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sábado, mayo 18, 2024

Dilema del prisionero: Consensuar o No Consensuar

Esta semana el presidente Castillo presenta su gabinete de ministros encabezado por el Sr. Guido Bellido ante el Congreso. No obstante, en los últimos días vienen sucediendo varios acontecimientos que hacen remecer la política del gobierno y que fortalecen la desconfianza de la sociedad en su conjunto. En las últimas encuestas lanzadas por IPSOS, el presidente alcanza un 38% de aprobación y un 45% de desaprobación. En tanto el IEP, también presenta un 38% de aprobación de la gestión del presidente, mientras un 46% lo desaprueba.

Ello viene con una secuela de alta polarización, ya que la mayor cantidad de desaprobación se encuentra en Lima, un dato no menor si se toma en cuenta que casi un tercio de la población peruana vive en dicha región. La falta de confianza es generada principalmente por la alta preocupación de los peruanos tras la poca estrategia y visión económica de cómo salir adelante después de un desastroso 2020, acorde con una destrucción enorme de empleo, formal principalmente, y que aún no se recupera del todo; y que además conlleva a un continuo deterioro del presupuesto de miles de familias día a día.

Sin embargo, a todas luces el presidente Castillo se encuentra actualmente en una encrucijada: o va por una línea de mayor consenso entre las fuerzas opositoras con las de su gobierno; o simplemente gobierna para un grupo de personas que dan su voto de confianza, mencionando además que el crédito político del presidente está entrando a un tobogán sin retorno a los altos niveles previo a su embestidura.

Entonces, entra aquí posiblemente una forma de ver este tipo de encrucijadas, utilizando para ello el dilema del prisionero de la famosa teoría de los juegos. El presidente podría generar réditos políticos si es capaz de reconocer cuáles son sus beneficios hacia delante, pudiendo desmarcarse a tiempo de sus principales asesores políticos. O podría pasar todo lo contrario. Pensar que puede haber una estrategia dominante por sobre todas las demás, es factible, siempre y cuando sus asesores también obtengan ganancias de este juego político.

No obstante, la realidad es algo más compleja. De hecho, el presidente parece ser prisionero de los consejos de su principal asesor político: Vladimir Cerrón. Las encuestas señalan que el 40% de la población piensa que su asesor es quien toma las decisiones más importantes. Asimismo, el 57% piensa que el presidente del consejo de ministros, Guido Bellido, le hace más caso a Vladimir Cerrón que al mismo presidente.

Queda claro que los mercados internacionales no perdonan. No juegan a dilema del prisionero. Solamente se mueven en función a sus rentabilidades y a la confianza que les brindan. Y eso es bueno, ya que generan inversiones de largo plazo y, por lo tanto, la creación de nuevos puestos de trabajo, creando un spill over que dinamiza a otros sectores. Todo en economía está relacionado, variables movidas por otras variables, y estas mismas se mueven a su vez por otras, convirtiéndolas a todas como variables dependientes y conllevando a un círculo virtuoso. Sr. Presidente, en economía nada es independiente.

Por lo tanto, ¿es una buena opción desmarcarse de aquellas personas que tienen otros intereses políticos menos el de la construcción de una economía libre de mercado? Seguro que la mayoría piensa que SI. Solo basta ver las cifras macroeconómicas cuando salen noticias buenas y malas. El sol peruano es una de las monedas que más se viene depreciando en los últimos meses a nivel mundial, alimentada por el nerviosismo que conllevan dichas volatilidades.

Cabe mencionar que en este juego hay un tercer jugador que, por cierto, no es uno que necesariamente vaya a generar el famoso equilibrio de Nash en la referida teoría de los juegos. Este jugador, también político, debe involucrase en las necesidades más importantes de la sociedad peruana, generando los consensos de la gran mayoría. Pero, aun, esta vacante se encuentra desierta.

Sin política no hay economía y viceversa. Mientras no se solucione la primera, no se puede pensar en un crecimiento económico próspero capaz de producir bienestar social. Lejos se encuentra el Perú de seguir ese camino que entraron otros, los llamados “el milagro económico mundial”.

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