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martes, mayo 21, 2024

La comunicación de la política

La política y la comunicación no siempre se han llevado bien. Casi siempre, una de ellas se ve sometida a la otra. No se complementan; por el contrario, compiten en sus objetivos. En ambas se aprecia una lucha por el propósito, las prioridades y los mensajes. En definitiva, por el poder.

 

Y la relación entre ambas es muy antigua, quizás desde la Grecia política y retórica o desde aquella Roma de los discursos; o, más recientemente, desde la conceptualización de la comunicación política en la década de los 50, en Estados Unidos. Lo cierto es que, a pesar de esa larga convivencia, no siempre han coincidido con el mismo objetivo.

 

Porque la política y la comunicación, juntas o separadas, han aportado al desarrollo de la sociedad. Hay innumerables evidencias, a través de la historia, de cómo los políticos se han privilegiado de la comunicación para promover sus ideologías y sus modelos políticos, económicos y sociales; o, de manera más práctica, para influir sobre sus votantes en las campañas electorales. La comunicación ha sido siempre un elemento fundamental para convencer, persuadir o influenciar en los ciudadanos. Por supuesto, que han existido también episodios en los que la política usó la comunicación para propósitos poco democráticos porque apeló a la manipulación y a la propaganda utilitaria e interesada.

 

Pero, en términos generales, la comunicación le ha aportado a la política muchas herramientas para su evolución positiva. Esto ocurrió cuando la comunicación fue gestionada de manera estratégica y alineada a objetivos comunes; por ejemplo, procurar el bien común entre gobernantes y gobernados y lograr una mejor relación entre ambos. No existe política sin buena comunicación: hay que hacer política y saber comunicarla. Lo que no puede ocurrir es que la política subestime el poder de la comunicación, la manipule o la condicione a intereses netamente políticos.

 

Y, por supuesto, la comunicación también es crucial para la gestión gubernamental. El Estado, el sector público en general, requieren de una buena gestión comunicacional para funcionar adecuadamente. No se puede gobernar bien y comunicar mal; como tampoco se puede comunicar lo que no se gestiona bien. No basta con que el gobernante ejerza el poder, sino que debe comunicar sus acciones de gobierno de manera continua.

 

El propósito fundamental de la comunicación gubernamental, entonces, es construir una adecuada imagen pública del gobierno de turno, transmitiendo principios, valores y planes que son condiciones básicas para alcanzar legitimidad en la ejecución de las políticas públicas, del estilo de gobernar del presidente y de  los miembros del Ejecutivo.

 

No es poco el desafío que enfrenta la comunicación en esta tarea porque, en principio, deberá darle sentido a lo que hace el gobierno. Los comunicadores llamamos a esta acción el propósito de la comunicación: la importancia de construir una narrativa de gestión, una identidad que ayude a crear y reforzar la reputación del gobierno entre los gobernados.

 

Lamentablemente, la comunicación estatal no suele trabajar la construcción de una identidad institucional uniforme, no suele crear un contenido único para todo el Estado. Y esto ocurre, entre otras razones, por las urgencias del corto plazo, por los innumerables e innecesarios cambios de funcionarios que impiden un trabajo planificado, de más largo aliento y, también -hay que decirlo- por la falta de profesionalismo de algunas oficinas de comunicación. Pero muchas veces, en el centro del problema, está la ausencia de liderazgo y de la visión presidencial, de su falta de entendimiento de  que la comunicación agrega mucho valor a su mandato y lo ayuda a legitimarse en el poder.

 

Para hacer comunicación hay que entenderla primero, hay que reconocer su impacto en la sociedad y su aporte en la consecución de intereses más estratégicos, en su gran rol para promover incidencia pública; inclusive, para fortalecer el ejercicio ciudadano. Porque la comunicación es de doble vía y también un puente porque promueve y gestiona la información entre ciudadanos; además de  establecer mecanismos para recoger expectativas públicas e incorporarlas a la gestión gubernamental. La comunicacion se convierte así en una herramienta importante de escucha y aporta considerablemente para que funcionen todas las estructuras del Estado.

 

Hoy, el derecho a estar informado sobre los asuntos de gobierno y sobre la agenda pública  es mayor que en épocas anteriores. Por lo tanto, los politicos tienen el deber de comunicar sus acciones y los ciudadanos el derecho a expresarse sobre ellas. Lamentablemente, pocas veces se encuentran los espacios para interactuar con el poder y con las diversas instituciones de la administración pública. Gobierno que no escucha se deslegitima en su forma de gobernar.

 

¿Cuáles son los desafíos en materia de comunicación que enfrenta este gobierno? ¿Acaso podemos ya identificar cuál es su propósito? Difícil saberlo en medio de esta coyuntura complicada, dominada por la inmediatez, la improvisación, la falta de una visión de gobierno compartida y la ausencia de contenido gubernamental uniforme.

 

Pero, acaso, en estos momentos críticos la comunicación política del gobierno podría concentrarse tan solo en alcanzar consensos y promover una agenda común entre todos: los que votaron por el partido del gobierno y los que no lo hicieron. Una relación comunicacional que se materialice a través de un discurso público presidencial, constante y transparente.

 

En definitiva, una comunicación que se concentre en difundir los planes de gobierno, en reducir la sensación de inestabilidad e incertidumbre, en generar confianza y, lo más importante, en consolidar al Presidente en el poder y conseguir su estabilidad en el futuro.

1 Comentario

  1. PEPE, buen artículo. Añado que el dilema de la comunicación y la política no se da solo con las autoridades del Estado, sino con los partidos. Las oficinas de comunicación del Ejecutivo son siempre (salvo alguna honrosa excepción) dependientes de la autoridad, del líder; lamentablemente los políticos que llegan a ser autoridad no tienen cabal idea de la importancia de comunicar; creen que comunicar es dirigir mensajes verticales, unidireccionales, en suma, alocutivos. Lo relevante es que escuchen y que esa comunicación sea de doble sentido, como apuntas.

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