida Mohammad, de 25 y 22 años respectivamente, pudieron haber sido excelentes profesionales de la salud, pero perdieron la vida al caer tras el despegue del avión y sus cuerpos fueron hallados sobre la azotea de una vivienda.

 

Inas, una mujer nacida en el año 2001 y que conoce el régimen talibán a través de relatos familiares, declaró al diario El Mundo que preferiría que Estados Unidos no se hubiese retirado y que estaría dispuesta a entregar a su pequeño hijo a algún soldado o a otra familia que le asegure que lo sacará de Afganistán. Ella, su esposo y algunos amigos suyos coincidieron en que preferirían soportar el dolor de separarse de sus hijos si esto significa que ellos tendrán un mejor futuro en el extranjero. Con la llegada al poder de los Talibán, Afganistán se ha vuelto un país extremadamente inseguro para las mujeres, los niños y las niñas. En el caso particular de las mujeres y las niñas, el poder Talibán no solo amenaza su vida y su integridad física, sino que también les impone una serie de restricciones que limitan severamente su desarrollo social y económico.

La muerte y la huida de personas tan jóvenes es sumamente triste, pues nos indica que en Afganistán ya no es posible construir un futuro. Y aquí quisiera insistir en un punto que traté en mi columna anterior: el fin último de los gobiernos debería ser el desarrollo de los individuos. ¿Qué legitimidad puede tener un gobierno que no provee las condiciones necesarias para el desarrollo de sus ciudadanos? o, peor aún, que, en lugar de favorecer este desarrollo, lo obstaculiza hasta el punto de destruir vidas.

La retirada militar de Afganistán ha sido interpretada como una derrota para Estados Unidos, o como un signo del ocaso de los valores que Occidente ha enarbolado por años en su actuación internacional. Sin embargo, al ver estas imágenes, podemos admitir con tristeza y vergüenza que también es una derrota nuestra como humanidad. Ahora que, tras la llegada al poder de los Talibán, se han generado múltiples preocupaciones de índole geopolítico y económico, es un buen momento para demandar a los Estados que pongan a los ciudadanos afganos en el centro de su política exterior. Este país no es un tablero para los juegos de poder; es, sobre todo, el hogar de personas cuyos planes de vida merecen todo nuestro respeto y cooperación.

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